viernes, 6 de abril de 2012

En memoria de Watu

La Universidad Nacional del Sur (UNS) homenajeó al dirigente de la Federación Juvenil Comunista y de la Federación Universitaria del Sur, David “Watu” Cilleruelo, asesinado a los 23 años en los pasillos de la UNS, en un operativo vinculado a la Triple A. 

El hecho ocurrió el 3 de abril de 1975, cuando la institución estaba bajo el amparo del rector interventor Remus Tetu. Durante la ceremonia, realizada el martes pasado, amigos y ex compañeros de Cilleruelo descubrieron una imagen y una placa en el mismo edificio en donde el estudiante fue asesinado. 

La imagen de Watu fue realizada mediante la colocación de cuadrículas hechas por el grupo Arte Memoria Colectivo. También se inició la campaña “Justicia por Watu”, que consiste en la recolección de firmas para presentar ante el Consejo Superior de la universidad y pedir que la UNS se presente como querellante del caso.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Acto homenaje a los compañeros desaparecidos Hospital Posadas

A 36 años del golpe de estado:

Plaza de los trabajadores de la salud detenidos desaparecidos

Hospital Posadas

lunes, 26 de marzo de 2012

Flores para la Tera

Homenaje de un hijo a su madre, ex detenida desaparecida.

Exhumada de una tumba sin nombre e identificada por el Equipo Argentino de Antropología Forense, Silvia Giménez será enterrada hoy en el cementerio de La Plata.

 Por Diego Martínez

Emiliano tenía 15 meses el día que una patota militar secuestró a sus padres. 29 años después el Equipo Argentino de Antropología Forense le informó la identificación de su mamá, Silvia Giménez, enterrada como NN en el cementerio de Avellaneda. Esta semana convocó a organismos de derechos humanos y organizaciones populares a rendirle homenaje. “Si cada una de las historias de los 30.000 desaparecidos se escribe desde una confusa y anémica memoria que niega su condición de revolucionarios, de sujetos que disputaron el poder por la liberación política y social de la Patria, si no tenemos la estima por las nubes al decir que fueron cuadros políticos estratégicos, soldados de una causa colectiva e irremediablemente justa, estaríamos volviendo a matarlos”, escribió. La cita es a las 11 en el cementerio de La Plata.

Silvia nació en Coronel Pringles pero de niña llegó a Bahía Blanca. Estudió en el Colegio Nacional, donde este verano sus autoridades taparon un mural de los alumnos que recordaba la Noche de los Lápices. En la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur conoció a Raúl Guido, “el Tero de Huanguelén”. Se enamoraron, pasó a ser la Tera y se mudó al Barrio Universitario, una manzana de chalecitos recuperados para los estudiantes del interior que pronto se convirtió en centro de actividad política. Sus primeros rastros de militancia constan en Graphos, revista del Club Universitario. Escribió sobre educación en Cuba y derecho a la salud. Emiliano heredó el oficio: en 2005 recibió el premio José Martí de la agencia Prensa Latina. Sus amigos la recuerdan seria, sólida en sus convicciones y de extraordinaria belleza.

En junio de 1973 acompañaron a la JP a Ezeiza y se terminaron de convencer de que la revolución no pasaba por Perón. El día del golpe en Chile la recuerdan con la bandera del Frente Antiimperialista por el Socialismo marchando junto a inmigrantes humildes que en Bahía llaman “chilotes”, el viento y la lluvia arrancándole el cartelón de las manos frente a la nutrida custodia del diario La Nueva Provincia, exultante puertas adentro. Los buchones locales no tardaron en ficharlos. En junio de 1974 Silvia contrató los colectivos que transportaron a 300 bahienses al congreso del FAS en Rosario. En septiembre Raúl reconoció en la morgue el cadáver de Luis Jesús García, fusilado por los matones del diputado Rodolfo Ponce. Sin garantías y con Raúl incorporado al PRT, a fin de año se trasladaron a Mar del Plata. Silvia se proletarizó en una fábrica de conserva de pescado y Raúl intentó sostener la prensa del partido, pero las medidas de seguridad de la regional hacían agua. A partir de información transmitida desde Bahía Blanca por el comisario Juan Nelo Trujillo los represores marplatenses supieron dónde vivían. Se tomaron un mes para reconstruir la red de contactos. El 19 de junio de 1976 miembros del Grupo Argentino de Defensa Antiaérea 601, en tres autos sin patente, los secuestraron junto a otras siete personas. Según la investigación del EAAF, es probable que hayan sido trasladados al Pozo de Banfield.

