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domingo, 25 de febrero de 2018

A 41 años del secuestro y desaparición de Oscar Di Dio

22/02/77 : 
Un año más de tu secuestro y desaparición, en manos de los militares genocidas.

Cuántas cosas han pasado Pampa, cuántas... 
Tener un amigo como vos ha sido un privilegio que la vida me regaló, y desde aquel día de pelea con los fachos en la facultad, siempre te quedaste a mi lado. 
Pampa, honroso miembro del PRT y combatiente del ERP, aun cuando pretendieran por espurios intereses cambiarte la militancia.

Encontrabas canciones para cada momento, los alegres y los complicados.Disfrutabas con los aciertos de la militancia. 
Las horas eran cortas para tanto de lo mucho que teníamos que hacer. Los cinco juntos, era el pacto, lo sigo cumpliendo

Qué intensidad de presencia la tuya Pampa. 

No hay olvido como ves, no hay perdón posible, y no habrá reconciliación alguna. 

Que la tierra te sea leve, compañero-amigo-hermano. 
Con todo, Turca

jueves, 2 de noviembre de 2017

Ivonne Pierron monja. Militó en el PRT-ERP Tenia 88 años y falleció el 28-9-17

La monja francesa Ivonne Pierron, de 88 años, quien hace más de tres décadas vive en Misiones, atravesaba un delicado estado de salud. Su legado en la tierra colorada siempre estuvo ligado a los derechos humanos. El gobernador de la provincia, Hugo Passalacqua, lamentó el suceso y anunció a través de su cuenta de twitter que: “He decretado duelo provincial por el fallecimiento de la hermana Ivonne Pierron, insigne luchadora por los derechos humanos. Descanse en paz”.

En tanto, desde el Consejo General de Educación de Misiones informaron que las escuelas mantendrán las banderas a media asta en todo el territorio provincial en “reconocimiento a su vida como promotora de la paz y defensora de los Derechos Humanos”.

Como sobreviviente de la última dictadura cívico-militar logró salvar su vida saliendo del país y volviendo a Francia pero lamentando el cruel destino final de sus hermanas en la fe, Alice Domon y Leonie Duquet.

La hermana Ivonne Pierron nació en Alsacia , Francia, en 1928, y llegó a la Argentina en 1955 con la congregación las Misiones Extranjeras a los 17 años.

Durante 20 años misionó junto con Alice Domon y Léonie Duquet. Cuando hallaron los restos de Léonie Duquet sostuvo: “Yo nunca perdí las esperanzas. Se sabía que estaban en el mar y el mar siempre trae de vuelta”.

“Vinimos para ser uno más del pueblo y luchar con la gente contra los atropellos. Luchadoras. Eso eran”, dijo sobre sus compañeras asesinadas. Y subrayó “que hayan encontrado a Léonie es una buena señal. Ahora se sabe lo que les hicieron. Ellos pensaron que nadie se iba a dar cuenta y una vez más se equivocaron”.

Cuando decía “ellos”, Pierron se refería a los cabecillas de la dictadura a quienes llamaba “monstruos” y “robots del mal”, y los comparaba con los nazis.

Consultada sobre si alguna vez tuvo miedo de morir esto decía: “Uno se compromete y sabe que en cualquier momento puede pasar, pero cuando se defiende la verdad, la justicia para sus hermanos, no se puede dejar el trabajo”.

Y ante el interrogatorio de que si sus compañeras y ella apoyaban la lucha armada respondió:“Nada que ver. Eso es otra cosa; no nos competía. Nosotros queríamos hacer lo mejor con la gente”.

Sobrevivir “para contar la verdad”

La hermana Pierron eligió la tierra colorada hasta el último día de su vida. Reside en Misiones desde la década del 70. De profesión enfermera, siempre estuvo abocada al cuidado de la salud de los niños y ancianos.

Pierron fue compañera de Alice Domon y Léonie Duquet, las monjas francesas secuestradas y sometidas a tormentos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y luego arrojadas al mar en 1977, durante la dictadura de la junta militar que presidió Videla.

El entonces teniente de la Marina, Alfredo Astiz, fue el encargado de infiltrarse entre los familiares de las víctimas y entregarlas a los esbirros de la ESMA. Frente a la desaparición de sus compañeras, la embajada francesa embarcó a Ivonne disfrazada de abuelita en silla de ruedas y la salvó de correr la misma suerte.

Pierron volvió a la Argentina después del restablecimiento de la democracia. En Pueblo Illia, Dos de Mayo, fundó un hogar para aquellos que viven demasiado lejos de la escuela.

“En toda lucha hay siempre un sobreviviente para contar la verdadera historia”, decía Ivonne en el libro “Misioneras bajo la dictadura”, un libro publicado en mayo de 2009.

Desde el año 2013, la Defensoría del Pueblo de Posadas entrega el premio Yvonne Pierron, galardón destinado a reconocer a personas con alto compromiso con la defensa y la promoción de los derechos humanos.

En 2015, se presentó la obra teatral internacional “Noches Negras”, basada en hechos ocurridos en la última dictadura militar en Argentina, con relatos reales de lo vivido por Ivonne Pierron, única sobreviviente de las tres monjas secuestradas y torturadas durante ese régimen.

Marchesini: “Queda su lucha en Misiones”

“Hoy trascendió a otro plano, atravesando el ámbito de lo tangible, la entrañable luchadora por los Derechos Humanos Hermana Ivonne Pierron. Su obra y trabajo son y serán siempre legado y faro de quienes día a día accionan bajo la bandera de los derechos humanos en Misiones”, sostuvo la ministra de Derechos Humanos de la Provincia, Lilia Tiki Marchesini.

Un jueves lluvioso de septiembre, como hoy pero de 2014, se aprobó la declaración de interés a la incansable tarea a favor de los Derechos Humanos de la hermana Pierron. La actual ministra de Derechos Humanos durante su labor en ese entonces como legisladora misionera, fue la encargada de reseñar una vida difícil de resumir, tan plena, tan llena de historia, de anécdotas, pero por sobre todo, llena de amor, de entrega, de lucha permanente por el bien, por la verdad, por la justicia.

Marchesini destacó que cuando el ing. Carlos Eduardo Rovira era gobernador de Misiones, se encargó de reconstruir el albergue que Ivonne y los chicos de Pueblo Illia habían levantado con gran esfuerzo y que fue destruido totalmente en un malintencionado incendio. Incendio que pretendió dejar a “esos bichos del monte” (como recuerdaba la propia Yvonne casi con rabia, que así les decían a los chicos que venían de las colonias a estudiar) se quedaran sin colegio y sin progreso.

“Aquel humilde alberge de madera que se incendió, hoy es un imponente edificio escolar que ocupa más de una manzana entera, con el colegio primario, el secundario, el salón deportivo y los dormitorios de los chicos que viven allí. La alegría de la monja francesa al recordar que donde había una habitación de madera, y luego solo cenizas, ahora estaba ese dormitorio confortable, cómodo y digno… digno de cada uno de esos chicos que siguieron estudiando aunque se quedaron sin albergue”, recuerda la funcionaria.

“Aunque sea abajo de los árboles vamos a estudiar, pero no vamos a dejar la escuela”, decía Ivonne cada vez que hablaba de sus queridos alumnos de Pueblo Illia.

Asimismo, fue integrante del Consejo Consultivo que tuvo la Subsecretaría de DDHH cuando Carlos Rovira siendo gobernador la creó: “ella junto a Adelina Alayes, Madre de Plaza de Mayo, y junto a Pocha Leyes -Madre de Misiones- nos guiaron, fueron nuestra señal. Hoy nos dejan un legado inmenso, un legado que es presente y futuro y en eso estamos y para eso seguimos. Y nuestros brazos no se van a bajar”, evocó Tiki Marchesini.

