domingo, 3 de abril de 2011

Se corrió "La Carrera de Miguel", en homenaje al atleta desaparecido durante la dictadura

Sergio Trecaman, entre los varones, y Sharon Hecker, entre las damas, se impusieron hoy en la edición capitalina de La Carrera de Miguel, competencia que se repite cada año y en diferentes ciudades como homenaje al atleta Miguel Sánchez, desaparecido durante la dictadura.

La prueba se desarrolló por las calles internas del Rosedal de Palermo, tuvo un recorrido total de ocho kilómetros en competencia y de tres en recreación y convocó a más de cinco mil atletas.

Trecaman se impuso entre los varones con un tiempo de 25:13, seguido por Erasmo Vazquez (27:03) y Cristian Antoniuk (27:47).

Detrás de Hecker, ganadora entre las damas con 32:14, finalizaron en tanto Kathryn Mat Lack (32:39) y Marilina Costantini (32:52).

Roberto Murillo se impuso en la competencia masculina sobre silla de ruedas (un tiempo de 22:51); Margarita Alcaraz entre las mujeres no videntes (45:23); y Facundo Cambas entre los varones con capacidades especiales (36:00)

En la prueba, que brinda homenaje al atleta tucumano desaparecido en 1978, estuvo presente la hermana de Miguel Sánchez, Elvira Sánchez

jueves, 24 de marzo de 2011

A 36 años del Operativo Independencia y 35 años del golpe de Estado

ACTO EN HOMENAJE A NUESTROS 30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS
Sábado 26 de marzo a las 17:00 hs. - Plazoleta de los Inmigrantes de Famaillá (Av. Liniers al 200)

En este nuevo aniversario del golpe genocida de 1976, queremos recordar las historias de vida y de lucha de nuestros compañeros.

Nuestros desaparecidos y sobrevivientes tienen una historia personal y colectiva. Saber quiénes eran, por qué luchaban, cómo comenzaron su compromiso por el cambio social es parte de ese largo camino de recuperación de una historia que no es más que la historia de nuestro pueblo.

El olvido y la descalificación de sus historias forman parte del objetivo genocida de clausurar formas de pensar en proyectos sociales alternativos. Frente a esta estrategia que quieren imponer los genocidas y todos aquellos que se benefician del actual estado de cosas, la recuperación de la historia de nuestros militantes es una forma de dignificar a los desaparecidos y sobrevivientes, reconstruir el tejido social, poner en entredicho este modelo de sociedad y rescatar del pasado elementos que nos permitan pensar el presente para construir un proyecto de futuro.

Como una pequeña parte de ese camino, en el marco de este acto se realizará un homenaje a Hugo, el Negrito Caldera, militante del PRT-ERP desaparecido en Famaillá en febrero de 1975. Como en el caso de muchos compañeros, aún es poco lo que se sabe sobre él y esperamos que con el tiempo puedan aparecer nuevos fragmentos de esta historia.

30.000 compañeros detenidos-desaparecidos ¡¡presentes!!
CÁRCEL COMUN A TODOS LOS GENOCIDAS
RESTITUCIÓN DE LA INDENTIDAD DE LOS JÓVENES APROPIADOS
APERTURA DE TODOS LOS ARCHIVOS DE LA DICTADURA
APARICIÓN CON VIDA YA DE JORGE JULIO LÓPEZ

GRUPO DE INVESTIGACION SOBRE GENOCIDIO EN TUCUMÁN

martes, 15 de febrero de 2011

El Negro Blanco, su muerte y el homenaje de los mendocinos que no se acaba

Gonzalo Bravo / MDZ
 David Blanco.
 En la madrugada del sábado murió el actor y dirigente social David Blanco. Su desaparición fue un gran golpe y decenas de personas lo acompañaron en la despedida. Aquí su propio homenaje a la verdad: el testimonio en los juicios por delitos de lesa humanidad. Y el recuerdo de muchos mendocinos.
  
Primero, el homenaje de David Blanco a la verdad. Poco antes de morir dio su testimonio sobre las torturas en el centro de detenciones del D2 de la Policía de Mendoza, durante la dictadura. "Fue como un acto de liberación", contaron muchos de sus amigos que este fin de semana fueron a darle el último adiós.

Pero, además, fue un aporte central a la causa que investiga delitos de lesa humanidad cometidos por uniformados y civiles.

Por gentileza del abogado Pablo Salinas, reproducimos abajo su testimonio ante los Tribunales Federales del "Negro" Blanco.

Trabajaba en el Banco de Mendoza, me había casado y mi señora estaba embarazada. Antes de la detención en mi domicilio habían personas que estacionaban su auto y veían los movimientos, en mayo o junio de 1976. Esto me llevo a hacer una denuncia en la Comisaría Cuarta junto a mi padre. Era ostentoso como miraban mi domicilio. Nos recibió la denuncia un policía de apellido Mancuso. El 2 de junio de 1976 se presentaron dos personas de civil en mi domicilio buscando a otra persona, que es Rosa Gómez que en ese momento vivía allí. Ella no estaba me dijeron si los podía acompañar que me tenían que hacer unas preguntas. Fui hasta el edificio de calle Belgrano donde funcionaba el D2. Allí me dejaron sentado esperando hasta que me hicieron pasar a un pasillo, me llamo una persona, me puso contra la pared hasta que me vendaron los ojos y me llevaron a un calabozo, allí espere un par de días y el día lunes empezaron los interrogatorios sobre distintas personas, algunas que conocía y otras no. Estos interrogatorios fueron con apremios ilegales y lo denuncie en la causa Roque Argentino Luna. Esa causa que la sustancio el Dr. Gabriel Guzzo figura mi denuncia sobre los apremios en dos o tres oportunidades. Los apremios duraron 10 o 15 días, fueron importantes tormentos, muy fuera de lo que uno desde la vida común puede esperar de una indagatoria. Los tormentos fueron de variado tipo. Yo todavía tengo marcas en mi cuerpo.