Emiliano se crió con sus abuelos maternos. Además de la tragedia personal padecieron el bloque militar-eclesiástico-civil de Bahía Blanca, que con escasas fisuras persevera en su indiferencia cómplice ante el genocidio. A partir del llamado de algún militar aburrido, Norberto esperó dos días en un andén de Constitución, con un pañuelo rojo en el bolsillo del saco, que alguien retirara el bolso con ropa para Silvia. Aurora marchó junto a las Madres, sufrió los apagones en plaza Rivadavia, los huevazos desde edificios navales y el rechazo del arzobispo Jorge Mayer, que el Día de la Madre no toleró los pañuelos blancos y las echó de la Catedral. Criaron a su nieto en medio de la peor hostilidad. Cuando lo supieron fuerte y emigró a La Plata, la tristeza se los devoró.

“Nadie pudo separarnos”, escribió Emiliano sobre sus padres. “Cuando la historia oficial los quiso demonizar, cuando la moral media de la sociedad los reducía a un grupo de jóvenes manipulados, muchos, casi como un mandato necio de los genes, seguimos diciendo que estamos orgullosos de ellos.” En la postdata pidió por favor llevar flores para la Tera.

Marie-Anne Erize

La militante modelo
(1952- Desaparecida desde 1976)

Por Flor Monfort

“Quiero esto, quiero mucho más/Quiero hijos con temple, llenos de coraje/ Para romper los vestigios/De un mundo mediocre/ Que sus padres no terminaron de cambiar.” El poema es de Marie-Anne Erize y fue rescatado en la investigación que hizo el periodista Philippe Broussard para juntar las piezas de la vida de esta militante de Montoneros, desaparecida desde el 15 de octubre de 1976. Los 24 años de su historia se pueden leer en La desaparecida de San Juan (Planeta), donde Broussard desanda su camino: una chica de clase media, de origen franco argentino, que se crió al lado de la selva misionera en un paraje llamado Wanda, con su papá, su mamá y sus cinco hermanos, donde no tenían agua corriente ni luz eléctrica. Su papá fue mutando oficios, tuvo un almacén y se convirtió en pequeño empresario, logrando mudar a su familia a Buenos Aires. Boulogne, Ciudadela y finalmente la Capital, donde los Erize se asentaron en Belgrano para que los más chicos terminen la escolaridad en el Liceo Francés Jean Mermoz gracias a una beca. Pero Marie-Anne había cursado su secundario en provincia, pupila en las órdenes del colegio Inmaculada Concepción, dirigido por las hermanas Azules Castres, una congregación de origen francés. Ahí se recibió de maestra, empezó a misionar y recorrió el país como scout (donde aprendió a “encender el fuego, armar una carpa, pescar con una botella, hacer sopa con raíces”), siempre bajo el brazo de la comunidad francesa en Argentina, que protegía a sus hijos del país elegido pero inestable. Lo hacían prohibiéndoles hablar en español en la casa, rezando, enseñándoles geografía francesa, cuenta Broussard.

