lunes, 7 de diciembre de 2015

Después de haber sido "retirada", se restituyó la baldosa en homenaje a Silvia Filler asesinada por la CNU

 Después de haber sido retirada para ser “arreglada”, la baldosa en homenaje a Silvia Filler -asesinada por la CNU el 6 de diciembre de 1971- finalmente fue descubierta por autoridades de la Universidad Nacional de Mar del Plata en conjunto con organizaciones de Derechos Humanos y decenas de vecinos que se acercaron al Rectorado ubicado en la Diagonal Alberdi 2695.

“La estudiante Silvia Filler fue asesinada en este edificio por integrantes de la CNU que irrumpieron armados en una asamblea”, dice la baldosa. Abajo, a la izquierda, el texto agregado por orden del rector, Francisco Morea reza: “Ordenanza del Consejo Superior 1632/15”.

Eran cerca de las 18.20 de este viernes cuando fue descubierta. Mientras cuatro Madres de Plaza de Mayo acompañaban, Pablo Mancini, sobreviviente del ExEsim y su compañero Carlos Cervera dijeron unas palabras.

“Dentro de dos días, hace 44 años, una asamblea estudiantil fue atacada vilmente”, contó Macini y agregó: “A nosotros no nos lo contaron, fuimos atacados por la CNU, por es tenemos el derecho de seguir denunciando que es la responsable de la muerte de Silvia”.

Por su parte, Cervera aclaró su sentimiento sobre el acto que debió haber sucedido en la mañana de este viernes y finalmente se pasó para la tarde. “Nos sentimos agraviados, es la primera vez que nos pasa”, explicó y agregó: “Creo que es el primer caso del país”.

Morea expresó su “dolor por el baño de sangre” en Mar del Plata durante la última dictadura cívico militar. “No vamos a poder reparar el daño”, sostuvo y sin ponerse de acuerdo ninguno de los presentes aplaudió al terminar su discurso. Primero, un largo silencio, después, el enojo de la gente: “¿Por qué la sacaste?”, “Es un agravio lo que hiciste”, “Sos una vergüenza”.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Homenaje a Nora Cortiñas: La madre de todas las batallas

“El Padre Carlitos, el cura de la Santa Cruz, cuando uno dice: Nora es como dios… esta en todas partes; él dice: sí, pero a Nora la vemos”. Nora Cortiñas es Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. A los 85, acompaña toda clase de conflictos, pedidos de justicia, reclamos obreros, indígenas, estudiantiles, femeninos. ​ Ser madre, […]

“El Padre Carlitos, el cura de la Santa Cruz, cuando uno dice: Nora es como dios… esta en todas partes; él dice: sí, pero a Nora la vemos”. Nora Cortiñas es Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. A los 85, acompaña toda clase de conflictos, pedidos de justicia, reclamos obreros, indígenas, estudiantiles, femeninos.

​ Ser madre, alegría y dolor, dolor y alegría… parir es una mezcla de sabor dulce y amargo, de risa y llanto. Ser madre en Argentina significa, además, transformar el dolor en lucha. Entrevista a Nora Cortiñas, la madre.​

El frío resiste la partida y se prolonga en una primavera tibia y tímida. Media mañana en Buenos Aires, más precisamente en Castelar. Los autos se hacen más presentes, las bolsas de las compras se bambolean de aquí para allá, los brotes de los árboles asoman inquietos. En una casa más sobre la calle Lobos nos espera Nora Cortiñas, una “madre” entre todas las madres. Un ejemplo de vida. La casa es a su medida: lona del portón abierta a media altura, árboles cuyas ramas le pegan a cualquiera en la cabeza; Nora es pequeña de estatura pero grande de alma. Adentro, su casa rebosa de recuerdos de todas partes del mundo: muñecas, adornitos, instrumentos musicales, banderas, libros, silloncitos llenos de almohadones de distintos colores y materiales, fotos con Fidel, con el Comandante Marcos; cada cosa, por más chiquita que sea – incluido el sapo Pepe que descansa sobre el televisor- tiene una historia. El mundo interior de Nora, la que hizo de su militancia de madre un ícono del mundo entero. “Conocí muchos lugares, sí”, nos confiesa, “pero lo más importante fueron las personas que conocí en esos lugares.”

¡Cuántas cosas habrán visto esos ojos de 85 primaveras que hace ya 38 años buscan verdad y justicia! El barrio la envuelve a Nora, que hace las compras en el almacén, en la verdulería, en la carnicería.