En la causa de Roque Luna que fue fotocopiada por mi parte, figuran en la fojas 520 cuando el juez Guzzo dicta el sobreseimiento provisorio y en la fs. 821 cuando dicta la absolución. El medico de la U9 donde fui en septiembre corroboro las torturas. Los tormentos fueron de variado tipo, uno el submarino que era sumergir la cabeza en un recipiente con agua y no se podía respirar, fui azotado con una especie de lonja, estimo que era algo como un cinturón grueso, eso fue muchas veces, y atormentado con electricidad. Esto fue cuando nos sacaban de la celda y nos llevaban a un lugar donde había escaleras, no recuerdo si era para arriba o para abajo. Esos tormentos, la electricidad, nos mojaban el cuerpo y nos daban electricidad, a mí en las encías, debajo de los labios, en los genitales. En mi caso la electricidad en el pene hizo un absceso que era del tamaño de un durazno. También me introdujeron cosas en el ano, eran elementos conductores de electricidad, por lo que fuimos vejados, no soportaba el tormento y cuando nos regresaban a la celda nos decían que no podíamos tomar agua.

Yo tomaba agua del inodoro porque era insoportable aguantar esa tortura. Hubo pequeñas quemaduras que fueron las denunciadas ante el juez Guzzo y en la U9 de la Plata donde fui trasladado. Esto duro un tiempo, creo que 10 o 15 días, diariamente esto se hacia en horas de la tarde o noche. Volvíamos a la celda y nos volvían a interrogar. Nos preguntaban a quien conocíamos y donde. Yo tenía actividad gremial en el banco de Mendoza y en la universidad. Conocía mucha gente de esa militancia. Yo tenia una formación fuertemente católica. Mis padres militaban en la caridad y la solidaridad. De ahí viene la fuerte militancia que yo tenia y el sentido de justicia. Había una corriente juvenil y creíamos que se podía cambiar la sociedad para mejor. Estuve en el D2 desde el 2 de junio hasta los primeros días de septiembre de 1976 en que fui trasladado a la U9. Nos trasladaron en un avión. El vuelo fue tormentoso, íbamos muchas personas, yo era el numero 101.

El avión estaba cargado de personas que venían de dependencias del ejército. Todo el viaje fue con golpes, íbamos en cuclillas, con la cabeza entre las piernas, nos caminaban por la espalda con los borceguíes, íbamos atados. Había gente muy mal. En el D2 nos conectábamos con el oído. En el D2 hay celdas con mirillas, abríamos y nos mirábamos. Se que allí estuvo Alicia Morales, Rosa Gómez, María Luisa Sánchez Sarmiento, Daniel Ubertone, Alberto Córdoba, Ricardo Sánchez, Carlos González.. Nosotros nos decíamos los nombres. Yo estaba muy compungido, mi señora estaba en el 9 mes de embarazo, mi hijo nace el 7 de junio. Entre las cosas me decían en la tortura era que estaban torturando a mi mujer y que había perdido el hijo, que ella había cantado todo y que mi hijo había muerto. Después por averiguaciones que hizo mi padre pudo saber donde estaba yo detenido.

Mi padre hablo con el capellán del ejercito y esa persona le dijo que hacer. Este capellán le dice que prepare un paquete de ropa y comida, que vaya después de las seis de la tarde y que diga que la guardia anterior ha recibido ropa y comida, así es que entra una persona me dice que yo le mande mi ropa y me entregan la ropa que llevo mi papa. A mi me revientan un oído en la tortura. La camisa tenía sangre y los longazos estaban marcados en la camisa. Así se enteran que estoy allí y vivo. Esto se empieza a producir diariamente, me llevaban ropa y yo les daba la ropa y algo de comida. Hasta que un día me sacan a la noche y me dicen vas a conocer a tu hijo, en un pasillo oscuro veo una mujer y un niño, yo no veía nada, me acerco y era mi mujer, luego me dice mi mujer que atrás de ella había gente apuntándola. Me presenta el bebe, habremos estado 3 o 4 minutos, y me llevaron. Yo estaba en una celda frente a la puerta de entrada, hacia mi derecha estaba Juan Carlos González y más allá estaba María Luisa Sánchez y Alicia Morales y enfrente de ellas estaba Rosa Gómez. Hacia la izquierda enfrente estaba Ricardo Sánchez cuando lo trajeron. Eugenio Paris estaba en algún momento en la celda de enfrente y creo que allí también estuvo Alberto Córdoba. El baño estaba hacia la izquierda.

Vi a la persona que me detuvo y  que me acompaño a todos los interrogatorios, era un hombre de unos 50 años que tenia un mechón canoso, por sobre nombres había uno que le decían el puntano. A muchos de nosotros nos sacaron la venda pasado un tiempo y recuerdo algunos sobrenombres caballo loco, Facundo o Chacho. El mechón blanco se presento un día en el banco de Mendoza, en la fila de cobro, yo lo había ubicado en la fila, faltando unas 5 o 6 personas para llegar al mostrador se retiro, entiendo que allí me reconoce a mi. En otra oportunidad hay otra persona que cuando yo me tomaba un micro y uno de ellos tomaba el mismo micro y se bajaba en Montecaseros y Santa Fe. En otra oportunidad, estando con mis hijas en parque O´Higgins vi a otro. A otros que estuvieron como custodios en los bancos oficiales.

En una oportunidad llego una persona que estaba muy mal y que le hablo a la señora María Luisa, supongo que era su esposo, estaba muy mal, hablaba mal. No creo que haya estado más de un día. No recuerdo el apellido, le hablaba como si fuera su esposo.

Yo no recuerdo personas de fuerzas de seguridad detenidas.

Una persona que fue con nosotros es Garcetti y le vi la espalda color morada o negra como una berenjena. También estaba el hijo mayor del ex gobernador Martínez Baca.

En la U9 de la Plata me visita el juez Guzzo y me indaga y allí yo le digo lo de los apremios ilegales. Le digo lo que me paso. A fines de marzo abril me trasladan a Mendoza y nos hacen un consejo de guerra entre los cuales están algunos integrantes de la causa Luna. En el consejo de guerra estábamos todos los que estuvimos juntos en el D2, Córdoba, Ubertone, Juan Carlos González, Luna, Rosa Gómez, Alicia Morales y la señora Sánchez Sarmiento. El coronel Segura era el presidente, el secretario era Dib y el fiscal era Monjo. Se nos presento una mesa muy extensa con armas de todo calibre y granadas y dijo que se nos acusaba de tenencia de armas, explosivos y afines. Yo dije “ustedes han allanado dos veces mi casa y no había nada” y allí me dijo que nosotros funcionábamos por células y ellos tenían las armas y usted no los tenia pero podría haber accedido a esas armas por lo tanto tener no es solo poseer sino también poder acceder a esas armas.

