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domingo, 11 de noviembre de 2018

40 largos años. En muchos casos TODA UNA VIDA, la vida transitada por nuestros hijos.

 1978 - 10 de noviembre - 2018

40 largos años. En muchos casos TODA UNA VIDA, la vida transitada por nuestros hijos.

1978, en medio de un difícil contexto sentimos un soplo de felicidad, en un principio con la llegada de nuestros hijos, luego, el horror se hizo presente. La desaparición de Ricardo. Peor que la muerte.

40 años que nos convirtieron en luchadores, en testimoniantes y a veces en seres encerrados en un silencio aterrador. Cada uno transitó la vida como pudo.

Nos llenaron de energías el ejemplo de los compañeros así como la coherencia y constancia de las MADRES.  Siempre nos encontramos en las calles haciendo realidad eso del “Codo a codo”. 

Hoy seguimos y seguiremos en los Tribunales exigiendo Justicia; en las marchas con sus banderas, en la MEMORIA… porque no olvidamos: una y otra vez sacamos a la luz sus nombres, los recordamos, los honramos. 

Acciones para mantener la MEMORIA.

En el último aniversario de su desaparición presentamos un libro en la FADU que recuerda a los 117 compañeros que pasaron por las aulas de ARQUITECTURA. Entre ellos se encuentra Ricardo.

Darío Coronda, impecable muralista, dejó retratados los rostros de Riki y Yoyi. Nos acompañan y siguen con su mirada nuestro andar, dándonos fuerzas para seguir.

Construimos nuevamente una baldosa que marcará sus pasos y sus historias en el domicilio de donde fueron arrancados de la vida, de los proyectos, del amor, de la militancia. Parece increíble pero el paso del tiempo hace que se borren las letras de la anterior pero ahí estamos para volver a escribirlas. 
Justamente pensábamos colocarla este día 10 de noviembre, circunstancias ajenas a nuestra militancia hicieron que cambiemos la fecha. Lo haremos el 8 de diciembre próximo a las 18.00 horas en el barrio de Palermo. (Borges 1745).

Y así seguimos andando. Como todos los años, este día es un DÍA de recuerdo, de compromiso, de reafirmar el espíritu de lucha para seguir exigiendo por ellos y por todos los compañeros: CONDENAS por GENOCIDIO, CÁRCEL COMÚN Y EFECTIVA para los GENOCIDAS.

¡NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS Y NO NOS RECONCILIAMOS!

¡RICARDO, YOYI, TITIN Y DINA PRESENTES!
¡Hermano te abrazo! ¡HASTA LA VICTORIA!

Lidia Frank, hermana de Ricardo Alberto Frank.
Nota escrita para el diario La Opinión de Trenque Lauquen 10-11-18

viernes, 20 de octubre de 2017

Malditos, malditos sean. Andrea Benites-Dumont 18/10/2017

Malditos, malditos sean. 

No se cumplen aún tres meses del secuestro y desaparición de Santiago Maldonado en manos de la Gendarmería, y después de mentiras, difamaciones, infundios… hoy emerge la verdad de la muerte de Santiago en el cuerpo que asoma en el río.

Desde el 1 de agosto hemos denunciado y hemos exigido Aparición con vida de Santiago Maldonado, porque vivo lo llevó la Gendarmería, y vivo lo reclamamos en cada momento, en cada acto, marcha, concentración, en cada firma, en cada canción, en cada poema, en cada calle, en cada plaza…

Y en tanto, los malditos responsables y cómplices, agazapados y atrincherados en la ignominia, callaban o falseaban.

Malditos por ocultar a Santiago y hace unas horas nomás, arrojar su cuerpo al río.

Malditos por decir que Santiago no era Santiago.

Malditos por decir que se había ido a Chile, que lo habían visto en San Luis... En la dictadura, decían a las madres que su hijxs desaparecidxs estaban en el exterior. Malditos desde entonces los calumniadores y patrañeros, malditos los criminales.

Malditos por decir que la comunidad mapuche a la que Santiago se había unido para resistir la ofensiva represiva, era la culpable de su desaparición.

Malditos por allanar la casa de Santiago y de la familia, mientras manipulaban y destruían pruebas.
Malditos los que publicaron fotos de personas que decían eran Santiago en distintos puntos del país.


Malditos por cuestionar y no escuchar a los testigos, y malditos por decir que se trataba de un extravío y no de una desaparición forzada de la cuál el Estado es responsable.

Maldita la Gendarmería que con todo su armamento avanzó contra los mapuches en sus casas y contra Santiago que allá estaba poniendo el cuerpo y el compromiso contra la injusticia.

Maldito el juez que amparó a los ejecutores mientras tiraba bombas de humo contra la familia y los mapuches.