Ivonne Pierron será despedida hoy desde primeras horas de la mañana en su querido Pueblo Illia, Dos de Mayo, Misiones.
Nacida en Alsacia, Francia, en marzo de 1928, llegó a la Argentina en 1955 con la congregación de las Misiones Extranjeras, y trabajó durante más 20 años junto con Domon y Duquet, ambas secuestradas y torturadas en 1977 por un grupo de tareas de la Marina encabezado por Alfredo Astiz y arrojadas al mar.

lunes, 4 de julio de 2016

Identificaron a Pablo Sandoval Luque, militante del ERP, desaparecidos en abril de 1975

Otro compañero con nombre y apellido

Militante del ERP, nacido en Córdoba en 1953, desapareció cuando tenía 21 años. Es uno de los tres cuerpos encontrados en el cementerio de San Lorenzo, y se cree que participó del copamiento del Batallón de Arsenales de Fray Luis Beltrán.

Pablo Martín Sandoval Luque tenía 21 años, había nacido el 17 de mayo de 1953 en la provincia de Córdoba y estudiaba Medicina en Rosario. Era militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Está desaparecido desde el 17 de abril de 1975. La Unidad Fiscal de Rosario que interviene en los procesos por crímenes contra la humanidad informó que sus restos fueron identificados en una tumba anónima del Cementerio Municipal de San Lorenzo, donde habían sido encontrado junto a otros dos cuerpos. En 2006, el juzgado federal número 4, entonces a cargo de Germán Sutter Schneider, identificó a Alberto Isidoro Losada. Ahora, la fiscalía trabaja en una hipótesis sobre la tercera persona enterrada.

La causa donde fue concretada la identificación tramitaba ante el Juzgado Federal N°4 de Rosario -hoy a cargo de Marcelo Bailaque- y en el año 2012 fue delegada en la Unidad Derechos Humanos de Rosario, que desde entonces dirige la investigación.

Los trabajos periciales fueron realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y los estudios genéticos posteriores fueron concretados por el Laboratorio de Genética del EAAF en Córdoba, en el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas.

El fiscal general titular de la Unidad, Adolfo Villate, consideró que "esta segunda identificación de un total de tres hallazgos de cuerpos inhumados en el cementerio de la localidad de San Lorenzo, el mismo día y producto de muertes violentas, da cuenta de la importancia de continuar con la investigación de los hechos en las que se produjeron dichas muertes y de la labor que, como desarrollo de la política implementada en materia de Derechos Humanos por la Procuradora General de la Nación, viene llevando adelante la Unidad de Asistencia para Causas de Violaciones a los Derechos Humanos durante el Terrorismo de Estado a mi cargo, conjuntamente con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación."

Desde la Fiscalía trabajan sobre la hipótesis de que los tres desaparecidos participaron del intento de copamiento del Batallón de Arsenales de Fray Luis Beltrán, el 13 de abril de 1975. Ese día los militantes del ERP llegaron hasta los depósitos de armas. Cuando se retiraron, hubo acciones de rastrillaje de las fuerzas militares y policiales. Losada -según los datos que pudo recabar su padre, Américo- había sido fusilado en Roldán.

Los cuerpos fueron encontrados en el sector noreste del cementerio de San Lorenzo, a partir de la denuncia de una mujer que en diciembre de 2002 declaró que existieron enterramientos clandestinos durante la última dictadura cívica-militar.

Villate está abocado a reconstruir cómo fue la muerte de los tres militantes encontrados (resta identificar a uno). "Estamos rastreando la causa que se armó en aquella época por el intento de copamiento y extrañamente está en el juzgado Federal 2, que es civil. Estamos solicitando ver el expediente", dijo el fiscal general para causas de derechos humanos.

jueves, 24 de octubre de 2013

Recordando a María Cristina Galzerano y de JoséLuis Tagliaferro, militantes del ERP

A la memoria de mi Madre Cristina Catalina Galzerano. Militantes del ERP.
 
Asesinada en combate por los milicos el 24 de oct 1977.
Su compañero Jose Luis Tagliaferro fue detenido- desaparecido esa noche.
No Ovidamos, No Perdonamos.
Tula.

24 de Oct 2013.
Memoria...
Hoy al mediodía nos juntamos para recordar a "Luisito" y a mi Madre. Estuvimos en el lugar donde en el 2007 colocamos una baldosa en Memoria de los dos. Ahí también fue donde en la madrugada del 24 de octubre de 1977 ellos dos, e
nfrentaron a la patota de milicos de campo de mayo.

Ellos esa noche, vencieron al terror, no dudaron y enfrentaron con sus armas a los cobardes que en numero muy superior atacaron nuestra casa.

Nosotros sus familiares estamos orgullosos de ellos, creemos que fueron únicos.
Enfrentaron la dictadura, convencidos en la revolución y en honor a todos los compañeros caídos y desaparecidos siguieron peleando después del golpe del 76.

Los milicos asesinos les gritaban que se entreguen, pero ellos no se rindieron. Hoy cierro los ojos y en esa cuadra todavía se puede escuchar sus voces, que gritan bien fuerte: "Milicos hijos de puta"...

Siempre serán recordados, nuestra Memoria jamas olvidara su lucha.
Querida Madre estas siempre cerca de mi corazón...

Cristina Catalina Galzerano 31 años asesinada estando herida en combate por los milicos.
José Luis Tagliaferro 30 años detenido-desaparecido

Militantes del E.R.P.
Hasta la victoria siempre.
No Olvidamos, No Perdonamos...
No Nos reconciliamos....

Tula.

lunes, 3 de junio de 2013

Carolina Llorens, fundadora de HIJOS-Córdoba, recuperó los restos de sus padres Una extraña alegría

Los huesos de sus progenitores, Sebastián Llorens y Diana Triay, militantes del ERP, fueron encontrados circunstancial y recientemente, por el Equipo Argentino de Antropología Forense, en un descampado en la provincia de Buenos Aires.

Habla despejada y pausada como si lo que estuviese viviendo fuese algo cotidiano.A pesar que pasó una semana super intensa, en su casa de Villa Rivera Indarte, al margen de la Ciudad de Córdoba,toda esta tranquilo.Sus paredes no parecen sentir la intensidad de emociones que viven sus ocupantes Carolina Llorens y familia. Ella es hija de Sebastián Llorens y Diana Triay,dos militantes cordobeses del ERP -Ejército Revolucionario del Pueblo- que desde 1975 estaban desaparecidos y cuyos restos fueron encontrados de manera circunstancial recientemente, por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF)en un descampado, al borde de una acequia, en el barrio Sarmiento en provincia de Buenos Aires.

Precisamente, luego de 38 años, los restos de Sebastián y Diana, tras una evocación realizada en Buenos Aires, fueron traídos a Córdoba esta semana para ser despedidos por familiares y amigos. “Es una emoción muy grande donde el que la mejor la definió es un tío mío llamado Bernardo (Llorens) que dijo que todo esto es una “extraña alegría”. Digamos, una alegría muy grande por haber encontrado algo que esperábamos, y a la vez una sensación dolorosa porque es encontrar los restos de alguien” nos explica Carolina,fundadoras de HIJOS Córdoba, y patrona de una historia que, por sus singularidades, parece germinada de un guion cinematográfico.

-¿Qué significó todo este increíble hallazgo de los “huesitos” de tus padres, como vos los llamas?

-Un montón de emociones contradictorias y ambiguas. Primero lo viví con una gran ansiedad. Cuando el equipo de antropología dijo que venía a vernos, nos preguntábamos ¿a quién  encontraron?, ¿encontraron a uno?, ¿encontraron a los dos? Y cuando vino Anahí (Ginarte) del EAAF y nos dijo: “encontramos a tu mamá y casi con seguridad a tu papá”… Fue una emoción muy fuerte, muy intensa.

-¿Y cuándo pasó todo esto?