En el mes de septiembre voy a la cárcel de Sierra chica. Me toca en un pabellón de los más peligrosos, el pabellón 11. Me vuelven a trasladar a La Plata. En La Plata fue muy duro, había oficiales muy jóvenes preparados en esta forma de trato duro. Entonces era bastante difícil la convivencia allí. Teníamos que caminar en los patios, solo había media hora fuera de la celda por día, se les ocurría cada día una cosa distinta, se entraba en las celdas y se castigaba en las celdas. Yo salgo el 2 de diciembre de 1983 de la cárcel de Rawson y llego el 10 de diciembre a Mendoza.

En el banco de Mendoza conocí a todos, Sánchez trabajaba en mayordomía. Enrique García también estaba y era ordenanza.

Cuando se iban teníamos la venda a la mitad de los ojos. Habían distintas guardias unos se hacían los buenos, nos decían en mi podes confiar, otros no. Me hicieron firmar declaraciones vendado, con personas alrededor y me obligaban a firmar, no podía leer lo que firmaba. La amenaza era permanente, me estaban torturando. Me decían firma acá o te volvemos a dar. Me secuestraron como a las 3 de la tarde. Yo vivía en calle Tucumán. Fui trasladado al D2 no recuerdo en que vehiculo. Iban dos personas vestidas de civil. Las audiencias del consejo de guerra se hacían en el comando en calle 9 de julio. Quienes nos interrogaban conocían perfectamente nuestras actividades, tenían incluso grabaciones de las asambleas del banco. Yo advierto la presencia de autos en mi domicilio hay gente que esta en autos, yo voy y hago la denuncia. Muchos de nosotros, sobre todos los varones, nos cuestan reconocer a las vejaciones a las que fuimos sometidos. Nadie puede saber lo que es esto exactamente si no lo ha vivido. En el caso mío quede con los genitales destrozados. La vejación a que fuimos sometidos no se toma dimensión de ella si no se ha vivido una cosa parecida. Es mas creo que las personas por un mecanismo de defensa no quieren escuchar. A nosotros, particularmente a mi me ha costado mucho hablar de esto, creo que mis hijas que están allí sentadas se están enterando en este momento, quizás algunas no lo puedan contar. Yo no me sentía escuchado, después veo que se ha reflejado esto en varias partes de la causa. Cuando se habla de esto es muy difícil. Para muchos de nosotros ha sido muy difícil. Quiero dejar bien aclarado que no quiero que esto pase nunca más, por ninguna circunstancia, esto me paso a mi y por eso he peleado por mas de 30 años por los derechos humanos. El derecho a la integridad física no hay ningún derecho a violar este derecho. Quiero dejar en claro lo qué nos hicieron.

Tengo una vaga idea que había una camioneta que vigilaba mi casa, creo que era una Peugeot de la vieja o un rastrojero. Eran personas de civil las que estaban en ese auto. Eran personas comunes, eran dos hombres.

En el D2 estuve con Vargas, me entere después porque creo que María Luisa Sánchez lo dijo. Yo en el momento no sabia que se llamaba Vargas.

El capellán del ejercito no recuerdo el nombre, ese hombre le dijo que tenia la obligación de recordar la parábola del hijo prodigo y que era su obligación traerme al rebaño si yo había perdido el rumbo.

Respecto de la otra persona que concurre a mi domicilio era rubio, de cara cuadrada, un poco mas bajo que el mechón blanco y mas joven.

Creo que mi familia tramito un habeas corpus.

El consejo de guerra fue en abril del 77, me traen de La Plata. No recuerdo haber visto a alguien en condiciones óptimas en el consejo de guerra. Recuerdo haber visto a Luna muy delgado, a González también.

La sentencia de sobreseimiento estoy casi seguro que si, a mi me sentenciaron a 6 años de prisión en una instancia superior. Las declaraciones siempre dicen lo mismo. Dicen cosas que yo no dije. Cuando el juez Guzzo me visita y allí digo que no ratifico porque fueron obtenidas bajo tortura y allí declaro las torturas. Estoy seguro que en el momento de la tortura había algún medico. Entre cada sesión de tormento se sentía el estetoscopio. Era habitual, por lo menos en el caso mío, que me torturaban y yo sentía que me tomaban con el estetoscopio. Estoy casi seguro que había algún médico. En una sola oportunidad escuche una cuestión algo así como seguí.

En el interrogatorio hablaba una sola persona que reconocíamos como el porteño y en otra oportunidad escuche la voz del mechón blanco que tenia la funcion de tapar la boca con una toalla o por lo menos en mi caso que yo gritaba bastante, estoy seguro que lo hacia él. La realidad se percibe por los sentidos, si pudiéramos tener el testimonio de las voces. En las sesiones de tortura se hacían entre 3 o 4 personas, uno ataba, el otro interrogaba. Estoy seguro que me sacaron una foto en el D2.

Yo era delegado en el banco, yo estaba en la JUP en la universidad en la escuela de teatro, allí buscaban gente siempre. Yo estuve en el colegio Martín Zapata y allí había representantes de todos los colegios, era la dictadura de Lanusse. Mi padre estuvo preso con el plan CONINTES.

La dictadura no pudo ser sin una complicidad civil. Nosotros estando en la cárcel de La Plata nos enteramos que hubo unos 4000 detenidos.

En mi caso en el D2 no podía escuchar el momento de la tortura, pero si luego las quejas de dolor con que regresaban a las celdas. Yo no escuche directamente alguien que lo estuvieran torturando. Solo puedo hablar de mi propia violación. Con el tiempo se que han ocurrido sistemáticamente, pero no escuche que se hicieran en el lugar donde yo estaba. Se que Ricardo Sánchez esta desaparecido. Los otros que estuvieron no. Desde el D2 me llevan en un auto particular, no recuerdo bien y creo que en la parada de calle Boulogne Sur Mer nos suben a un camión, íbamos vendados. En la parada de Boulogne Sur Mer había un vehiculo con gente al cual me subieron a mi, era un camión militar. Respecto de mi mujer que ingreso al D2, ella es recibida por personas de civil y la acompañan al pasillo oscuro y tomo contacto dos minutos con el bebe y ella me cuenta que ella estaba rodeada en lugares donde yo no podía ver. Ella se llama María Inés Platero.