Maldita la ministra Bullrich y todos sus funcionarios secuaces, maldito el gobierno todo por su silencio infame.

Malditos los políticos que avalaron la desaparición forzada de Santiago con dichos rastreros, o los que miraron para otro lado y se callaron.

Malditos los que intentaron manosear la causa de Santiago con fines partidistas y electoralistas.

Malditos los empresarios que con la protección de diferentes gobiernos quieren usurpar las tierras de los pueblos originarios.

Malditos, malditos los represores, desaparecedores, torturadores de los pueblos, de los más humildes.

Maldito este sistema perverso y asesino basado en el enriquecimiento económico, en la explotación de lxs trabajadorxs, los que generan las riquezas y que jamás podrán disfrutar de la más mínima parte de las mismas.

Malditos todos los que sostienen tamaña pirámide de injusticias, opresiones y ultrajes.

Malditos todos los que no toleran ni permiten otra forma de vida con lazos sociales basados en valores de fraternidad, libertad e igualdad

Pero a pesar de los golpes, de las heridas que nos sangran por tantas y tantos, los treinta mil, estamos y estaremos, nadaremos a contra corriente para continuar abrazando a Santiago, y seguiremos a voz en grito exigiendo juicio y castigo a los responsables, ejecutores y cómplices.

Sólo conocemos la memoria: No al olvido.
Sólo queremos justicia: No al perdón.
Sólo pretendemos dignidad: No a la reconciliación.


Andrea Benites-Dumont
18/10/2017

miércoles, 17 de agosto de 2016

Homenaje

Por Hugo Soriani

No nombraré a ninguno porque estas líneas son para todos. Algunos ya no están porque murieron en estos últimos años, y otros murieron en prisión, fusilados por la represión o por la pena.

Voy a recordar a los presos políticos de la dictadura militar.

Eran más de diez mil personas que habían sido detenidas antes del nefasto 24 de marzo, luego ya no hubo presos políticos, solamente desaparecidos.
En esas cárceles convivieron durante nueve, diez, doce años, muchachos de veinte años, pocos más o menos, con hombres de cincuenta, a veces de sesenta, por los que los más jóvenes sentían devoción y respeto ya que venían de otras luchas, sobrevivientes de un país asolado por las dictaduras.
Ellos habían peleado contra la de Lanusse, y algunos contra la de Onganía, y contaban experiencias que los más jóvenes escuchaban con avidez, curiosidad e impaciencia.

No nombraré a ninguno porque fueron todos, los que hora tras hora, día tras día, año tras año, resistieron en conjunto la política de exterminio que se instrumentó para destruirlos. Los que inventaron un código para comunicarse en el silencio, los que violaron todas y cada una de las consignas y prohibiciones que los guardianes imponían a diario. Los que con valentía, ingenio y audacia inventaron las trampas necesarias para sobrevivir sin bajar sus convicciones.
Los que no firmaron ninguna nota de arrepentimiento, pese a las represalias.
Los que en la oscuridad de los calabozos de Rawson fueron golpeados hasta desmayarse y reanimados con agua helada en madrugadas con quince grados bajo cero, para luego dejarlos desnudos y repetir la historia al otro día, y al otro, y al otro.
Los que denunciaron sus torturas a monseñor Tortolo, en la cárcel de La Plata, y escucharon como respuesta que “Videla es oro en polvo” de los labios del monseñor. Los que escribieron minúsculas notas en finísimo papel de cigarrillos para comunicar al exterior lo que sucedía tras los muros.
Los que en días de hambre compartieron la poquísima comida.
Los que golpearon los jarros de metal contra las rejas festejando el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua, en julio del ‘79, pese a los golpes y los gritos de los guardianes, que trataban de impedirlo.
Los que lloraron la muerte de John Lennon, en diciembre del ochenta, porque junto a él imaginaron que no eran los únicos soñadores.
Los que en la cárcel de Magdalena conocieron en persona la ferocidad del general Bussi, antes de que fuera el célebre carnicero de Tucumán.
Los que fueron rehenes en Córdoba durante el Mundial bajo amenaza de fusilamiento, mientras los genocidas se abrazaban con Menotti.
Los que fueron sacados del pabellón de la muerte en la cárcel de La Plata, y sabiendo que iban a ser fusilados, se despedían de sus compañeros gritando sus consignas.
Los que sobrevivieron en ese pabellón y denunciaron lo que estaba pasando, con riesgo de sus propias vidas.
Los que en el patio de la cárcel de Córdoba vieron estaquear y morir compañeros y no bajaron la mirada, como querían los guardianes para humillarlos.
Las mujeres presas en la cárcel de Devoto, que durante años resistieron las requisas vejatorias. Esas mismas mujeres que, enteras y dignas, ya libres, escribieron un libro imprescindible: Nosotras, presas políticas.
Los que en la cárcel de Caseros vivieron hacinados en celdas miserables, sin saber cuándo era de noche o cuándo de día.
Los que no perdieron el humor, sobre todo el humor negro, y se rieron de sus propias desgracias.
Los que en julio del ‘83, en la cárcel de Rawson, con más coraje que inteligencia, decidieron acompañar el ayuno que Pérez Esquivel realizaba en Buenos Aires, sin que nadie, pero nadie se enterara de lo que estaban haciendo. Y lo continuaron diez días más que él porque, debido al aislamiento al que estaban sometidos, no supieron que el Premio Nobel ya lo había levantado al conseguir sus objetivos.
Los que escribían poesías malas, pero fueron poetas.
Los que se sabían de memoria el Génesis o el Exodo, porque la Biblia fue la única lectura permitida. Y a veces ni eso.
Los que cantaron, dibujaron, soñaron y actuaron, inventando la manera de esquivar la muerte o la locura.
Los que en todas las cárceles, en todas, sólo tuvieron durante años una pared blanca a dos metros de distancia como único horizonte.
Los que durante nueve, diez, doce años no hicieron el amor ni tomaron un vaso de vino o una taza de café.
Los que no vieron crecer a sus hijos.
Los que salieron con lo puesto y sin tener una casa a dónde ir o un trabajo para mantenerse.
Los que fueron recibidos con desconfianza, porque eran sobrevivientes.
Los que sentían toda la culpa del mundo por ese mismo motivo.
Para todos ellos, presos políticos de la dictadura, que hoy, a treinta y cinco años del golpe militar son testigos de los juicios a los genocidas, militantes en sus barrios, delegados en sus trabajos, funcionarios comprometidos y trabajadores de la política en su sentido más noble, cualquiera sea el lugar donde los haya llevado la vida. Para ellos, estas líneas de recuerdo y de homenaje.