“Mi vida es de barrio porque sigo viviendo y comprando en Castelar pero acá no milito. Los vecinos me conocen, me ven si de casualidad barro la vereda… muy difícil”, se ríe dulcemente mientras nos comparte la intimidad de su rutina. “La gente me ve tomar el colectivo en Morón; no ve que me vienen a buscar con un auto con chofer y me llevan. Sigo haciendo lo mismo para ir al centro: colectivo, tren, subterráneo. Hay mucho respeto de los vecinos, soy una más del barrio y punto. Saben quién soy pero no me paro a hablar. Yo corro mucho.”

Es verdad, no para: la semana pasada se la vio por Honduras; esta semana viaja a Comodoro Rivadavia; vuelve, baja del avión, se hace una corrida hasta su casa para regar las plantas y luego vuela a Brasil, más precisamente a Río, a un encuentro de Jubileo Sur (grupo internacional que se formó para luchar por el fin de la dominación de la deuda externa, entre otras cosas, en los países del sur del continente).

-¿Nunca pensó en mudarse a Capital?

-No, no me mudaría de Castelar. Lo quiero, es mi espacio. Por más tarde que tenga reuniones y me inviten a quedarme, yo siempre me vengo para acá, viajando. Ahora como no hay tren me vengo en los colectivos que llegan hasta las estaciones. Cuando hay amontonamiento, yo siempre digo que dejen pasar a los hombres primero – risas-. Y si… así no nos empujan. Me tienen admirada: tienen una facilidad pasmosa para dormirse y despertarse justo en la estación en la que se tienen que bajar. Voy a escribir un poema: La ciudad de los hombres dormidos. Se suben, se sientan, cierran los ojos y cuando el colectivo llega a la esquina que tienen que bajar, como un milagro, sin sobresalto, abren los ojos y se bajan. A mí el asiento me lo dan chicas jóvenes, y a veces me lo han dado señoras que tienen 20 o 30 años menos que yo. Cada vez me lo dan menos hombres. ¿Sabés que entiendo de los hombres?, porque quiero seguir siendo humana, no perder la humanidad viajando – dice en tono de chiste mientras sonríe -, pienso que los hombres dicen yo estoy cansado, me levanté a las 5 de la mañana, laburé y esta mujer ¿de dónde vendrá…? porque si vos vas pintadita y decente, limpia, coqueta, dicen capaz que viene de pasear, de tomar el té con las amigas, viene capaz del cine; piensa eso el hombre, porque si no, si el pensara en su madre diría ¿y si fuera mi madre que viene de trabajar?

“Mi vida es mi barrio. Quiero a este pueblo que es una ciudad ahora. Cuando vine las calles eran de barro, pasaba el lechero con el carrito y el caballo. Mis hijos se subían y se querían ir a repartir con él. Hace poco más de 50 años, ellos esperaban al lechero y al sodero (también pasaba con carrito de caballo). Daban una vuelta y después volvían y me decían: Mirá, el lechero me regaló un yogur porque lo ayude a vender. ¡Qué tiempos deliciosos!”, dice entres suspiros.

-¿Qué puede decir de sus hijos?

-Gustavo hubiera cumplido 61 años. Marcelo tiene casi 60. Ambos fueron al colegio Inmaculada, que además era el “potrero” del barrio, y al club Argentino de Castelar. Bien de barrio. Marcelo terminó los estudios secundarios en la escuela Juan XXIII de Ramos Mejía. Los dos estudiaron en la Universidad de Morón: Gustavo, cuando comenzó a tomar conciencia política, se pasó a la UBA, y Marcelo terminó allí una Licenciatura en Recursos Humanos- reflexiona unos instantes antes de seguir-. Chicos sensibles a todo lo que pasa en el país. Marcelo no se dedicó a la política pero siempre fue solidario, con sus compañeros de estudios, de trabajo; tuvo todas las virtudes de un chico de barrio sencillo y solidario. Gustavo prefirió dedicarse a la política, se fue a la villa 31 y a Saldías a militar con el padre Carlos Mugica y el terrorismo de estado no soportó que la juventud militara, exigiera y trabajara con el pueblo, y por eso esa represión.

– ¿Cuántos años tenía cuando se casó?

– Yo tenía 19 años y Carlos, mi marido, 25. Hace ya 19 años que murió… ¿Sabés una cosa? Estoy empezando a extrañarlo… Fue un gran colaborador de este movimiento. No se dice mucho sobre la labor de los padres; pero ellos sufrieron más. Nosotras encontrábamos en la lucha desahogo cuando gritábamos o insultábamos a los milicos. Ellos, cada noche, esperaban llenos de ansiedad nuestro regreso. Tenían miedo de que también desapareciéramos como desapareció Azucena Villaflor.