-Del el EAAF me hablan entre el 6 de marzo. Yo me estaba yendo de viaje. Ello ya tenían la confirmación científica basado en el estudio de ADN que decía que los restos hallados eran de mis padres. Luego, el 8 de marzo, vinieron a decírmelo a mi casa. Nos juntamos acá. Y fue una emoción muy grande que el que mejor la definió es un tío mío llamado Bernardo (Llorens) que dijo que es una “extraña alegría”. Digamos, una alegría muy grande por haber encontrado algo que esperábamos, y a la vez una sensación dolorosa porque es encontrar los restos de alguien.

-¿Alguna vez vos, o tu familia, habían imaginado algo así?

-Yo había pensado. Había soñado enterrarlos cuando era muy adolescente. Porque era muy difícil crecer con esta incertidumbre. Pero también siempre había un atisbo de esperanza, incluso la posibilidad de que se hayan ido, o que estén perdidos en un loquero. Digamos, como que siempre, había un atisbo en esta cosa de la desaparición; una figura que lo que más fomenta es la incertidumbre. Además, porquefamiliarmente siempre es muy difícil despedir a alguien que se quiere mucho y no se sabe que pasó.

-¿Cuándo fueron secuestrados Dina y Sebastián?

-En la madrugada del 9 diciembre de 1975. Estábamos toda la familia junta: Sebastián y Diana, Joaquín (mi hermano) y yo. Hacía meses que no estábamos todos juntos. Mi papá venía conmigo de Mendoza y mi mamá estaba con mi hermano en Buenos Aires. Se juntaron en un departamento en Buenos Aires, en la calle Callao 1158, pleno Barrio Norte, que era un lugar donde ellos se juntaban habitualmente. El departamento era de un matrimonio uruguayo que también fue secuestrado. Mi papá llegó a Buenos Aires el 8 de diciembre, y esa madrugada entró una patota de unas 13 personas, armadas, encapuchadas, sin identificación, que luego dijeron que eran de la policía, y se lo llevaron. Con lo cual, por su forma de proceder, podemos sospechar que eran patotas donde trabajaban en conjunto policía,militares, empleados.

-¿Quiénes lo secuestraron, las tres A?

-Era digamos, y por eso la causa está en el primer cuerpo de ejército, toda la parte de represión que se instaló más sistemáticamente, después de octubre del ´75 luego de un decreto que firmaron (Ítalo) Luder y (Jorge Rafael) Videla donde se autoriza la aniquilación de la subversión. Por eso en esa época no sólo caen mis padres, sino una cantidad de personas, con los mismos procedimientos que lo van  a hacer luego en la dictadura.

-¿Y con vos y tu hermanó que pasó?, ¿con quién se quedaron?

-Los secuestradores nos dejaron con el portero y le dicen que ya nos van a venir a buscar. Éramos muy chicos. Yo tenía un año y medio, y mi hermano tres meses. El portero tenía un miedo feroz por la situación. De hecho nunca lo pudimos ver, ni quiso hablar con nadie de la familia. A él, le dio mucho miedo y le preguntó a unos abogados que vivían en el edificio que hacer con nosotros.

-Mientras tanto,¿quién le daba de comer a tu hermano, que era prácticamente un bebé?

-Nadie. Imagínate, era un bebito absolutamente dependiente de la teta y la mamadera. Aparte éramos muy robables, porque éramos muy chiquitos.

-¿Y por qué no se los robaron?

-Porque no tenían el plan de apropiación sistemático de bebe. Todo esto fue en el ’75. Si hubiera sido en el ‘76 nosotros no estamos contando el cuento este, al menos de esta forma.

-¿Y qué hizo el portero con ustedes?

-Los abogados que vivían en el departamento, le recomiendan al portero, que haga la denuncia en la policía. El hace la denuncia y  de allí pasamos a la policía, quien luego inmediatamente informó al juzgado de menores, allí tuvimos la suerte de caer en juzgado de Alicia Oliveira, una persona con un compromiso muy alto, que hizo todos los pasos legales que deben hacerse cuando se encuentra un chico. Nos sacó una foto, las publicó en el diario.  Tras ello nos lleva a la Casa Cuna. En ese lugar, por aquellas coincidencias de la vida, era voluntaria María Susana Nochetti, secretaria del Juzgado de Oliveira. Y cuando ella fue hacer el voluntariado, desde Casa Cuna le dijeron, mira estos chicos que trajeron de tu juzgado, están re sanitos, acá tenemos una epidemia de sarampión, ¿por qué no te los llevas? Entonces “Masu” -María Susana Nochetti- cuenta que ahí nomás llamó al marido por teléfono y le dijo: “tenes dos hijos” (risas).

-O sea que en poquísimo tiempo pasaste, de los brazos de tus padres al portero; del portero a la policía; de la policía a la justicia; de la justicia a la Casa Cuna; y de allí a los brazos de María Susana Nochetti o “Masu” como le decís vos.

-Sí. Masu y Fede, con quien nos seguimos viendo y hoy son una especie de abuelos de mis hijos, nos cuidaron esos días, paralelamente a que mis abuelos y mi familia se enteraron de que nosotros estábamos desaparecidos y mis padres secuestrados.

-¿Cómo se enteró? Porque toda tu familia vivía en Córdoba.

-Se enteró por dos maneras distintas. Una, es una compañera de mi madre, que estaba con ella en la misma célula del ERP, y con quien mi mamá tenía una cita al día siguiente. Pero cuando mi mamá no va a la cita, ella empezó a sospechar. Ella luego lee el diario y ve la noticia donde decía que habían secuestrado un matrimonio.Luego, al poco tiempo, ve que salimos nosotros. Ella nos reconoce, porque nos conocía, y como de casualidad sabía el nombre verdadero de mi mamá, porque generalmente en ese entonces nadie sabía los nombres de nadie, comenzó a buscar en la guía y encontró a un Triay pariente a quien le dijo: “ha ocurrido un accidente. Fíjense en el diario tal de tal día”. El otro aviso vino por el lado de mi abuelo materno (Hugo Triay) quien tuvo una llamada directa a un teatro que él tenía de Ofelia Santucho (esposa de Oscar Asdrúbal, fundador del PRT y hermano del líder guerrillero de Mario Santucho) que por ese entonces había sido secuestrada con ocho niños y había estado en el mismo campo de concentración donde estaban mis papás. En ese campo de concentración, Ofelia se encontró con mi mamá y le comentó su preocupación sobre nosotros, y mi mamá le hace memorizar el teléfono del teatro de mi abuelo.Así, cuando Ofelia salió, llamó al teatro, y le dijo a mi abuelo que nosotros estábamos en Buenos Aires, que por favor nos fuera a buscar.

-¿Y el regreso a la familia biológica cómo fue?

-Volvimos a la familia porque mi abuelos maternos, con una tía, a fines de diciembre, viajaron a Buenos Aires y fueron al juzgado de Oliveira. Aun así, mi abuela no tenía ninguna prueba para demostrar que nosotros éramos sus nietos. No teníamos documentos. Yo apenas tenía una partida de nacimiento, y mi hermano nada porque siquiera estaba anotado legalmente. No lo habían llegado a anotar. De hecho, fue todo un proceso la afiliación de mi hermano también.

-¿Y cómo hizo pata que la jueza se los devuelva?

-Es otras de las grandes coincidencias que hubo. Cuando me sacaron la foto que publicaron en el diario, yo tenía puesto un delantalito que hacía un mes mi abuela me había regalado. Lo había hecho ella. Era un molde muy particular porque, mi abuela, como buena andaluza, lo había hecho usando los mínimos recursos, con pedacitos y puntillitas de tela. Entonces, mi abuela le describió a la jueza como era el molde exacto de ese delantal. Y la Jueza, a partir de eso, nos devolvió a mis abuelos.

-¿Cómo fue el recuentro?

-“Masu” y Fede nos habían cuidado tan amorosamente todo este tiempo que cuando apareció mi abuela a buscarnos, yo estaba aferrada a la pata de la “Masu” y no me quería ir por nada del mundo. Imagínate, yo acababa de perder a mi papá y mi mamá, no quería volver a perder nada. A todo esto, mi abuela lloraba.