Pero la particularidad de Marie-Anne es que tuvo un pie en dos mundos aparentemente difíciles de conciliar: el de la militancia y el de las pasarelas. Fue tapa de Gente en 1972, primera princesa del concurso que la revista Siete Días hizo durante tantos años (concurso del que salieron muchas modelos conocidas), Miss Punta del Este, desfiló con Manuel Lamarca (cuenta él que Marie-Anne hablaba abiertamente de su militancia en la JP y que todas sus amigas modelos, Teté Coustarot incluida, lo conocían y tomaban con total naturalidad), filmó comerciales de Jockey, de Avianca, participó como actriz en una película, iba a bailar a Mau Mau y estaba en todos los desfiles de alta costura que se hacían en Buenos Aires por esa época.

Broussard (periodista de Le Monde hasta 2005) mezcla los testimonios y documentos que fue recogiendo con cartas a la madre de Erize, a quien conoció en 2001, cuando empezó a rastrear la historia de una de las 15 desaparecidas de origen francés de nuestra última dictadura. Se disculpa con ella por las intromisiones (sobre todo por tomar el testimonio de Daniel Rabanal, líder de la FAR y novio de Marie-Anne hasta el final, a quien la familia culpa de haberla “metido” en el barro de la militancia dura) y le cuenta sus hallazgos, como los poemas.

Broussard no lo escribe directamente pero pone blanco sobre negro en un tipo de historia que hoy sorprende, aunque no debería: la militancia joven no era una excepción de nicho ni se cocinaba solamente en ambientes universitarios. Las ganas y el fervor de cambiar las cosas se habían colado en todos lados, e incluso una mujer hermosa hablaba de sus ideas, hasta donde pudo. “En la Argentina de esos años, esa actitud comprometida no debe sorprender. En el campo, ligas agrarias desafían a los propietarios de tierras. En Córdoba, los obreros se rebelan. En las parroquias de Buenos Aires, miles de jóvenes de las clases medias colaboran con los ‘curas del Tercer Mundo’ en su acción a favor de los pobres. Por todos lados, reuniones de acción y reflexión se organizan en las villas miseria, que los poderosos desprecian” le explica a Françoise Erize y con ella a todos los franceses (para quienes en definitiva está escrito este libro, donde nuestra historia parece expuesta como en un manual para chicos de primer grado).

En el ’73, Marie-Anne se aleja de los flashes y se vuelca de lleno al trabajo social, está de novia con un veterinario a quien lleva de noche y con los ojos vendados a curar a algún compañero ya de Montoneros, a poner una inyección, por los pasillos de la villa o los de la clandestinidad. Con el Padre Carlos Mugica trabaja fuerte en la Villa 31, que en ese momento tenía 5000 habitantes (siempre según Broussard) y se emplea en Austral como administrativa, hasta que en 1975 pidió ser transferida a Mendoza, adonde estuvo escondida hasta febrero de 1976, fecha en que su novio fue detenido por robar un coche. Se deslizó a San Juan y el 15 de octubre se la llevaron tres tipos de civil de la puerta de una bicicletería. Pocos días después, su familia en Capital recibiría la visita de quince armados que revolvieron la casa y se llevaron todo lo que ella guardaba ahí todavía.

Dijeron que Marie-Anne estaba condenada a muerte. Pirú, como le decían en Montoneros, se había anotado en Antropología pero no llegó a cursar una materia, el ardor militante la entretenía en el campo de batalla, en donde ella creía que tenía que estar. No es de extrañar que otras y otros que estuvieron en las páginas de Gente y Siete Días compartieran esa tarea. Tal vez 36 años es suficiente para que también esas historias salgan a la luz.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Un Jardín en las tierras de Juan Chelemin (*)