A fs. 1 A es la persona que relate que cuando me reincorporaron al banco de Mendoza, en el colectivo me encontraba con esta persona, yo no recuerdo si es Facundo o Chacho, es Marcelo Rolando Moroy. En la declaración del 2006 ante el juzgado federal dijo que era Facundo.
A fs. 24 es la persona que yo digo que al tiempo estuvo como custodio en el banco de previsión, se llama Miguel Ángel Salinas. En el D2 lo vi, era de las personas que nos acercaban la comida o la ropa, cuando ya no nos torturaban.
A fs. 27 esta persona tenia un actitud de mando en el D2 era como actitud de custodia del lugar. Es Pablo Gutiérrez.
A fs. 28 recuerdo que es la persona que le decíamos el puntano. Estaba en llevar y traer la ropa y la comida. Nos hacían llegar muy poca comida. Se quedaban con una parte. Esta persona hacia eso. Timoteo Rosales Amaya.
A fs. 30 Ricardo Vázquez en las mismas circunstancias que Rosales. Llevaba cosas, abría la puerta.
A fs. 33 esta persona estaba en una actitud de mando, entraba de otra forma. Se llama Alfredo Milagro Castro.
A fs. 59 esta la persona que acompañaba al mechón blanco al momento de mi detención. Es Emilio José Blanco Luna.
A fs. 72 esta la persona que me detuvo, estaba presente en la tortura. Es Manuel Bustos Medina, mechón blanco.
A fs. 76 es una persona que trataba con los presos. Pablo José Gutiérrez Araya.
A fs. 78 es de los de las guardias duras. Antonio Marcos Ochoa Albornoz.

Nos habían puesto micrófonos en las tortuguitas de luz, había varias personas estimo que por seguridad y nos sacaron a todos los que estábamos allí.

El N° 4 del álbum policial Juan Jesús Romero puede haber estado en el D2, estoy casi seguro que lo vi en el D2. No es de las personas que tenía trato diario con nosotros.

Cuando nos sacaron fotos nos llevaron a un lugar mas publico y nos sacaron la venda y recuerdo haber pasado por oficinas donde había mujeres, estimo que seria la parte de identificación y allí vimos varias personas en cuestiones de oficina. Era en el mismo D2 en otra parte. Nos llevaron como que estábamos haciendo un trámite.

El N° 5 del álbum de Fuerza Aérea es Pedro Esteban Jofre y creo que formaba el consejo de guerra.

Mi defensor en el consejo de guerra argumento en una página mi defensa.

A fs. 113 en el libro de desaparecidos esta Ricardo Sánchez.

Cuando estuve en el D2 no podría asegurar que no había un niño o un bebe. En el estado en que estábamos no sabíamos discriminar. No escuche nada sobre Alicia Cora Raboy.

En la declaración que hace ante el Juez Guzzo le muestra las ampollas que tenia en el cuerpo. Me hicieron una revisada medica, el medico de la U9 dice que las marcas que yo tengo en el cuerpo tienen una antigüedad de 8 o 12 meses que es el momento en que a mi me interrogan. A fs. 520 y 821. En la 520 esta el sobreseimiento provisorio y en la 821 es la absolución. Fs. 889 a 896 la condena esta firmada por Roberto Urrutigoity, Julio Soler Miralles y Luis Francisco Miret. A fs. 882 esta el sostenimiento de la apelación de Romano.

En el consejo de guerra yo dije que había sido torturado y lo dije cada vez que me pusieron un micrófono.

Mientras estaba en el pasillo del D2 y a veces como forma de intimidación antes de cruzar la puerta habían gritos y decían ahora te toca a vos, este va a ser boleta y eso paso con Sánchez.

Yo tenía 23 años cuando me detienen. Militaba en la JUP. La causa de mi detención es mi militancia, era la intolerancia a las ideas distintas. Yo participaba en un grupo de teatro. Si el arte no fuera un vehiculo de expansión de conciencia quizás los gobiernos lo apoyarían más. El arte es un vehiculo de toma de conciencia de la realidad. Por eso este gobierno le da al arte el 0,5 del presupuesto provincial. El arte es revolucionario per se, desde siempre. Si no Da Vinci no tendría que haberse escondido para pintar y esculpir músculos. Cuando viene alguien que no quiere que la sociedad sea conciente, persigue al arte.

sábado, 8 de enero de 2011

La polera azul ; por Marta Dillon

Maco —Carlos Somigliana— abrió la puerta de la oficina y se aproximó como si estuviera dispuesto a observar el comportamiento de otra especie. Eramos mujeres, en definitiva, la primera noción de extranjería que puede tener cualquier hombre que se reconozca como tal. Y a él nuestra actitud le pareció estrictamente femenina: tres mujeres revolviendo ropa sobre una mesa. Una mesa que podría parecer de saldos si nuestras caras no hubieran estado tiznadas por la tierra que esos jirones de ropa que tratábamos de reconstruir habían conservado durante décadas. Ese polvo fino, marrón, insistente en su manera de adherirse a la piel me produjo una sensación de amor inmediata. No podía creer que Celeste, otra de las integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense junto con Maco, me estuviera pidiendo disculpas por no haber cepillado esas prendas que estuvieron enterradas en una bolsa desde 1985 junto a otra que contenía los restos anónimos de una serie de personas que lentamente están recuperando su identidad. Esa ropa, en el segundo mes de 1977, cubrió los cuerpos de los masacrados en una esquina de Ciudadela; entre ellos, mi mamá. Después el tiempo y la corrupción la aplastaron contra los huesos. Cuando los huesos fueron desenterrados en busca de identificaciones que no se produjeron en 1985 ya no hubo forma de volver a unir los colores de la tela con los restos que guardaban.