-Y sobre tus padres ¿qué sabes de ellos luego del secuestro?

-La hipótesis más cercana que tenemos es que estuvieron en un campo de concentración que se llamaba “Puente 12”. Antes de esto teníamos diferentes versiones, pero con el hallazgo en este lugar, esta es la hipótesis más sólida. Los restos fueron encontrados a dos kilómetros de lo que era un conglomerado de campos de concentración. En la zona están: El Vesubio, Cuaterismo, y otro, que ahora el Equipo Argentino de Antropología Forense descubrió, con observaciones satelitales, que se llamó “Puente 12”.

-¿En Puente 12 se encontró con Ofelia Santucho?

-Sí. Ellos pensaban que era Campo de Mayo, pero todo indica que en realidad es Puente 12. Ofelia dice que creía que estaban en Campo de Mayo porque había escuchado esto de quienes la habían secuestrado. Pero, hay que tener en cuenta, que los militares solían hacer este tipo de cosas para que la gente que secuestraban se confunda y no supiera para dónde la llevaban.

-¿Dónde encontraron los restos?

-Los restos los encuentran, circunstancialmente, en octubre del 2012, gente del Barrio Sarmiento, a las orillas del rio La Matanza provincia de Buenos Aires. Es un lugar donde empieza a haber todo un descampado y originalmentehabía muchas lagunas que, con el paso del tiempo, se fueron rellenando con basura y escombros que traían de Capital Federal. El barrio es un asentamiento que está desde el 2008. Su mayoría son inmigrantes bolivianos, paraguayos, peruanos. La municipalidad no reconoce a ese sitio como barrio, aunque son un asentamiento muy organizado con asambleas de vecinos y delegados de manzana. De hecho, gracias a esa organización, los encontramos.

-¿Por qué?

-Porque, circunstancialmente, mientras los vecinos iban sacando tierra para terraplenar sus casitas, unos chicos encontraron unos restos humanos. Eran los cráneos y se pegaron un sustazo bárbaro. Estas personas se animan a decirle al delegado de manzana que habían encontrado estos restos, algo que perfectamente podrían no haber hecho, quien luego hace la denuncia y tras la cual viene la policía forense y se lleva los restos.

-¿Y a partir de qué elementos el fiscal entendió que podrían tratarse de víctima del terrorismo de Estado?

- En un principio pensaron que podía ser alguien víctima de la trata. Porque en ese lugar, a menudo, aparecen muchos muertos de las mafias. Pero luego, como no tenía ninguna pista por esos restos, para sacarse la incógnita de que fueran desaparecidos, los manda al EAAF (Equipo Argentino de Antropológica Forense) por las dudas. Al Equipo Argentino de Antropología, al principio tampoco le parecía que pudieran ser “uno de los nuestros”, como dicen ellos. Porque hasta ese entonces, no había casos donde se encontraran restos en un lugar así, en un descampado. Sólo les llamó la atención que los cuatro jóvenes hallados eran todos jóvenes de clase media.

-¿Y cómo sabían que eran de clase media?

-Porque tienen arreglos dentarios. Hay ciertos detalles que se pueden ver antropológicamente, cuando se ven los huesos, que dan ciertos indicios de la procedencia social. Por ejemplo, mi mamá tiene prótesis y están  impecables. Eso era un dato porque en las clases más bajas, no tiene prótesis.A partir de ahí empiezan a hacer los estudios con el banco genético, con la comparación de datos genéticos informatizados, con un sistema realmente increíble, de toda la gente que ha ido a dar sangre. Así, los primeros estudios empiezan a dar positivo, y ahí ellos dicen “es uno de los nuestros” (risas). Después de eso vino el proceso donde determinaron fehacientemente que eran Sebastián Llorens y Diana Triay.

-¿Todo esto estamos hablando de cuándo?

-Ellos encontraron los restos el 26 de octubre del 2012. Pero no sé cuándo fue que el equipo de antropología forense comenzó específicamente a trabajar.

-¿Pero vos hasta ese momento no sabías nada?

-Nada de nada. Recién me enteré el primero de marzo pasado. Porque ellos, hasta que no tienen la certeza genética, no te dicen nada, para no generarte falsas expectativas

-Otro hecho significativo del hallazgo es el cuerpo de tu mamá y tu papá estaban juntos…

-Sí, increíble. Además, otro hecho muy fuerte fue que los encontraran en ese lugar, y no en cualquier otro barrio. Porque en ese barrio, en ese lugar, y siguen las coincidencias que nos siguen sorprendiendo, trabaja el Movimiento Campesino Indígena, una organización con la cual venimos trabajando hace años con mi esposo (César Marchesino). Incluso, en ese barrio, meses antes que encontraran los restos, mi esposo había ido a trabajar en un relevamiento y justo le tocó relevar ese lugar y pasó a metros de donde luego hallaron los huesos. Por eso, cuando el Equipo Antropológico nos dijo que habían sido encontrados en ese lugar, agarramos a  nuestros amigos que trabajaban en el Movimiento Campesino y les dijimos si podía averiguar en el barrio si habían encontrado unos restos en octubre. Desde allá nos respondieron que si, que lo habían encontrado, ahí si ya nos quedamos sorprendidos y se nos pararon los pelos.

martes, 21 de mayo de 2013

No sólo son memoria, por María Carolina Llorens. Hija de Diana y Sebastián

Militantes. Sebastián “la chacha” Llorens y Diana Triay pertenecían al PRT-ERP.

La autora de esta nota es hija de dos militantes desaparecidos del PRT/ERP, cuyos restos, luego de una infatigable lucha, fueron hallados el año pasado e identificados por el equipo de Antropología Forense en marzo de 2013.

“No son sólo memoria, son vida abierta,
son camino que empieza y que nos llama”
Cirsemaia/Viglietti


Mis padres, Sebastián Llorens y Diana Triay, militantes del PRT/ERP, fueron secuestrados el 9 de diciembre de 1975. Estuvieron desaparecidos desde entonces. Tenía un año y medio cuando los secuestraron, y mi hermano Joaquín apenas tres meses. Gracias a personas que nos cuidaron con mucho amor, y a que aún había vestigios de justicia en nuestro país, nosotros fuimos devueltos a nuestra familia.