Ya voy llegando. Están allí. Hermosos cerros donde los colores térreos se mezclan alegremente con el verde de sus jarillales y cardonales, como guardianes del tiempo, custodian un bello pueblo llamado Belén. Enclavado en el oeste catamarqueño ese Belén querido, de gente alegre, dulce y buena me espera para el reencuentro. Después de 43 años vuelvo a sus tierras; siento que algo me llama y todavía no sé qué, o quién, ni por qué. Cálidas lágrimas humedecen los ojos de mi negra, mi compañera de ruta en este desandar de caminos, impactada quizá por el encanto de ese incomparable paisaje que kilómetro tras kilómetro comienza a embriagarnos.Todas las imágenes de aquellas Kacharpayas en siesta de plaza que nos despedían hasta el año que viene, hasta el próximo festival (1), salen de mis recuerdos, se agolpan en mi mente como diciendo ¡aquí estamos! una vez más. Ramitas de albahaca, harina y “agüita” decían ¡presente! aunque no fuera carnaval. El bandoneón de Fanor Agüero empieza a sonar y las voces del “Gringo Veliz, de “Perico” Romero, del gordo “Naco” Rueda inundan el aire con su trinar. La “Gorda” Castellano con su pelo azabache jugando al viento al escuchar los primeros acordes se hecha a danzar y sus preciosos ojos oscuros cautivan a más de uno que se mueren por ella al verla bailar. La Nuri Teme pasea sus perfectos y maravillosos encantos perfumando la plaza en aquel fin de festival. Hermosos momentos que con sus dulces aromas embelesan mi alma con solo recordar.Ya vamos llegando, cruzamos por Londres (2), un Londres que es nuestro; que tiene en su suelo, a 3 kilómetro de su plaza central, las ruinas del Shincal. Segunda capital del Tahuantinsuyo Incaico después del Cuzco, nos esperan encerradas en un profundo silencio, guardando el mensaje que nos tienen que dar.Me trajo mi “negra”, enamorada ella de todo eso que es mi sublime Catamarca natal. Aunque celosa de mis recuerdos, se prende al placer que me transporta en el tiempo y me acompaña en la emoción por volverme a encontrar con parte de mi vida, hecha  hoy recuerdo que vuelve despacito y con ganas de saludar.EL LLAMADOInvitado por la colega Gloria Robles –oriunda del lugar-, docente de las “escuelas del norte chico”, para dar una charla, humildes disertaciones en las que intento socializar lo poquito que conozco sobre educación, me encontré con lo que me estaba llamando.Con sus 64 años y el peso de una negra historia en sus ojos se sentó frente a mí y comenzó a contarme lo que siempre esperó salir a la luz; esa historia que me estaba esperando.Se llama Fresia Borda, y a Nelli Yolanda (la “Yoli”), su hermana, se la tragó esa serpiente de mil cabezas de nombre “Dictadura” y apellido “Militar” un 27 de enero de 1977.“Eran más o menos las 4 de la mañana de aquel 27 de enero cuando de pronto empezamos a escuchar gritos por todos lados. Las puertas de mi casa estaban abiertas como solían estar las puertas de todas las casas de un pueblo como este. Acá no había temores como para cerrarlas porque todos nos conocíamos. Nadie desconfiaba de nadie. Las puertas y ventanas abiertas siempre permitieron la entrada de las brisas refrescantes en las cálidas noches de verano.Tipos encapuchados y a los gritos ingresaban a las habitaciones y encandilándonos con sus linternas y pegándonos culatazos con sus armas nos sacaban al patio poniéndonos contra la pared.La casa estaba llena de gente, de pariente porque días antes se había disfrutado de un casamiento familiar.A todos nos fueron preguntando el nombre. Lo hacían de a uno y a los gritos, hasta que llegaron a mi hermana. Cuando ella dijo el suyo la agarraron de los pelos, la sacaron de la casa, la introdujeron en uno de los 2 “Renault 12” en los que habían llegado y partieron hacia el lado de Londres.Cuando dimos aviso a la policía pudimos comprobar  que todo estaba coordinado; ellos nada podrían hacer ya. En Londres estaban estacionados camiones del regimiento 17 de Infantería de la Provincia de Catamarca con tropas cubriendo la retirada de los Renault. Luego y para disimular, esos camiones del ejército llegaron a Belén y realizaron varias requisas domiciliarias con el pretexto de andar buscando traficantes de droga. Un militar conocido de la familia enterado del suceso se dirigió hasta responsable militar del operativo – el Mayor Basso- para preguntarle sobre el destino de Yolanda, recibiendo como respuesta