– ¿Cuál es el mensaje de vida, el secreto de la felicidad, para los más chicos, los más jóvenes?

– A los chicos hay que dejarlos con la libertad de pensar y sentir, hay que dejarlos opinar, hay que informarlos, respetarlos; tiene que haber comunicación en la casa, en la escuela, no tratarlos como si fueran entes. Hay que dejarlos pensar, sentir y decir.

El mediodía nos apura con olor a sopa colándose bajo la hendija de la puerta. Dejamos a Nora preparándose para salir con paso apresurado, como siempre, como todos los días.

Norita Cortiñas, profesora de alta costura, ahora militante siempre informada y comprometida con la realidad; abuela de tres nietos; bisabuela de tres bisnietos; esposa de Carlos; madre de Gustavo y de Marcelo. Madre de todos. Madre de Plaza de Mayo.​

* Publicado originalmente en Periódico El Apogeo
Por Noelia Venier / Fotografías: Cesar Gurrieri – Lina Etchesuri /

lunes, 2 de noviembre de 2015

Homenaje a los desaparecidos de Fiorito, barrio humilde de Lomas de Zamora

Los militantes de la villa

Un baldosón vertical rinde el primer tributo formal de los vecinos a nueve desaparecidos durante la última dictadura. Fue ubicado entre los bustos de Perón y Evita en la estación del Belgrano Sur. Dos compañeros de aquellos militantes los recuerdan y explican su lucha.

 Por Adrián Figueroa Díaz

“Fiorito tiene memoria”, dice la baldosa multicolor que ahora luce en la vieja estación de trenes de ese barrio de Lomas de Zamora, y que es el primer homenaje formal que los vecinos les dedicaron a nueve militantes políticos y sociales desaparecidos durante la última dictadura cívico militar. Según los impulsores de la iniciativa, esos nueve no son todos. Pero recordarlos y visibilizar sus nombres servirá para desandar una tarea de reconstrucción de la historia de lo que fue la militancia de base en los barrios más pobres del conurbano.

El recordatorio fue colocado vertical, como si fuera una placa, en medio de los bustos de Juan Domingo Perón y de Eva ubicados al lado de uno de los accesos a la estación, un lugar casi abandonado no solo por el inconstante Belgrano Sur sino también por la falta de mantenimiento. “A pesar de que al acto lo hicimos temprano, la respuesta de la gente fue muy buena”, evaluó Antonio Jorge “Cubito” Amarilla, militante barrial y mentor del homenaje.

En los años 70, él fue miliciano montonero, un nexo entre la organización y el barrio, y sufrió la persecución al igual que su hermano Fernando Ulises, uno de los homenajeados en la baldosa hecha por Barrios por la Memoria y la Justicia, de Lomas de Zamora. Los demás nombres mencionados allí son Ramona “Bety” Benítez, Lorenzo “Poroto” Gerzel, Horacio “Gatica” Galván, Elena “Coca” Kristal, Norma Marcela Cerrota, Alfredito Paquinelli, Daniel “Paraguayito” Esquivel y Oscar “Botita” Udabe.

“Son pibes que se convirtieron en bandera de lucha”, sintetiza Cubito, cuyo apodo proviene de su oficio de reparador de heladeras. Sin embargo, como se dijo, esos nueve nombres no son los de todos. “Faltan muchos más”, supone y cuenta que su intención es hacer una investigación para establecer fehacientemente cuántos y quiénes más fueron las víctimas del terrorismo de Estado en Fiorito, en tiempos en que su vecino más ilustre, Diego Maradona, comenzaba a hacer historia.

La tarea de juntar nombres y testimonios de esa época no es ni va a ser fácil. “A pesar de que hay 32 años de democracia y 12 años de fuerte reivindicación de la militancia de aquellos años, hay que tener en cuenta que hubo un sistema de terror muy fuerte que hizo que muchos vecinos militantes no cuenten sus historias”, señaló Domingo López, ex miembro de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y otro de los que trabajó para la instalación del homenaje.

Para Amarilla, López y todos los que acompañaron en “la movida de la baldosa” es importante contar lo que fue la militancia en esa barriada por dos razones: porque “la historia no continuó igual para todos los compañeros”, y porque los militantes de las villas no tuvieron la misma trascendencia ni el mismo reconocimiento que otros de otros rangos y lugares.

“Lo que pasa es que algunos referentes se dedicaron a rendir justo homenaje a los cuadros más reconocidos pero no volvieron a los barrios donde militaron, no se reinsertaron y están distanciados del lugar y del pensamiento de entonces”, analizó Amarilla.