Crecimos en el miedo, el dolor, la incertidumbre, el amor y la bronca de la ausencia. Por eso nos encontramos a menudo con preguntas sin respuestas. ¿Estaban muertos? Si la muerte es una pregunta ancestral que nos hacemos los humanos, ¿qué es la no muerte? ¿Qué es el desaparecido? ¿Qué es esta ausencia sin certezas?
Y cuando ante esas preguntas había sólo silencios. Cuando ante esas preguntas había cinismos siniestros como “el desaparecido no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido” (Jorge Rafael Videla), la desaparición era una incertidumbre que carcomía las entrañas. Por eso mi abuela materna soñó, hasta su muerte, con timbres. Timbres que en la madrugada sonaban y alimentaban la esperanza de volver a abrazar a su hija.
Cuando tuvimos 20 años participamos en la fundación de H. I. J. O. S. Asumimos nuestra mayoría de edad y la construcción de nuestra identidad. Fue ahí cuando las preguntas se hicieron reclamos y lucha por la memoria y la justicia.
Hoy también nuestros hijos son una fuerza para seguir buscando. Sus preguntas siguen denunciando una historia que, de tanta crueldad, es difícil de explicar y comprender. Una mañana mi hijo de ocho años amaneció preguntando “yo ya eso de los militares lo entendí, pero decime, mamá, los huesitos, ¿dónde están los huesitos de los abuelos?”. Luego, cuando salíamos de hacer una declaración en el juzgado, siguió preguntando: “Entonces, ¿no sabemos dónde están? ¿Pueden estar en cualquier lado? ¿Pueden estar acá, debajo de la vereda?”.
El amor y la lucha de Diana y Sebastián, que los mantuvo unidos aún en la muerte, siguieron latiendo bajo la tierra. En ese descampado donde los arrojaron al lado del camino, en medio de lagunas que se fueron rellenando con escombros, desde el año 2008 viene creciendo el Barrio Sarmiento. Un barrio donde 700 familias, principalmente de inmigrantes y campesinos del interior, vienen enfrentando la exclusión y a la vez construyendo un futuro digno para sus hijos. Es decir, los “huesitos”, como semillas, estuvieron creciendo en ese barrio. Y desde este barrio comienzan a ser rescatados de la desaparición para transitar el camino que los devuelve a la muerte.
Fueron niños de este barrio los que ocasionalmente encontraron restos humanos y uno de los pobladores se animó a denunciarlos. La policía forense los retiró el 26 de octubre del 2012, y el equipo de Antropología Forense los identificó el 1º de marzo del 2013 e informó que entre los cuatro cuerpos encontrados estaban los de mis padres. El juez Daniel Rafecas, con una resolución implacable, el viernes 3 de mayo declaró públicamente que ya no son más desaparecidos, que son muertos asesinados por las mafias organizadas del Ejército, la policía y la triple A, que venían operando desde antes del proceso, con los mismos procedimientos y la misma crueldad que los caracterizó durante la dictadura.
De esta manera, por fin, nos encontramos con una certeza que abre puertas. Una posibilidad tangible de despedida, de poder llorar a nuestros muertos, uno de los derechos humanos innegables ya enunciados desde la tragedia de Antígona que se conoce como “derecho al duelo”. Mi abuela paterna, Nelly Ruiz de Llorens, que con sus 92 años sigue luchando, puede luego de tantas pérdidas y tantas búsquedas infructuosas despedirse de su hijo. Y podemos despedirnos los hijos, hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas, tías abuelas, primos, nietos, nietas, compañeros, vecinos. En fin, toda una sociedad que necesita despedirlos.
Esta despedida implica emociones ambiguas y aparentemente contradictorias, porque es un encuentro y una despedida a la vez. El encuentro produce una “extraña alegría”, como dijo mi tío Bernardo; la alegría de encontrar la verdad de lo ocurrido luego de tantas tinieblas e incertidumbres. Una emoción indescriptible de verlos nuevamente a través de lo que sus restos nos hablan. En cambio la despedida es un dolor, por la pérdida que vuelve a hacerse presente en un duelo con toda la intensidad, “como si se hubieran muerto ayer”.

Las puertas de la Justicia se abren un poco más. Hay caminos para investigar, al haber cuerpos que delatan, hay centros clandestinos que pueden ser señalados, hay asesinos que pueden ser revelados, y que podrán tener el juicio y el destino que les corresponda.
Este encuentro con Sebastián y Diana nos enfrenta, a su vez, a las tramas invisibles de la vida. A esas coincidencias significativas que nos iluminan. En el Barrio Sarmiento, donde fueron hallados sus restos, los vecinos desde el comienzo cuentan con el apoyo de Sercupo (Servicio a la Cultura Popular), organización que forma parte del Movimiento Nacional Campesino Indígena. El trabajo de Sercupo consiste básicamente en apoyar la formación y capacitación en torno a la defensa y exigibilidad de derechos, formación de grupos de trabajo, conformación y puesta en marcha de un centro comunitario, etcétera.

Y es justamente en el Movimiento Campesino donde junto con mi esposo César Marchesino venimos participando desde hace un par de años, compartiendo saberes, luchas y resistencias. De hecho, como si fuera una premonición, meses antes de que fueran encontrados los restos de Sebastián y Diana, César caminó las calles del barrio, entrevistando a los vecinos, y volvió a casa conmovido de la fuerza que había en ese lugar para construir futuros sobre tantas injusticias.

Los compañeros del barrio y del Movimiento Campesino nos han acompañado ahora. Nos abrieron los brazos y nos consolaron cuando los familiares fuimos a reconocer la tierra que los había acogido durante tantos años. Así, en el encuentro con ellos, en las palabras, en los sueños compartidos, el dolor se fue mitigando. Como dijo una de las compañeras: “Para nosotros, este hallazgo es doblemente importante. Por un lado es la posibilidad dolorosa y esperanzada a la vez de que los familiares tengan la oportunidad de despedir a sus muertos. Por el otro, significa que Diana y Sebastián, entre muchos otros, no lucharon en vano ya que aquí estamos nosotros continuando la lucha por derechos básicos como vivienda, salud, educación, identidad”.

Los desaparecidos son un duelo que necesita realizar toda la sociedad. Por este motivo, el 28 de mayo, en un acto público, el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, restituirá los restos de Sebastián Llorens y Diana Triay. El acto se realizará en el Centro Comunitario “Los Sin techo” del Barrio Sarmiento, partido de Esteban Echeverría. Será un modo simbólico de unir las luchas del pasado y el presente, que más allá de todos los intentos de acallarlas, “desaparecerlas” o asesinarlas, resurgen con toda su fuerza.

En Córdoba, realizaremos una despedida pública el 31 de mayo, en la Universidad Nacional de Córdoba, la casa que los acogió en la juventud y que hoy los sigue acompañando. De esta manera, como dice el himno guaraní, “…he de hacer que la voz vuelva a fluir por los huesos y haré que vuelva a encarnarse el habla después de que se pierda este tiempo y un nuevo tiempo amanezca”.

martes, 26 de febrero de 2013

Capitán Miguel del ERP, el desaparecido 18 de La Plata Rugby



En busca de Abigail, el desaparecido 18 de La Plata Rugby
 Abigail Attademo, el que se agacha atrás del que lleva la pelota
Por Julián Axat

La historia de los 17 desaparecidos de La Plata Rugby Club (LPRC) es conocida. Muchos escribieron sobre ella. Gustavo Veiga con sus notas en Página 12, más tarde escribió un libro y hasta filmó una serie de pronta aparición en la TV pública. El escritor José Supera armó notas periodísticas y un “hall de la fama” en la revista interna del Club. Yo escribí un poema que se titula “Los canarios románticos”. Hasta acá, los jugadores desaparecidos de La Plata Rugby eran 17.
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Vamos a la historia. La omisión de un jugador de Rugby desparecido por el terror de Estado es un agujero en la memoria colectiva de una institución. Un agujero en las palabras y en los recuerdos de varias generaciones de deportistas dentro de un mismo espacio. La justicia de la palabra salda estos olvidos, involuntarios por cierto, pero deliberados por efecto inconciente del terror de los perpetradores; incluso a tantos años vista.

Como todos los años, la camada 47 de La Plata Rugby suele juntarse a cenar, y recordar viejos tiempos. En las sobremesas de vitalicios las hazañas relumbran como instantes de peligro. Puedo jurar que por un retazo de pasado los he visto gritar y hasta casi batirse a duelo. Pero esta vez alguien recordó un partido, y luego un try hecho con agilidad y precisión. Entonces relumbró Abigail. Y entonces sucedió lo que tenía que ocurrir: tomaron consciencia de la omisión de “Abi”

La omisión de “Abi” es la de todos al mismo tiempo. La de todo un Club que mantiene viva su memoria, y su juego entre el pasado y el presente. Se cristaliza en una formal placa colocada hace diez años en el quincho central que recuerda a los 17 jugadores desaparecidos con una frase polémica: “A los jugadores víctimas de los 70”; como si el concepto de década bastara para nombrar el terror. Por suerte, tantas sobremesas hacen que la Comisión Directiva aprenda de los procesos de verdad y justicia; por eso últimamente la frase les viene haciendo algo de ruido... Aunque la omisión de “Abi” no es solo un ruido, es un eco profundo que exige un 2013 con otra placa.

Pero vayamos a Abigail Armando Attademo.