que se trataba de ordenes superiores que venían de Tucumán y del Tercer Cuerpo de Ejercito; y le aclaró que era mejor que no preguntara más ni averigüe nada más; que lo mejor era que se olvide del suceso y de lo que había visto.Siempre intuimos que hubo cómplices en el pueblo. En esos años aquí había un intendente con alma milica; el «Chichi» Jais. La duda nos sigue acompañando. Nos quedó la espina de saber si no fue él quien “denunció” que mi hermana estaba aquí.”Fresia entrecruza constantemente sus manos con cierto nerviosismo como si aquellos horribles momentos estuvieran a punto de volver aterrorizando nuevamente el presente. Por momentos sus ojos se nublan por las lágrimas que trata de esconder como puede mientras intenta hacer pasar por su garganta ese nudo que en ocasiones hasta suele quitar la respiración.Luego continúa.“La Yoli estudiaba el Doctorado en Química en Tucumán y militaba políticamente en el PRT. Trabajaba de maestra en Tafí del Valle y era muy querida por la gente del lugar. Tan es así que cada 2 x 3 la elegían como madrina de bautismo de niños recién nacidos o de primera comunión. Nosotras andamos buscando a esos ahijados de la Yoli para conocerlos.Ella tenía una gran amiga que era novia de un policía. Pensamos que fue esa chica la que la «señaló» y la entregó.Cuando le pregunté sobre qué hicieron para buscarla, escuché un relato no muy distintos a los conocidos y contados por víctimas y/o familiares que intentaron encontrar a los suyos que se habían transformados en desaparecidos; el mismo discurso con los mismos argumentos en bocas de obispos cómplices y jefes militares cobardes; algo que se volvió una constante en boca de estos nefastos personajes.“Le mandamos muchas cartas a Menéndez (Luciano Benjamin) y jamás recibimos una respuesta. Primatesta tampoco presto atención a nuestros reclamos. Los que nos atendían, incluido Primatesta, siempre nos dijeron lo mismo ¿Por qué no nos preocupamos antes en saber en qué andaba nuestro hijo, hija para el caso de mi mamá?”En algún momento, ustedes ¿tuvieron alguna noción adonde podría estar Yolanda?“Un conocido nuestro, Tucumano – el Turco Asaf-, nos contó que en uno de los tantos allanamientos que se realizaban en Tucumán el cayó detenido y que a pesar de los inconvenientes, en uno de los centros clandestinos de detención que tenía la dictadura el alcanzó a verla; la reconoció y estaba seguro que era ella. Después no supimos más nada.Pero volviendo a Primatesta te quiero contar una anécdota que lo pinta de cuerpo entero. Nosotras solíamos ir a la Iglesia con los pañuelos blancos en nuestra cabeza. Primatesta dio la orden a los curas que no arrancaran con ninguna misa si nosotras no nos quitábamos nuestros pañuelos blancos. Como no lo hicimos, iglesia donde íbamos con nuestro pañuelo, cura que suspendía la misa.Solo el «Padre» Urquiza (un párroco lugareño) fue el que siempre nos alentó para que nunca cejáramos en nuestra búsqueda.”Cuenta la Historia que “El Tigre de los Andes” –así lo llamaron al cacique Calchaquí Juan Chelemin- fue el que primero sufrió aquel castigo que con el fin de escarmentar a los seguidores de cualquier jefe indio, los españoles solían infligir a los aguerridos caciques  enemigos;  la más terrible muerte: el descuartizamiento. 150 años antes que José Gabriel Condorcanqui –Tupac Amaru II- padeciera aquel frustrado intento por descuartizarlo haciendo tirar sus extremidades por cuatro caballos sin poder lograr el cometido (al final lo decapitaron para luego despedazarlo), Juan Chelemin lo padeció.350 años después y en tierras de Chelemin volvieron a resurgir las aves negras de la muerte para llevarse otra “almita güena”. Amparadas por la cómplice oscuridad nocturna, refugio de las más cobardes acciones, aquellas aves negras se llevaron a la Yoli  Borda, una maestra y simple militante de las causas justas. Algunos podrán decir “una zurda”, como yo agregar “como Cristo”. Una zurda que solo buscaba una vida más digna para los que padecen el rigor de la injusticia social, producto de ciertas decisiones puestas en práctica por los que generalmente se “sientan a DERECHA DE DIOS PADRE y actuando en su nombre solo se limitan a cuidar sus intereses alimentado su interminable codicia.En las tierras de Belén hay una plaza, y en esa plaza hay un jardín.Tres nombres tienen sus flores, las Flores de JUAN CHELEMÍN.