Era obvio, pero hasta que lo vi no supe que el tiempo también actúa sobre las fibras. Lo curioso, al menos para mí, es que lo primero que se pierde sean las costuras. El vínculo entre un retazo y otro. Eso que convierte un pedazo de tela o dos en una remera masculina, un vestido de viyela con canesú, una camisa con un diseño en batic, un pantalón oxford. Fue mi hija la que me ayudó a poner las piezas en su lugar, a reconstruir con paciencia y ojo de sastre lo que había sido separado. Celeste nos guiaba con oficio, aunque ella también quedó detenida frente a una medibacha con las piernas cortadas y un agujero que podría ser de bala justo donde alguna vez se alojó una pelvis. La información acumulada en tantos años fluye como si tuviera sentido: “La deben haber usado de bombacha, le cortaron las piernas por el calor”, digo como si tuviera algún saber que aportar y no una necesidad constante de poner palabras aun donde el silencio alcanza.

El nylon que se usa para las medias de mujer sobrevive intacto, pareciera que hasta conserva la forma de quien lo usó para protegerse vaya a saber de qué. También sobrevive una polera azul, aunque no intacta. La reconozco como tal porque tiene un jirón de cuello mal cortado. No hay rastros de las mangas. Decido sacarle una foto a esa polera. Celeste me pregunta qué llevaba puesto mi madre la noche del secuestro. Yo no lo sé, pero de tanto buscar su campera a rayas, una que me gustaba ponerme de niña aunque me quedara grande, me convencí de que eso era lo que vestía. Y entonces la buscamos entre los restos, la quisimos ver sin estar del todo convencidas en unos harapos de tela de avión desteñidos y destrozados que podían parecer una campera. Algo latía, en cambio, frente a la polera azul. Pero faltaba el peso de la certeza. Faltaba la contundencia de la verdad. Faltaba esa seguridad con la que otro día en ese mismo edificio del EAAF Maco había dicho: “Algunas cosas pueden cambiar, muchas no las vamos a saber nunca. Pero ésa es tu mamá (Patricia Berardi, también del EAAF, habría dicho “tu mami”). Eso no va a cambiar, ni ahora ni nunca”. La verdad, fría y pesada como un mármol —vaya comparación—, de ahí me podría sujetarme en caso de tormenta. O echarme a dormir, como hacen los niños cuando se sienten seguros.

¿Hace falta enunciar qué era lo que buscábamos, mi hija y yo, entre la ropa? Puedo anotar rápido: reconocer a la ausente. No es mucho decir. Puedo contar en cambio la impresión que me produjo cuando Gastón Goncalvez, compañero de HIJOS en 1996, salió de ver los restos recién recuperados de su papá. Junto al esqueleto, como si estuvieran puestos, estaban los mocasines. Hay que ver cuánta humanidad pueden guardar unos mocasines guardados.

Durante los días siguientes a esa visita al EAAF le mostré a quien pude las fotos que había tomado hasta que empecé a sentirme ridícula frente a las preguntas que pedían certeza sobre la pertenencia de las prendas, como si una no pudiera hacer su duelo sobre todas ellas, como si la indefinición les quitara valor humano. Algo de eso habría porque la certeza cayó como una plomada entre mis costillas, un peso capaz de atravesarme y llegar al centro de la Tierra y a la vez llenarme de amor por un pedazo de nylon de un azul ya lavado. Fue Cristina Comandé, una compañera de cautiverio de mi mamá, quien fue capaz de sacar lustre, otra vez, a la verdad. La seguí como un perrito durante la inspección ocular al campo de concentración donde estuvieron chupadas ellas y tantos otros y otras que también recorrían las instalaciones de la Brigada Güemes, en Autopista Richieri y Camino de Cintura, aunque la mayoría ya no están. No sé si Cristina notó con cuánta avidez me bebí sus palabras, si ella, como otras sobrevivientes, llegan a darse cuenta de lo que vale que sus ojos hayan visto los ojos amados y perdidos en una noche demasiado larga. Con voz firme, frente a un juez de la Nación que va a elevar a juicio los crímenes de lesa humanidad que ahí se cometieron, Cristina contó dónde estuvo, cómo el lugar ahora se veía pequeño y antes, cuando estaba chupada, grande. “Es que era yo la que me sentía chiquita.” Contó también cómo se sacaban los piojos, dónde los quemaban, los ruidos que escuchaban, los olores inolvidables. Y contó, también, cuando la mayoría se retiraba, que en un banco que ya no está estuvo con mi mamá mientras ella se quitaba las mangas y el cuello de una polera para aguantar el calor que empezaba a apretar. ¿Te acordás de qué color era esa polera? “Claro, azul”, dijo y yo grité: ¡La encontré! Y las dos nos abrazamos tan largamente como pudimos.

De esto se trata, a veces, la verdad. Las muchas verdades que todavía nos deben los genocidas. Las que seguiremos arrancando a su conspiración de silencio, como lo venimos haciendo, entre todos, entre todas.

sábado, 1 de enero de 2011

Una vez más la memoria de los desaparecidos nos interpela

“Me da mucha tranquilidad saber dónde está mi mamá”

Los sentimientos son contradictorios: “Es una tristeza que me robaran tiempo de estar con mi madre, pero una alegría el saber dónde está ahora” 

por Rubén Kotler

FUENTE: http://deigualaigual.net/es/derechos-humanos/diariojuicio/4955-me-da-mucha-tranquilidad-saber-donde-esta-mi-mama

Hace un poco más de un año escribía un artículo en el cual sostenía que la memoria de los desaparecidos nos interpelaba. En ella narraba la historia de Juan Carreras, estudiante oriundo de la ciudad catamarqueña de Belén y miembro del cuerpo de delegados de la carrera de bioquímica, desaparecido en 1976, secuestrado de un edificio de la propia Universidad Nacional de Tucumán, por una patota a las órdenes de los dictadores que “gobernaban” entonces en la República Argentina.

Poco más de un año después, la historia de “otro” Juan y la memoria de los desaparecidos, vuelve a interpelarnos. Es 31 de diciembre de 2010, vísperas de un nuevo año y un mail llegado a mi casilla un par de días antes me evoca una vez más a la memoria y me convoca en el encuentro con Juan José Cazorla, hijo de Mercedes del Valle Morales, secuestrada y desaparecida por los genocidas en 1976. 34 años después Juan consigue que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) descubra, de los restos hallados en el cementerio del Norte, la identidad de su madre, y él mismo, pueda ahora, cerrar una historia que comenzó a indagar allá por el 2005. Hoy le cierra A Juan, un capítulo con la “triste alegría”, según sus literales palabras, de poder dar sepultura a su madre y tener un sitio dónde llevarle al menos, un ramo de flores.