Abigail. “Abi”. Más tarde “Pedro”. Luego el “Comandante Miguel”. Nació en La Plata el 3 de Abril de 1948. Hizo La primaria en la Escuela “Anexa” de la UNLP. La secundaria en el “Colegio Nacional” Rafael Hernández. Por ser de abril le tocó la camada del 47. Allí se hizo amigo de mi padre Rodolfo “Fel” Axat, y de tantos otros que conforman “la barra”: “Naca” Pérez Arzueta, el “Negro” Eduardo Bustillo, Ricardo “Tite” Eliçabe; Juan “el gordo” Gascón; el “flaco” Bonilla, etc. La “barra” del Nacional de 1 y 49, no es solamente una camada. Es también la octava, más tarde la séptima, la sexta; todas del “Canario” La Plata Rugby Club.

Para Silvia Attademo, la única hermana de Abigail con quien consulté, la posibilidad de que su hermano jugase al rugby, eran inciertas. Le escribí varias veces para consultarle detalles. Me dijo que le preguntaría a algunos compañeros. A las semanas me escribió diciéndome que podría ser posible, pero que no había, ni tenía pruebas.

En el medio me escribe el querido Gustavo Veiga a punto de irse a Cuba a presentar su “Deporte y Dictadura”. Me pregunta si ya hay prueba cierta que Abigail Attademo es el desaparecido 18, “el olvidado”, me dice. Le digo que sí (apuesto que sí nomás), que “desde ya”. Pero –en el fondo- aun estoy en esa pesquisa.

Por esos días el “olvido de Abi” me lleva al compañero de mi padre y de Abi; “Tite” Eliçabe. Es Tite quien un sábado por la mañana me lleva a la casa del “Gordo” Gascón. Parecen médiums en una mesa del jardín. Se ponen a recordar situaciones de juego, me hablan de la inconstancia “muchas veces Abi se aparecía y venía a jugar, otras no… pero cuando jugaba, sí que jugaba”. Entonces “el Gordo” que está seguro que tiene fotos de Abi, saca un álbum de recortes amarillento (herencia del padre), y comenzamos a ver fotos del diario “El Día” de la época. Ahí estaba Abigail:
                             Diario “El Día” 12/5/63, Formación de la 8ª de LPRC: Scarpinetti, Vidal loza,
                                 Gascón, Perez Arzueta, Grigera, Ronco, Martín, Attademo, Axat y Caro

Y aparece una foto:
Abigail Attademo, el que el que se agacha atrás del que lleva la pelota

Por un momento percibo que la emoción de Tite y el Gordo al ver los recortes (los dos tienen 65 años) es la de creer que yo no soy yo, sino mi padre que está a su lado maravillado con las fotos de ellos, como si él nunca hubiese desaparecido o yo fuera una suerte de reencarnación (tengo 36 años). Pero de pronto todo vuelve a ser seriedad: “Llevate estas fotos pibe, acá está la prueba de que Abigail jugó en LPRC”. Yo pienso, la prueba de la omisión.

Entonces le escribo a Silvia Attademo, le cuento de los recortes, se los mando. Ella me escribe maravillada y me manda algunas líneas sobre su hermano escritas para el libro “Huellas” de la Universidad. Silvia es amiga de mi tía Cristina, también fue mi compañera en la Maestría de Ciencias Sociales.

Abigail dejó el juego, se recibió de bachiller, y se metió en la facultad de Ciencias Naturales y Museo (hizo 2 años en Zoología) y paralelamente en la Facultad de Medicina (hizo hasta cuarto año). En el claustro se mete de lleno en el PRT “El Combatiente”. Decide que el camino que debía seguir era el de la lucha armada. Por eso tiempo después, del PRT salta al ERP donde milita su compañero (también jugador de LPRC y otro de sus desaparecidos) Eduardo Merbilah.
Abigail al ingreso a la Facultad

La vida en la clandestinidad es difícil. Viaja al monte Tucumano. Hace formación y supervivencia. Se destaca como un cuadro revolucionario. Deja de lado su sobrenombre “Abi”, y comienza a ser conocido entre los suyos como “Miguel”. Pronto será el “Capitán Miguel”.

En el año 1971 cae preso y en 1972 es pedida su extradición por el gobierno de Chile, donde rápidamente es liberado. En 1973, cuando en Argentina asume Héctor Cámpora, Abigail regresa al país. Se mantiene en las formaciones de del PRT, en donde conoce a su compañera Elena Mirenna, con quien se casa en 1974, y de cuya unión nacen Clarisa y Natalia AttademoAbi y Elena

Hago un corte por acá. A Clarisa la conozco poco, apenas cuando éramos chicos y mi tía me llevaba a la casa de Silvia a jugar. A Natalia la conocí bien a los 20 años. Amiga de mi ex pareja, compartimos con ella muchos momentos. Siempre tuvimos presente la relación que tenían nuestros padres, más allá del Colegio y del Rugby. Aunque “Fel” Axat era monto, admiraba a “Abi”. Conservo una carta que le escribió en una visita a la Cárcel de Devoto allá por el 72, y en la que mi padre habla de su amigo como el “Hombre Nuevo”. Alguna vez Natalia Attademo me obsequió el acta de casamiento entre Abigail y Elena, el testigo por parte de “Abi” es mi padre. También Conservo una foto en la base del cerro Aconcagua, en la que en un fogón a los 20 años “Abi” tiene un cuaderno y mi papá fuma pipa:
Rodollfo “Fel” Axat y Abigail Attademo

Gustavo Plis-Sterenberg en su maravilloso libro sobre Monte Chingolo, refiere que el 23 de diciembre de 1975 a las 19.45 hs., 70 combatientes al mando de Abigail Attademo (“capitán Miguel”) iniciaban el asalto al Batallón Depósitos de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, ubicado en la localidad de Monte Chingolo, con el objetivo de apropiarse de 20 toneladas de armamento para dar un vuelco en la relación de fuerzas político militares y, en lo inmediato, demorar la consumación de un nuevo golpe militar que ya estaba en preparación. El encargado de derribar el portón de entrada con un camión, es Jorge Moura, otro de los jugadores desaparecidos del LPRC, al igual que el ya mencionado Eduardo Merbilah, compañero de inferiores de Abigail. El escape de Abigail de Monte Chingolo, de acuerdo al relato de Plis-Sterenberg, no es más que espectacular.

En uno de sus libros de memorias sobre el PRT-ERP, Daniel De Santis, recoge un testimonio que lo retrata a Abigail de esta manera: “… Capitán Abigail Attademo, Capitán Miguel, Pedro o Panfleto, sobrenombre que sugiere que sería algo dogmático. Pero mire, usted, hasta donde llegó: al frente de los 70 combatientes de la Compañía de asalto al Batallón de Arsenales de Monte Chingolo, les tomó la mitad del cuartel pese a que nos estaban esperando con artillería pesada. Mientras reagrupaba sus fuerzas para ocupar el resto del cuartel llegaron las tropas del Regimiento 3 de Infantería, en tan delicada situación ensayó un contraataque para permitir la retirada propia. ¡Qué presencia de ánimo! ¡Qué capacidad de mando! ¡Qué experiencia militar! ¡Qué huevos! hay que tener para resolver brillantemente una situación como esa. Un jefe como él y como muchos otros no se encandilaron por la verborragia troscoidal perredista…”

Después de Monte Chingolo, el “Capitán Miguel”, Abigail Attademo era un objetivo número uno del ejército. Poco después es atrapado y asesinado Roberto Santucho. Es allí que Eduardo Merbilah es designado como uno de los principales dirigentes de la conducción del ERP. Su compañero Abigail, queda debajo de su línea directa.

El 4 de junio de 1976 Abigail es emboscado en la casa donde se encontraba junto a su nueva pareja, y otros compañeros de militancia. Al momento de su desaparición Abigail es herido.