Por Victor Leopoldo Martinez - Email Comment Del.icio.us Digg Reddit Technorati Furl

http://www.revistaelemilio.com.ar/?s=Un+Jard%C3%ADn+en+las+tierras+de+Juan+Chelemin&x=0&y=0


domingo, 26 de febrero de 2012

Acto con pintada de mural para reclamar la Biblioteca Vigil

Porque fue un crimen de lesa humanidad

Ex socios, directivos, vecinos y ex alumnos se reunieron a 35 años de la intervención para solicitar que se restituyan las autoridades originales. Ex presos políticos acompañaron.

Por Sonia Tessa

Ya no, pero hasta hace unos años, a Antonia Checha Frutos le preguntaban a los gritos, por la calle, los vecinos de Alem y Gaboto, "¿Cuándo les van a devolver la Vigil?". Esta mujer, que ingresó como bibliotecaria en esa experiencia inédita de barrio Tablada en 1958, a los 17 años, y llegó a integrar la comisión directiva, cree que la devolución de los bienes se demora porque esperan que ellos, los históricos dirigentes, "se mueran". Ayer, Checha participó del acto por la recuperación de la entidad popular que llegó a tener "20 mil socios, 650 empleados, 5000 vendedores y 500 cobradores", según enumera Augusto Duri, quien fuera presidente hasta el día de la intervención, el 25 de febrero de 1977. "Nuestra intención es llegar directamente a la presidenta", confía Frutos, sentada en una reposera, mientras recibe los abrazos y saludos de los vecinos que se acercan al acto. Hay mates y facturas, al mismo tiempo que el colectivo de ex presos políticos rehace sobre el pasaje Perkins el mural en recuerdo de los 28 desaparecidos que eran socios o empleados de la Vigil. Un ex socio, Marcelo Abaca, plantea con claridad que "en Vigil se usó una dinámica muy similar a lo que se hizo en Papel Prensa. Con la excusa ideológica, coparon la entidad y se apropiaron de todos los bienes". Por eso, esperan que les "toque el turno, en el marco de las políticas de este gobierno de derechos humanos y reivindicación".

El 10 de mayo de 1977 ocho integrantes de la comisión directiva fueron detenidos ilegalmente por ocho meses, hasta el 24 de diciembre. Sufrieron torturas, mientras el interventor liquidador --Sócrates Alvarado-- despojaba a la Biblioteca de los cuantiosos bienes. Uno de los tantos inmuebles, en la manzana de Alem, Ayacucho, Amenábar y Gaboto, fue vendido a un precio vil al Ingenio Ledesma. Por eso, en noviembre pasado los ex directivos, socios, vecinos y ex alumnos se presentaron a la Justicia Federal para que se considere la liquidación de la Biblioteca como un delito de lesa humanidad. Piden la nulidad del decreto y resoluciones que en 1977 determinaron la intervención y la liquidación, así como la reivindicación de la comisión directiva, y el reconocimiento de los socios existentes entonces. También solicitan la "devolución de la totalidad de los bienes muebles e inmuebles robados por la dictadura genocida".