A sus 35 años de edad, Juan descubre que la identidad es una permanente construcción y que la vamos trazando, como seres humanos, a lo largo de la vida y de la historia. Un campo de batalla, como diría Paul Gilroy, campo de batalla que pone al desnudo la tragedia que significó y aún hoy significa, la desaparición de miles de personas en Argentina.

Luego de un examen de ADN, identifican a la madre de Juan, desaparecida por la última dictadura militar.  Parte de su historia comienza a escribirse entonces nuevamente. Los medios, aquellos que durante los oscuros años de la dictadura le hacían un guiño a los genocidas, hoy se interesan por su historia. Es el primer hijo de una desaparecida restituido en la norteña provincia de Tucumán. Es el primero a quien la constancia y la lucha de los organismos de derechos humanos, contribuyen a reconstruir su historia y por lo tanto su identidad. Juan prepara entonces el entierro de su madre en la ciudad de Monteros, la misma que lo vio nacer y al que, desde el mismo correo electrónico, invita a participar, esta vez para cerrar un ciclo que abrirá seguramente otro, ciclo en el que esta vez, lo tendrá por protagonista, sabiendo que, a pesar de no haber militado nunca en una organización de derechos humanos, hoy es parte de esa lucha que ya lleva más de 34 años.

La identidad “recuperada”

La esposa de Juan, Ana del Valle Díaz, ayuda a la recuperación de la historia de su marido. Poseedor de tres documentos, Ana contribuyó para que la Comisión Nacional para el Derecho a la Identidad (Conadi) comience sus indagaciones. En su primer DNI el apellido de Juan era Zelarayán; en el segundo, Morales; y en el tercero, Cazorla. En todos se llamaba Juan. Esta “triple identidad” estaba naturalizada en el joven. Pero en 2005 la historia comenzó a cambiar. Ana se contactó con la Conadi, y desde Abuelas de Plaza de Mayo la contactaron con la responsable del organismo en Tucumán. Juan tenía tan solo 10 meses cuando entraron en su casa y secuestraron a su madre.

 Entrevista con Juan José Cazorla

El encuentro con Juan José no es sencillo. Luego de dar una nota en el principal periódico de la provincia se cuida mucho de exponerse públicamente. Entre la timidez y su falta de experiencia en hablar en los medios, es prudente. Accede a narrar sus experiencias e impresiones pero sabiendo que detrás del entrevistador está la recomendación de quién hasta el día de hoy le ha ayudado a reencontrar su identidad robada. Lo que sigue entonces sus impresiones y el testimonio que será parte de la historia de la lucha que los organismos de derechos humanos han emprendido para satisfacer las mismas dos demandas que hoy busca satisfacer Juan: la verdad y la justicia. Es así entonces como se presenta:

Juan: Mi nombre es Juan José Cazorla, tengo 35 años y soy hijo de madre desaparecida. Empecé las averiguaciones en el año 2005 gracias a una gran investigación de la CONADI que me envió todos los papeles. Después dejé de investigar un poco y archivé los papeles durante cuatro años, hasta que hace unos años me volví a interesar mucho más en el tema gracias a mi esposa Ana que me ayudó muchísimo, que hizo mucho por la investigación, me reencontré con mi familia materna y después doné sangre para que se me hicieran los estudios con los restos que se iban rescatando de los distintos centros clandestinos. Gracias al EAAF se identificaron los restos de mi madre, hace aproximadamente dos meses, los cuales ya están liberados para disponer de ellos  y darle sepultura. Estoy muy contento por ello y voy a tener ahora un lugar dónde decir concretamente “aquí está mi madre”, poder llevarle flores y prenderle velas en el día de su cumpleaños y cosas así.

Pregunta: Vos decís que hasta el 2005 no sabías o desconocías la historia ¿cómo descubriste o qué te pasó a vos cuando descubriste que tenías esta historia?

Juan: Yo tenía tres documentos, yo sabía de la existencia de esos tres documentos a partir del año ’93, pero no había investigado el tema. La verdad es que no sabría por qué, pero no había investigado sobre esto.

Pregunta: ¿Conocías, por ejemplo, de la existencia de lo que fue la dictadura, de la existencia de las organizaciones de DDHH, independientemente de tú historia, conocías que había habido una dictadura y que tras esa dictadura había habido una transición, que había habido un juicio a las Juntas…?

Juan: No, no conocía esa parte de la historia. Con el correr de los años, cuando fui averiguando, digamos, en el 2005, me voy enterando más, cómo había sido la historia de esa época, una historia muy fuerte, y al enterarme de ser hijo de madre desaparecida se produce un dolor por lo cual dejé archivado por un tiempo los papeles, hasta que me animé después, nuevamente, a retomar la investigación.

Pregunta: ¿En ese momento no pensaste en acercarte a HIJOS, por ejemplo…?

Juan: No, hasta ese momento no tenía mucha información sobre con quién conectarme. Es decir, las averiguaciones se hacían más por mail o por llamadas de teléfono a Abuelas de Plaza de Mayo o a la CONADI, todo en Buenos Aires, y daban algunos referentes, acá en Tucumán, pero no grupos en sí, sino algún abogado que podía asesorar, algún psicólogo para que me brinde apoyo, hasta que pudimos contactarnos con Alejandra y Ruy, que nos ayudaron mucho en todo, y que nos ayudaron para que me reencontrara con mi familia materna.

Pregunta: En tu caso el vínculo personal con estas dos personas fue más importante para vos que el pensar en unirte a un colectivo como podía ser Familiares, HIJOS, o Madres, por lo menos para tu historia personal…

Juan: Claro, exactamente. El tema es que cuando uno le dan como referencia un número de teléfono y un grupo, no figura un nombre o alguna persona referente del grupo como para tener un poco más de confianza en contactarse y saber con quién se va a hablar, entonces nos inclinamos por la referencia que nos dieron Abuelas de Plaza de Mayo, un número de teléfono con un nombre y un apellido concreto aquí en Tucumán.

Pregunta: ¿Y qué pasó por tu cabeza en 2005 cuando descubriste esta historia?