La pared de un metro por un metro donde fue colocada la baldosa fue hecha por la Delegación Municipal de Fiorito. Esta tarea y la “declaración de interés municipal” aprobada por el Concejo Deliberante fueron las únicas participaciones que tuvo la comuna. Ni funcionarios ni concejales estuvieron durante el descubrimiento del homenaje. Eso sí, participaron vecinos. “Se nos fueron sumando como semillas”, metaforizó Cubito con entonación lírica. Fue un día de reencuentros porque varios volvieron a verse con las familias de las víctimas, que por entonces los habían ayudado y refugiado.

“Verlos fue como reencontrarnos con esos pibes con los que compartimos un proyecto común, igualador y de intercambio”, dijo López. Y ver en esa baldosa los nombres de sus compañeros fue también recordar los bailes para juntar fondos para alguna tarea social, los noviazgos, la lucha por el agua potable, los zanjeos, las reparaciones en escuelas, los operativos para repartir comida gratis, la construcción de veredas, y las pintadas nocturnas. Todo lo cotidiano, todo lo debatido con los mismos vecinos en clubes y sociedades de fomento. Todo fue frescura y organización hasta que pasó lo que pasó.

“Hay que tener en cuenta que algunos empezamos a militar de chicos en la primavera camporista y al año siguiente ya empezamos a recibir los sogazos”, recalcó Amarilla.

Pasaron 40 años de aquellas historias. ¿Qué quedó de todo eso para él? “Que los vecinos se acuerdan de nosotros y que seguimos resistiendo.” ¿Qué quedó de todo eso para Domingo? “Jóvenes que se referencian en los desaparecidos, aunque no los hayan conocido.”

“En algunos casos –concede Cubito– hay equivocadamente una imagen de heroicidad de los que militamos, y también están los que siguen contando una historia de la que no fueron partícipes. De ellos digo que haber sido parte de algo, no es garantía de nada. Y de los que desaparecieron y de los que militamos de verdad digo que tal vez no fuimos héroes, pero al menos luchamos por un barrio mejor.”

jueves, 15 de octubre de 2015

STELLA MARIS MONTESANO DE OGANDO - LA NEGRITA,LUCY

Stella Maris y Jorge : Desaparecidos el 16/10/76.

Jorge (Ogando,su marido) tenía 30 años, era empleado bancario. Stella tenía 28 años, era abogada y tenía 8 meses de embarazo. La pareja fue secuestrada de su domicilio ubicado en calle 12 No 1782 de La Plata Fueron vistos en La Cacha el día de su desaparición y en el Pozo de Banfield por Alicia Carminati y Ruben Bricio. 

Alicia y Stella fueron compañeras de celda. Según Alicia, Stella dio a luz el 5 de diciembre de 1976 a un niño. Ni bien le empezaron los dolores del parto, se la llevaron junto a una partera de apellido Pujol (posiblemente Graciela Pujol), y volvió a los 10 días. Stella le contó a Alicia que había tenido un varón, que lo había llamado Martín. Le dio además detalles del parto, como que estuvo casi todo el tiempo vendada y que la desataron en el momento de dar a luz. 

El doctor Berges atendió el parto. Le dejaron quedarse con el bebé 3 or 4 días y luego se lo sacaron, prometiendo que lo iban a restituir a su familia. Stella conservaba el cordón umbilical, y un día pudimos pasarlo de celda en celda hasta dárselo a Jorge Ogando.

La pareja fue posiblemente asesinada en la estancia "La Armonía". "Martín" permanece desaparecido.
Eran militantes del PRT-ERP
STELLA MARIS PRESENTE!!! HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

jueves, 3 de septiembre de 2015

Falleció Pepa Noia, Madre de Plaza de Mayo,

LA HISTORIA DE PEPA

Josefina García, Pepa, nació en 1921. A los veinte años de edad, se casó con Juan Carlos Noia, con quien tuvo cuatro hijos. El 13 de octubre de 1976, su hija María Lourdes fue secuestrada junto con su marido. A partir de ese momento, Pepa cambió su rutina y se dedicó exclusivamente a la búsqueda de su hija.

“Yo me llamo Josefina García, pero todos me dicen Pepa. Noia es el apellido de mi marido. Tuve 4 hijos: mi hija la mayor Alicia, que está en Australia, Daniel que estaba en Australia y falleció hace 6 años, Margarita que es secretaria de Derechos Humanos de la CTA y María Lourdes que está desaparecida. Además, tengo muchos, muchos nietos, tanto acá como en Australia.Mi hijo Daniel en 1976 se fue a vivir a Australia porque lo mandó la Ford, donde trabajaba. Como estaba muy bien, llamó a todas sus hermanas para que vayan allá. Mi hija la mayor se fue. Pero María Lourdes no quiso y dijo “No, si todos nos vamos, qué va a ser del país”. Alicia se fue el 3 de octubre de 1976, y a María Lourdes la secuestraron diez días después, el 13 de octubre”.