En tanto, esperan que el juez Marcelo Bailaque tome las medidas pedidas por el fiscal Gonzalo Stara en noviembre pasado. Una de ellas es la remisión del expediente de liquidación, que tramita --desde 1977-- el juzgado civil y comercial 14 de los tribunales provinciales. "Somos récord nacional, es el expediente más antiguo de todo el INAES", afirma Abaca.

En 2008, el Instituto Nacional de Economía Social (INAES) decidió la normalización, y nombró como interventores a Carlos Merli, Juan Lombardi y Francisco Dallo, pero esa gestión aún no convocó a asamblea de socios. "Sólo nos devolvieron un número, el de la personería jurídica, pero ni siquiera reconocieron a los que éramos socios, tuvimos que volver a asociarnos. Y pagamos 15 pesos por mes para nada, porque ni siquiera llamaron a asamblea", afirma Frutos. Otro de los reclamos que levantan los ex directivos, socios, vecinos y ex alumnos es la nulidad de esa resolución de INAES, porque "avala lo actuado por la intervención cívico-militar y desconoce a los socios y directivos existentes a 1977, constituyéndose así en continuadora del genocidio cultural".

El acto de ayer no fue multitudinario como el que convocó a 10 mil personas en 2004, aunque los reclamos son los mismos. "La sensación mía es que esperan que los ex directivos que quedamos desaparezcamos. Somos los malditos, porque fuimos capaces de romper con normas establecidas y generar un cambio. Este barrio cambió con la Biblioteca", dice Checha Frutos.

Si hay una figura emblemática de lo que fue la Vigil, ése es Duri. "Nosotros estimamos que este procedimiento de meter presos a ocho miembros de la comisión directiva, entre los que estaba el presidente, el vicepresidente, el tesorero, el primer vocal y los cuatro integrantes de los órganos de control, tenía la función de impedir la reorganización de la biblioteca con sus propios asociados --rememora Duri--. La liquidación no obedecía a ningún hecho económico concreto, sino que teníamos un momento financiero bastante crítico por el Rodrigazo. Así y todo, el capital de la institución era cuatro veces superior a la deuda que se originó por este motivo. La liquidación no correspondía. Fue falaz, un invento para quedarse con la institución al estilo de Papel Prensa".

El acto de ayer tuvo un condimento especial con la pintada que recuerda a los 28 socios y empleados de la Vigil que están desaparecidos. La pared del pasaje Perkins los menciona uno por uno, bajo el lema que identifica al Colectivo de Ex Presos Políticos: "Murieron para que la Patria Viva". Al lado de cada nombre figura la agrupación en la que militaba cada compañero. Mónica Garbuglia, integrante del Colectivo, quien afirma que la pintada del mural --el número 55 que hacen en la ciudad-- "es por la memoria, para que los compañeros no estén invisibilizados, pero por otra parte apoyamos la lucha de Vigil y pedimos que les devuelvan todo lo que les pertenece".

domingo, 12 de febrero de 2012

Para Clara, de tu abuela Chicha

Clara, en esta foto estan ustedes 3 juntos. Estan en Gonnet, en casa de tu abuela Chicha. La foto la sacó ella misma..casi todas las fotos las han sacado tu abuelo Mario Teruggi y Chicha. Tendriamos muchisimas más, pero los militares, después de destrozar tu casa y la de Chicha, se robaron todas.

Diana, tu mamá, nació en La Plata el 3 de diciembre de 1950 y era la mayor de 4 hermanos. De chica fué a la Escuela nº 1, el secundario lo hizo en el Liceo Victor Mercante de la UNLP y luego estudió Letras en la facultad.

Daniel, tu papá, nació en Mendoza el 11 de enero de 1948 y fué único hijo. Estudió en la facultad de Cs. Económicas de la UNLP donde se graduó como Licenciado en economía.

Ellos hicieron las primeras denuncias de la historia contra la dictadura sobre las desaparición de personas, torturas, asesinatos, falsos enfrentamientos, censuras, campos de concentración, vuelos de la muerte... y lo continúa haciendo tu abuela Chicha