Dice Silvia Attademo, su hermana: “Luego, ya por los años post dictadura, me encontré de modo casual con una persona que había estado en Campo de Mayo al momento que lo llevan a Abi. …quien había sido curado después de la emboscada, aquellas personas que como él estuvieron cautivos en Campo de Mayo, fueron arrojados al Río de La Plata en los llamados 'vuelos de la muerte' y que por tanto ha sido muy difícil en estos casos recuperar sus cuerpos…”

He buscado en Internet la historia de “Abi”, pero he encontrado poco y nada. Restos perdidos. La búsqueda a partir del juego del Rugby dispara hacia muchos lugares. Aunque el juego se deja, hay reglas que nunca se olvidan, y como con el “Che”, los guerreros -más tarde guerrilleros- la llevan a la batalla como épica. El mismo honor. La misma fuerza. La misma buena fe.

Abigail Attademo, desaparecido dos veces, ahora reaparece con toda su fuerza. Como si volviera a hacer ese try que sus compañeros recuerdan.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Por favor difundir !!!

Pedido de búsqueda de Rocío Martínez Borbolla, primer caso de la querella.

Rocío Ángela Martínez Borbolla (33 años) “Ana” o “Sargento Ana”. Militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), junto a su compañero Pedro Oscar Martucci (24 años), “Tato”.

Vivían en un departamento de los monoblocks del Barrio Envión 3 de Haedo, junto a dos hijos de Rocío de su anterior matrimonio (Camilo y Bárbara, de 4 y 8 años) en una casa donde se dedicaban a tareas de redacción de “El Combatiente”. En 14 de junio de 1976 ambos fueron secuestrados en ese domicilio frente a los dos hijos de Rocío, por integrantes de un Grupo de Tareas dijo ser del Ejército. Los niños fueron dejados en casa de un vecino que luego los entregó al padre. La casa fue saqueada y se robaron muebles, electrodomésticos y libros.

Buscamos compañeros o testigos que puedan aportar datos de esta desaparición, de la militancia de Rocío y de Pedro, de los compañeros o personas que frecuentaban antes de su desaparición.

Bárbara recuerda como cros. de su madre y de Pedro Martucci, que compartieron esa casa, a estos compañeros: el “Chango”, era muy alto, grandote y era rengo, a quien tiempo después creyó reconocer, en principio, entre fotos de desaparecidos, como Pedro Miguel SOBKO, secuestrado casi un año después en Paraná. También recuerda la presencia de los compañeros “Enrique” y “Dolores,” un matrimonio con 2 hijos pequeños, un varón y una nena de 4 y 6 años aproximadamente. A Dolores le decían “Lola” pero su nombre cree que su nombre legal era ”Liliana”.
La desaparición de Rocío y Pedro está siendo investigada en una causa recientemente abierta. Si conociste a alguno de ellos, a sus compañeros de militancia o allegados, o podés aportar datos sobre el matrimonio de “Enrique” y “Dolores” o “Lola” con quienes habrían convivido, o tenés algo para contarnos sobre la vida de Rocío, todo dato o recuerdo es importante para sus hijos y compañeros.
No dudes en escribirnos a dianacruces@gmail.com
conocisteajorgeemilioarancibia@gmail.com
O al muro o por mensajes a: http://www.facebook.com/ConocisteAJorgeEmilioArancibia?fref=ts.
— con Mutual Por La Memoria Olavarria, Peronismo Militante Moreno, Hijos Ex-Detenidos Mdq y 47 personas más.

sábado, 28 de julio de 2012

BENITO JORGE URTEAGA

“Madre voy a las islas, no soy isleño.
Ay, madre no me llores, si es que no vuelvo.
Madre, puerta por puerta diles mi nombre.
Y cuando caigan todos los aldabones,
señálame la frente de los traidores…”

Miguel Ángel Pérez


Cuando se habla sobre los años de represión y masacres durante la última dictadura cívico militar en la Argentina, siempre hay alguien que reclama escuchar las dos campanas de la historia (como si sólo hubieran dos versiones o visiones de la misma).

De todos modos, y sin prestarme a la teoría de los dos demonios, me pregunto: ¿Cuál es la parte que falta contar?

Es sabido ya que nunca existieron dos demonios,aunque los ejecutantes de su voluntad son legión. Sólo hay uno. En aquellos años, oculto bajo la forma de un inculto estado policial, deshonró el derecho y la virtud de la humanidad persiguiendo, vejando, torturando, matando y desapareciendo sueños y personas que los portaban.

“¡Bárbaros! ¡Las ideas no se matan!”, decía uno de los promotores del desierto de sueños que dejaran otros genocidas de la Patria, poblada hasta las arterias heladas de mujeres y hombres, desde el origen, allá por 1879.

Y de la supresión de sueños jóvenes se trata cuando se habla de los años 70. De sueños jóvenes y de jóvenes, porque sólo los jóvenes se le atreven a los sueños y a una vida mejor que la que tenemos, estancada, si no empujamos a puras sonrisas y caricias el abominable presente que se atribuye el derecho de admisión -por parte de los poderosos,que tienen más poder que los gobiernos- al salón de los juegos colectivos en donde podríamos ganar todos si logramos abolir los privilegios de unos pocos.

En San Nicolás es fácil hablar de los civiles y militares golpistas y hasta reivindicarlos. En cambio “no da” o da miedo mencionar a los que se opusieron al oprobio. No se escuchan voces disidentes denunciando la vergüenza que fueron las muertes innecesarias e injustas.

Leyendo una antología publicada en nuestra ciudad encontré un texto que quiero compartir con ustedes. Habla o hace hablar a un “innombrable” por haber estado en la resistencia al régimen autoritario que arrasaba toda nuestra América Latina.

Es ésta la parte de la campana que hace falta escuchar.

“Mientras escribo estos manuscritos, aún siguen buscando mi cuerpo. No sé si lo encontrarán alguna vez. Lo cierto es que la muerte me encontró en el medio del horror, y ni siquiera tengo la esperanza de que el jurado crea que mi nombre debe figurar en una antología sobre los grandes personajes de esta ciudad. ¿Cómo decidir si Benito Urteaga, el guerrillero, es una rapsodia nicoleña o es ese tumor que quisieron borrar en los impecables días de lucha?
Un tumor. Una raíz podrida que ensució la urdimbre del tejido social, en aquel tiempo en que la muerte era un pan violeta sobre la mesa de todos, una gangrena que no se podía detener, porque nacía de los ovarios y los testículos de los nuestros.

Pero, tal vez, fui un hombre que buscaba otra forma de justicia. Un ángel inquietado por la furia de los desposeídos. Por la hambruna acumulada de los que vivían en casuchas miserables. Esos explotados de los que hablábamos con los amigos, alrededor de un vino. Hasta que alguien dijo que había que tomar las armas y surgimos de las palabras, para estallar en un enorme hongo de violencia.
Y fuimos violentos y violentados. Inquisidores y verdugos. Fuimos, quizás, solamente un grupo de jóvenes confundidos por una sociedad de valores trashumantes. Un grupo de muchachos que convirtió en batalla pública su propia batalla interior, ese descontento que nos hizo peregrinar las búsquedas porque no podíamos conformarnos con lo establecido.

Por eso corrimos detrás de un sueño, de una razón de vivir por la que uno pueda quedarse a la intemperie, con los huesos abiertos y la sangre en llamas. Y dos décadas después, quienes me lean (si es que me dejan formar parte de esta antología) podrán tener su propia opinión sobre mí. Podrán reivindicarme o condenarme, pero nunca decir que he sido un mercenario.
No sé porqué tengo necesidad de hablar. Es que estoy recordando fotografías del pasado. Mis caminatas por las calles nicoleñas. Mi guardapolvo y mi portafolio cuando iba a la escuela. Mi paso por el Colegio Nacional, y aquella despedida de soltero, cuando me dejaron desnudo en Savio y Ameghino, cuando me rodearon muchos de los que después me negaron. Y sin embargo no los juzgo, porque parecía que estaba infectado todo lo que tenía que ver conmigo, en aquellos años que me buscaban para convertirme en estandarte o en trofeo de guerra.
Y no volví ni para pedir perdón, ni para levantar mis banderas. Solo para recordarles que formo parte de la historia nicoleña. Nací de ustedes y viví entre ustedes. Soy un nudo en la memoria de mi gente.”

jueves, 19 de julio de 2012

Isabel Carlucci de Fina




Otra identidad ha sido corroborada por los trabajos que se realizan en el Cementerio La Piedad. Restos que ahora se sabe bien son de Isabel. Tenía 23 años Isabel Carlucci de Fina cuando fue secuestrada y asesinada en agosto de 1976. Su cuerpo fue arrojado al río, emergió y luego fue enterrada como NN en La Piedad. Su hijo Iván habló con Rosario/12 sobre la historia recuperada.