Juan: Y… fue bastante complicado, o sea, lo que uno pensaba o creía hasta ese momento se viene abajo y es construir de nuevo, tratar de reconstruir la historia es muy difícil, pero precisamente por eso se dejó parado los papeles hasta que me animé, fue mucha más la curiosidad, digamos, y tratar de averiguar bien mi origen, tratar de averiguar sobre mi familia materna, sobre mi madre. Y que es una curiosidad que todavía tengo y que voy a seguir teniendo…

Pregunta: De saber quién fue, qué es lo que hizo…

Juan: Exactamente, saber quién fue, qué hizo, cómo era… la familia no habla mucho del tema. No es por miedo, yo, siento que es más por dolor… tampoco los presiono mucho porque sería traerles recuerdos negativos a ellos, yo se que les cuesta bastante hablar del tema, entonces no presiono sobre eso, pero me gustaría encontrar gente, amiga de ella, que la haya conocido, que haya compartido muchas cosas con ella como para que me cuenten e ir conociéndola más ya que no tuve la oportunidad.

Pregunta: Y ¿qué es lo que si pudiste descubrir o encontrar de ella, qué sabes, o es muy poco y vas intentando…

Juan: Es muy poco… que era una muy buena persona, una excelente madre, que me quería muchísimo, que era trabajadora. Y tenemos un parecido en los rasgos bastante grande, también con mi tía y una de mis primas se parece mucho a ella. Son muchas cosas a que uno a veces le impresiona un poco pero muy grato…

Pregunta: Es decir que encontraste fotografías…

Juan: Sí, sí, tengo una fotografía que me llevaron cuando se produjo el encuentro con mi familia materna, que bueno, se le hizo un cuadro y se lo colgó en el living de casa ese mismo día, tengo una muy buena fotografía de ella.

Pregunta: ¿Y qué más sabes?

Juan: Y de ella se nada más que eso, es muy poco, por eso te digo, que es una curiosidad que tengo, que a medida que va transcurriendo el tiempo me gustaría ir averiguando muchas más cosas, pero… me va a llevar tiempo. Lo único que me gusta es que voy a ser constante en eso, tratar de reconstruir muy bien cómo era…

Pregunta: … y en parte reconstruir tu historia…

Juan: exactamente, reconstruir mi historia y bueno, tratar de no decaer en ese objetivo.

Pregunta: Y para vos ¿era importante que apareciera, como apareció, o que se comprobara que la persona encontrada es tu madre…?

Juan: Sí, sí, la verdad que era muy importante. El EAAF realizó una muy buena tarea. A lo mejor no lo esperaba tan rápido, pero la verdad es que fue muy rápido todo, y lo tomé con tranquilidad, dentro de la tristeza de la noticia fue una tranquilidad porque saber que voy a saber dónde está, todo eso me dio mucha tranquilidad.

Pregunta: Vos en el mail en el que difundiste la noticia pusiste una expresión, que te dio una “triste alegría”, con como sentimientos muy contradictorios, el pensar que te encontraste con tu historia, pero el saber que obviamente no es el final que uno hubiera esperado, porque me imagino que lo que esperabas es que tu mamá estuviera viva y que ella te pudiera contar a vos… ¿cómo podes describir ese sentimiento?

Juan: Y es una tristeza por haberla perdido, porque se me robó de tanto tiempo que pude haber pasado con ella, es una tristeza, y una alegría, por haberla recuperado y por saber dónde está ahora.

Pregunta: Si hay jóvenes que están en tu situación, vos ¿qué mensaje les darías?

Juan: El mensaje sería que el camino que se recorre no es fácil, pero a la larga los beneficios son muchos, satisface las dudas que en un momento uno tiene, que las dudas son buenas, y que sería bueno que se acerquen, que donen sangre, ya que a partir de eso es posible reencontrarse con los restos de los familiares que han desaparecido. Es un poco duro el reencuentro, pero pienso que es necesario para terminar de reconstruir nuestra historia, nuestra vida.

Pregunta: Y hablando de la reconstrucción de esa historia ¿cómo te imaginas mirando al futuro? ¿tenés hijos o si vas a tenerlos, pensas que esta historia va a ser importante para ellos? Es decir ¿cómo te imaginas la transmisión generacional de esta historia?

Juan: Y en principio sería contar todo a nuestros hijos, no excluirlos. Creo que es importante dentro de la familia, eso ayudaría… ayuda a entender muchas cosas y a futuro, tratar de seguir adelante y luchando por seguir reconstruyendo la historia, la vida de mi madre, que es una manera de ir reconstruyendo mí historia también.

Pregunta: Dentro de tu historia seguramente en estos años has ido descubriendo que hay otras historias que son similares, parecidas y que forman parte también de una historia mayor que es la historia de este país, y también parte del continente, todo esto también ¿te hace pensar que tu historia es parte de la historia nacional y que parte de la reconstrucción de tu historia es parte de la reconstrucción de la historia argentina?

Juan: Sí… lamentablemente sí, la historia de esa década en Argentina fue una historia muy negativa, muchísimos desaparecidos y en gran parte, todos estamos unidos por un gran dolor, que es la pérdida de nuestros seres queridos, y al recuperar cada uno su historia y sus familiares desaparecidos, se va construyendo la historia de lo que pasó en ese momento y se van cerrando capítulos, como también se van abriendo otros.

Pregunta: Vos estuviste acompañando el juicio de Jefatura ¿Qué sensación te produjo el ir acompañando a los familiares? Porque imagino que en ese momento fue para vos un mundo nuevo en el cual no estabas involucrado como es la batalla de las organizaciones de los derechos humanos por la verdad y la justicia, que es una batalla histórica desde que las organizaciones existen ¿qué produjo en vos el ir acompañando el juicio y quizás descubrir que también sos parte de esa historia?

Juan: Me sentí muy bien acompañando a muchas personas sin conocerlas en el juicio, porque uno se siente identificado con el dolor de ellos, me pareció muy bueno, una buena experiencia. Y compartí muchas cosas con ellos, compartí emociones, compartí la tristeza, como también un gran desacuerdo en la charla de algunos acusados, un total desacuerdo con todo lo que decían. Pero me sentí identificado más que nada con todos ellos (los familiares) porque compartíamos, si bien es cierto, un dolor muy grande por las pérdidas que todos hemos tenido, y acompañándolos. En realidad es una manera de acompañarnos todos, apoyarnos y me sentí muy bien.