LOS QUE, ANCIANOS Y ENFERMOS, TODAVÍA GRITAN...
NO NOS HAN VENCIDO.

domingo, 5 de octubre de 2014

Abuela de todos Compañera Mary, ¡presente!

“Yo aprendí a luchar cuando la policía mató a Walter”, decía Mary cuando le preguntaban de dónde sacaba la fuerza. 
Tenía 62 años cuando su nieto de 17 fue asesinado por la policía. A partir de entonces, su cara humilde y sufrida, detrás de esos anteojos que le sirvieron para conocer las atrocidades de un sistema aniquilador y desquiciado, se convirtió en el ícono de la lucha antirrepresiva. Hoy, a los 85, su cuerpo dijo basta.

Por 23 años, sin flaquear jamás, levantó la bandera de Walter y encabezó movilizaciones, escraches y marchas. Con su escaso metro cuarenta, se plantaba frente a las vallas, frente a las comisarías y los juzgados, y su estatura era inmensa cuando acusaba con su voz tan finita como firme. Ella sabía que a Walter lo mató la policía, y lo gritó por más de dos décadas.

Mary era una mujer del pueblo. Una trabajadora –trabajó en relación de dependencia hasta bien pasados los 70-, que comprendía muy bien por qué y para quién reprime la policía. Y se lo decía a los pibes que en cada marcha la saludaban con una sola palabra repetida: “...Abuela, abuela...”.

Siempre estuvo primera detrás de la bandera, y siempre lejos de los estrados y los despachos oficiales que respiran hipocresía. Confiaba sólo en la calle, en el barrio, en los pibes, en sus compañeros y compañeras de militancia.

Siempre se preocupó por agradecer. En cada marcha, agradecía en la calle, a los miles de pibes que no conocían a Walter pero venían. Agradecía por las zapatillas gastadas contra los adoquines, cuando la lógica ordenaba caminar con zapatos y por la vereda. Agradecía las gargantas saturadas de exigencias, cuando el silencio domesticaba las bocas. Agradecía por no dejar morir a su nieto. Y contaba a quien la quisiera escuchar que veía a Walter en cada pibe, y al comisario Espósito en cada policía.

Mary supo del dolor inmenso, de la indignación inacabable, de la desmesura del crimen que serpentea en las entrañas del estado. Supo que los criminales de uniforme son cobardes que especulan, que se arrastran por los pasillos como perros asustados, que se van a morir y sus huesos no servirán ni para abono.

Pero supo también de la voluntad inquebrantable, de la amorosa obstinación y la imprescindible perseverancia, de la prepotencia de la lucha organizada, de no aflojar, de seguir, de vivir en serio.

Mary Bulacio –María Ramona Armas de Bulacio, según su documento- supo de la dignidad y fue ejemplo de lucha para varias generaciones.