[José Maggi] Isabel Carlucci de Fina, tenía 23 años el 10 de agosto de 1976 cuando fue secuestrada por un grupo del Ejército en Capitán Bermúdez. Al igual que Marité Vidal su cuerpo apareció flotando en el río Paraná en setiembre del mismo año -con evidentes signos de tortura y un embarazo de seis meses cuyo destino es incierto- y fue sepultado como NN en el cementerio La Piedad. Luego de un arduo trabajo de dos años y medio la fiscal federal Mabel Colalongo y Miguel Nieva del Equipo Argentino de Antropología Forense, la identificaron y entregaron sus restos a su hijo Iván Fina, abogado y responsable local de la oficina de Abuelas.
La causa se inició a partir de un relevamiento realizado por la Unidad de derechos humanos en los libros de registro del Juzgado Federal Nº 1 de Rosario que incluían el período 1975 1983. A partir de allí surgió la existencia de dos causas ubicadas en septiembre de 1976 por la aparición de dos cadáveres en el Río Paraná: el del 10 de setiembre resultó ser Isabel Carlucci y el del 12 Marité Vidal.
La causa actual se inició puntualmente en el mes de octubre de 2009, luego del relevamiento de la documental, los informes de rutina y se designó perito a Miguel Nieva: “En este caso puntual no se tomaron huellas dactilares ya que los cuerpos estaban en avanzado estado de descomposición y no era posible hacerlo. Por lo tanto se realizó solo una autopsia, y se enterraron como NN en el cementerio La Piedad”, explicó el antropólogo. “Y si bien las autoridades del cementerio decían que los restos ya habían pasado al osario, teníamos indicios de que no hubiese concretado, por lo cual excavamos estas dos sepulturas. Había restos diversos, y se separaron a aquellos pertenecientes a una mujer de poco más de 20 años”, agregó Nieva. En el mes de mayo de 2010 exhumó las sepulturas Nº 131 del Solar 75 que contenía los restos de Carlucci y el 135 Solar 75 donde estaba Marité Vidal, recuperándose los restos óseos correspondientes.

Según especula Nieva se optó por esta forma de “disposición final tal vez porque los cuerpos tenían signos de violencia muy fuerte y no podían aparecer en un enfrentamiento fraguado, por lo cual se decidió arrojarlos al río, envueltos en lona, fondeados con pesos atados. Y por alguna razón, el mismo río los devolvió y los sacó a flote. Es cuando la Prefectura los rescata del agua, y deja constancia en la comisaría del hecho”.
En el mes de julio de 2010 asumió la doctora Mabel Colalongo como titular de la Unidad. El 22 de setiembre se agregaron los partes de inteligencia del Archivo Intermedio del Archivo General de la Provincia de Santa Fe, cuyas copias fueron obtenidas por la fiscal. Se trataba de toda la documentación allí obrante, a partir de las cuales se pudo acceder a documentación confeccionada por la llamada “comunidad de inteligencia”. La documental fue analizada por su secretario Andrés Montefeltro.
El parte puntual del caso Carlucci indica “Informe de Inteligencia Diario Nº 3128/1976, fecha el 10.09.1976 al 13.09.1976. 3. Factor subversivo: a. Unidad Regional II (Rosario). (…) 4. Cadáver: a) El 11set76 personal de la Seccional 11º. Con colaboración de la Prefectura Naval Marítima de la ciudad de Rosario, procedieron a sacar de las aguas del río Paraná a la altura de la calle Gutiérrez, un cadáver del sexo femenino…”
Dentro de las medidas tomadas en el expediente se requirieron informes sobre el personal de la Comisaría 11º, informes de las empleados y jefes del Registro Civil que intervino en la partida de defunción NN, se tomaron testimoniales a los peritos odontólogos que oportunamente habían hecho la pericia sobre el cadáver: Pedro José Bollini y Donaldo Juan Feser y asimismo a quien en la época de los hechos era el director de la morgue Oscar Gervasio Sánchez.

En junio de 2011, Nieva presentó el informe de identificación correspondiente y se le notificó al hijo de Isabel Carlucci. El 30 de mayo de 2012 se concluyeron la totalidad de las medidas y se notificó a los familiares para entregar los restos.
Su hijo Iván la recuerda a su manera. “Isabel era mi mamá con todo lo que eso implica: la persona que me deseó, que junto con mi papá, hacían lo que pensaban para darme un futuro mejor. Uno sabe que estas cosas duran para siempre, más allá de lo que suceda. Isabel tenía 23 años, era militante del PRT/ERP, al igual que mi padre Víctor Hugo Fina. Mi madre era estudiante de Ciencia Política, y una mujer muy linda y muy querida”.
“Mi madre era empleada administrativa en Capitán Bermúdez de un taller mecánico que era como un service de autos de una concesionaria, que era de su cuñado y mi tío Roberto Mondoni. La firma era Antonio Mondoni SRL. Según me contaron fue un operativo bastante grande, llamativo en una ciudad pequeña, todos vieron algo y contaron. Un poco lo que pude reconstruir es por sus relatos. En principio lo que supe es que ese día la van a buscar, en un primer momento la confundieron con otra persona, y finalmente se la llevaron”.
La historia de Isabel, sin embargo sigue arrojando una duda sobre su hijo: el embarazo de seis meses que cursaba. “Era un embarazo avanzado pero tal vez no lo suficiente para dar a luz, más aún en las condiciones en las que debe haber estado. Por otro lado tampoco hay manera de afirmar científicamente, que este embarazo no se concretó, así que la posibilidad sigue abierta y mi sangre así como la de toda mi familia seguirá en al Banco de Datos Genéticos”, reconoció Iván.

Paralelamente la justicia federal siguió investigando las responsabilidades sobre las muertes de Carlucci y Vidal. Se remitieron los antecedentes a la causa “Klotzman…y acumulados”, a la que oportunamente se había acumulado la causa “Diaz Bessone, Ramón Genaro sobre privación ilegal de la libertad y homicidio a partir del pedido de la fiscal Colalongo en febrero de 2011, y que Rosario/12 publicara el 13 de marzo de 2011 bajo el título “Los últimos días del Ejército Revolucionario”.

Por todos estos hechos denunciados en febrero de 2011 que se acumularon a Klotzman- entre ellos los de Carlucci y Vidal al día de hoy se encuentran procesados: Jorge Rafael Videla, Ramón Díaz Bessone, Julio Ezequiel Franciulli, Eitel Aramis Ferreira, José Javier De La Torre, Alfredo Sotera, Jorge Alberto Fariña, Heriberto Lavallén, Marino Héctor González (Comandante de Cuerpo, Estado Mayor de II Cuerpo, integrantes del destacamento de Inteligencia 121) y Jorge Alfredo López, y los ex policías Federico Almeder y Rubén Oscar Jaime, Langlois, Lopez y Coronel. A su vez, se apeló la falta de mérito de otros cinco militares imputados: Horacio Guillermo Canestro, Edgardo Antonio Faur, Roberto Oscar Galuppo, Roberto Fossa y Enrique Benito Laurenti. También fue ordenada la detención de otros integrantes de la Policía Federal. Todos ellos por privación ilegal de la libertad, tormentos agravados, y homicidio entre ellos de Isabel Carlucci, Victor Fina, Marité Vidal, entre otros