Pregunta: O sea que pasaste de ser un acompañante a sentirte parte también de esa experiencia, es decir, lo viviste también como si fuera propia, es decir, ya no solo como un espectador sino como alguien que está adentro…

Juan: Sí, sí, así es. No fue más que sentirme uno más por sentirme identificado con el dolor de cada uno y por las pérdidas que tuvimos todos.

Pregunta: ¿Vos crees que en el futuro cercano próximo, en este año que se está iniciando, y si se concreta el juicio de Arsenales y se llega a la verdad, crees que es necesario, importante o crees, como algunos piensan, que hay que dar vuelta la página y mirar hacia delante? Siempre hubo dos principios que acompañaron a las organizaciones de DDHH, el de la verdad y el de la justicia ¿Cómo sentís que el principio de la justicia se incorpora en tu historia?

Juan: Si bien es cierto que la justicia a veces no es tan rápida como uno espera, pero yo creo que… no habría que dar vuelta la página. Yo creo que hay que seguir luchando por esclarecer bien las cosas, por saber dónde están todos los familiares desaparecidos, todas las personas que han desaparecido, para ir esclareciendo todo, para que se sepa bien la verdad… y para que haya justicia, que es lo que pedimos todos. Hay que seguir acompañando, hay que perder el miedo, hay que apoyar a los organismos de derechos humanos y hay que interesarse más en el tema y acompañar a nuestros compañeros. Si bien es cierto se van cerrando capítulos para algunos, la lucha es de todos. Hay que seguir apoyando, hay que seguir buscando.

Pregunta: ¿Y qué pensás de la sociedad? ¿Vos crees que la sociedad, o parte de la sociedad está acompañando? Porque hay muchos que dicen, bueno basta, a mí no me tocó, demos vuelta la página, esto pasó hace mucho, a nosotros no nos afecta… ¿Cuál sería en este caso el mensaje que le darías a la sociedad, al ciudadano o al vecino, o a un amigo?

Juan: Lo que pasó pienso que no le pasó solamente a unos cuantos, sino que esto es lo que nos pasó a todos, porque en la gran mayoría… muchos perdimos familiares, perdimos amigos, conocidos… o sea, la sociedad perdió. Yo pienso que la sociedad tendría que interesarse mucho más, concientizarse y tener memoria, recordar todo lo que pasó, y tratar de luchar para que no se repita.

Pregunta: Estos últimos días tu historia comenzó a difundirse a partir de un mail* que hiciste público, ahora aparecen los medios de comunicación que quieren interiorizarse por tu historia, me imagino que la gente cercana, las organizaciones de derechos humanos, también habrán querido conocer tu historia o expresar alguna adhesión o comunicarse con vos para interiorizarse de tus sentimientos…

Juan: Sí, recibí varios mails muy emotivos y que me alientan a seguir la lucha y quiero agradecer a Natalia Aríñez, Julia Vitar, Pablo Gallo, Raquel Zurita, Alicia Jardel, Inés Izaguirre, Luisa Vivanco, Josefina Molina y quiero destacar un mail de Norma Ríos de la APDH de Rosario**, es un mail muy emotivo que he recibido en mi correo y quería agradecerlo y destacarlo y a muchos otros que han llegado.

Pregunta: ¿Vos crees que a partir de ahora en los juicios sucesivos que esperemos ocurran en este 2011 que está comenzando vas a acompañar de una manera distinta a lo que fue el juicio de Jefatura?

Juan: No… a lo mejor distinto porque me gustaría tener un poco más de participación, es decir, una participación mucho más activa, pero voy a seguir acompañando en la medida de mis posibilidades y brindar el apoyo a los compañeros y a los familiares.

Pregunta: Algún mensaje o expresión de deseo de lo que esperas que quieras decir…

Juan: Sí… que este año que entra, me gustaría que sean castigados todos los culpables, que las identificaciones se den para todos los familiares en la medida que el tiempo lo permita y que no nos olvidemos, que tengamos memoria, que luchemos por la verdad y que sigamos juntos como grupo, y que dejemos de lado las pequeñas diferencias para apoyarnos y luchar por lo que verdaderamente importa: la verdad, la justicia y la memoria.

*Este es el mail que Juan envió a los organismos de derechos humanos compartiendo la noticia de la identificación de su madre:

Queridos compañeras/os

Me llamo Juan José Cazorla, muchos de ustedes me conocen sin saber quién soy pues estuve presente, lo más que pude, en el juicio a los genocidas de Jefatura.

Quiero compartir con todos la restitución de los restos de mi madre, Mercedes del Valle Morales que fue secuestrada, en Monteros durante el mes de mayo de 1976, junto a mis abuelos - Toribia Romero de Morales y José Ramón Morales- y tíos -José Silvano Morales, Juan Ceferino Morales y Julio César Morales- , todos se encuentran desaparecidos salvo mi tía abuela, Angélica Romero, que fue liberada a los pocos días.

Hace un par de años me reencontré con mi familia materna, gracias a la excelente investigación realizada por la CONADI y el Nodo Tucumán de Abuelas de Plaza de Mayo, nunca hubo denuncia sobre mi existencia ante Abuelas por lo que el mérito de la CONADI es muy valorable.

Sé que es gracias a la persistente actividad de los organismos de derechos humanos que hoy puedo disfrutar el haber encontrado a mi familia y destaco el trabajo del EAAF  que encontraron e identificaron los restos de mi madre.

Por todo esto es que quiero compartir con ustedes esta triste alegría de poder cerrar un capítulo de mi historia.

Me gustaría que nos acompañen a toda la familia Morales en el momento del entierro de mi mamá, les avisaré la fecha en el momento  oportuno.

Reitero mi agradecimiento a la lucha de los organismos de derechos humanos, la CONADI, EAAF, Nodo Tucumán de Abuelas de Plaza de Mayo y a todos aquellos que me apoyaron y acompañaron en esta búsqueda. No quiero dejar de tener presente a mi tía abuela Máxima Rita de Moreno y a su hija Isabel que son quienes, desafiando las persecuciones y represión de la dictadura, hicieron todo lo posible para encontrar a mi familia.

Reciban todos y todas un afectuoso abrazo en mi nombre y el de mi familia.

Juan José Cazorla (tengo en trámite la rectificación de mi identidad)