Hace muchos años que el cuerpo le aflojaba, pero se enojaba con nuestros cuidados (“No soy una vieja para ir en silla de ruedas, yo voy a caminar hasta Plaza de Mayo”, nos reprochó cuando quisimos evitarle la caminata). Y nos insistía: “Yo voy a seguir marchando hasta que condenen al comisario, o hasta que Tamarita pueda seguir sola”.

El año pasado, desde la cama, siguió la transmisión en vivo del juicio, y supo que había que seguir en la calle, marchando, organizándose. Tamara, hermana menor de Walter, ya ocupa su propio lugar en CORREPI. Mary puede descansar.

La gente se muere, es una verdad de perogrullo. Los que luchan, no se mueren.

Compañera Mary, abuela querida... ¡PRESENTE!

CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional)
en el ENA - Encuentro Nacional Antirrepresivo

lunes, 10 de junio de 2013

Homenaje a Matilde Vara de Anguita

Querida gente:

Nos gustaría contar con ustedes en el homenaje que haremos a Matilde Vara de Anguita, detenida-desaparecida del Café Tortoni el 24 de julio de 1978. Colocaremos una baldosa en su memoria en la vereda de la casa en la que vivió de adolescente. Queda en Puán 672, muy cerca de la Facultad de Filosofía. La cita es el sábado 15 de junio a las 14:30 hs. Esto va a ser dos días antes de su fecha de nacimiento (17/06/26). Cuando se la llevaron había cumplido hacía poco 52 años. Sus nietos Nicolás y Julia Anguita han generado un blog, al que hemos contribuido familiares y amigos con contenidos. 

Allí, en www.buscandoamatilde.org encontrarán algo de la historia de Matilde, fotos, escritos y videos . Uno de los objetivos de este blog es encontrar, difundiendo su foto, a alguien que haya podido verla en algún centro clandestino de detención, porque no sabemos en cuál puede haber estado, y es nuestro deseo reconstruir parte de lo más trágico de su historia. Este homenaje es posible por la dedicación, el afecto y la entrega militante de la gente  con quienes hemos manufacturado la baldosa que pueden ver en el adjunto. La hicimos tres generaciones: sus hijos Horacio y Eduardo, sus nietos Nicolás, Julia y Mathilde, y sus bisnietos Candelaria y Camilo (la pequeña Olivia tiene sólo un año), junto a otros familiares, hermanos del alma, compañeros y amigos. Luego de la colocación de la baldosa, a eso de las 16 hs, iremos a 8 cuadras de allí, a Av. Eva Perón 1934 (ex Avenida del Trabajo), al Centro de la Cultura Simón Bolívar, donde artistas amigos y familiares nos acompañarán con música, videos y fotografías. Eduardo Anguita transmitirá en vivo, desde su programa de Radio Nacional, entre las 17 y las 18 todo el acto (especial para quienes estén fuera de Buenos Aires, o en el exterior). Va el programa y un mapa de la zona.
Les pedimos que difundan este acto reenviando este mail !!!
Los esperamos !!!
Abrazos !!!

Familiares y amigos de Matilde
Barrios x Memoria y Justicia - Balvanera
www.buscandoamatilde.org

viernes, 30 de noviembre de 2012

Homenajearon en La Plata al reportero gráfico José Luis Cabezas

El acto se realizó en plaza San Martín. "En este país hay jueces que premian a los asesinos", dijo Gladys, la hermana del trabajador de prensa asesinado. Imágenes del acto y las fotos del álbum familiar.

En el día en que José Luis Cabezas debía cumplir 51 años, familiares, colegas y decenas de otras personas rindieron homenaje al reportero gráfico asesinado en Pinamar en enero de ’97, por cuyo crimen ya no quedan detenidos. El acto se realizó en plaza San Martín de La Plata y contó con la presencia de su hermana Gladys Cabezas y su amigo personal Gabriel Michi.

Bajo la consigna “Sin Justicia No Hay Democracia”, volvieron a repudiar las maniobras que posibilitaron la progresiva libertad de los participantes en el bárbaro crimen y, en particular, la liberación parcial de Gustavo Prellezo por la Cámara de Apelaciones de Dolores –que ya le había concedido la prisión domiciliaria- para estudiar la carrera de derecho.

El encuentro, organizado por la familia Cabezas, contó con el apoyo del Sindicato de Prensa Bonaerense, representado por su cúpula encabezada por Ricardo Salas, y de la Asociación de Reporteros Gráficos (ARGRA), cuyo presidente, Raúl Ferrari, pronunció un breve discurso. Ante los presentes también habló Gladys, quien además de agradecer a los presentes leyó un poema escrito por Luis Agustín Toscani.

El final fue con una suelta de globos rojos y globos de color blanco