En 1976, María Lourdes, la tercer hija de Pepa y Juan Carlos, estaba casada con Enrique Mazzadra con quien tenía un hijo, Pablo, de 18 meses. Pepa cuidaba a su nieto los días martes y fue precisamente un martes el último día que vio a su hija. “Los días martes ella venía a casa y me dejaba al nene. Se quedaba a comer y después iba a la facultad, a dar clase. Era una costumbre y yo le hacía bife a la criolla los martes. Y un día me dice ella: “no me hagas más bife a la criolla, cambiáme el menú”, yo le digo: “Tenés razón”. Cuando ella se va, yo me quedo con el nene. Al otro día se la llevaron. Ésa fue la última vez que hablé con ella. Nosotros sabíamos lo que estaba pasando porque Lourdes nos contaba lo que pasaba con alguno de sus compañeros… Después no la vi más”.

Lourdes era una joven comprometida con su tiempo. Trabajaba como psicóloga y docente y tenía una militancia que demostraba su búsqueda por un mundo más justo y solidario. Fueron éstos, los mismos ideales que los militares repudiaban y pretendieron extinguir.Durante el operativo, fueron secuestrados Lourdes y su esposo Quique. Pablo, su hijo, fue entregado a una vecina. Quique fue liberado al poco tiempo, mientras que Lourdes aún permanece desaparecida.

“En el departamento de Lourdes quedó todo tirado por todos lados. Cuando el cerrajero abre la puerta, lo primero que dice es: “¿Qué pasó acá?”. Me cambió la cerradura, pero no le gustó nada. Estando Lourdes, ellos vieron todos los libros que había. Una mamá agarró los libros, los empaquetó y los tiró en el río. Después me decía: “¡Qué pena, cada vez que me acuerdo de los libros que tiré al río!. Podría haberlos guardado en algún lado”. Lo único que pusieron arriba de la mesa fue el cuadro de Perón y Evita. Se llevaron a ella y a él también pero al nene, no. Yo pienso que debía ser un grupo de tareas nuevo porque si no se lo hubieran llevado. Se lo dejaron a la vecina. A Quique lo largaron un tiempito después. A ella no".

Con la entereza y el valor que caracteriza a las Madres, Pepa dio inicio a su búsqueda, que aún continúa. “Nunca, nunca, van a decir: “la vimos llorar a Pepa”. Yo lloraba cuando salía a la calle. Cuando iba en los colectivos, me sentaba a fumar y lloraba. Cuando iba a los ministerios decía: “no hay que mostrarles el dolor que uno tiene”. Ni bien salía, lloraba como una desgraciada todo el camino. Delante de ellos no. Jamás".

EL RECUERDO DE MARÍA LOURDES

Pepa recuerda a su hija con la ternura y la emoción de todas las madres. Lourdes nació el 21 de noviembre de 1946 en la Ciudad de Buenos Aires. Así relata algunas anécdotas de la infancia y adolescencia de María Lourdes, a partir de las preguntas de los chicos de las escuelas:“Lourdes se llamó así porque en esa época yo iba mucho a la iglesia de Lourdes y pensaba: “cuando tenga a la nena le voy a poner Lourdes”.

¿Cómo era María Lourdes de chiquita?

Por empezar, ella era hincha de River. A ella le gustaba salir con las chicas, le gustaban los gatos. De más grande, le gustaba ir a las peñas. Iban a la iglesia en las que había peñas a la nochecita. Mis hijos eran buenos chicos. Pero María Lourdes me daba trabajo en la escuela. Un día me dijeron que la mande al psicólogo. Ella tenía 7 años y la psicóloga me dijo: “señora, la felicito usted tiene una hija que es toda una intelectual”. Cuando terminó la escuela me acuerdo que era la mejor amiga de todas, la mejor alumna … ¡Y pensar que yo mil veces fui a hablar con la maestra por ella! Porque era así, pero era muy inteligente Lourdes.

¿Lourdes era de compartir con sus compañeros, en sus fiestas de cumpleaños en su casa?

A Lourdes la querían todos, tenía muchos amigos. Cuando eran chicos no iban a ningún lado y después, cuando empezaron las peñas, ahí sí. Lourdes iba a las peñas de la Iglesia con Alicia. Una vez, ya más de grande, fue a un baile de primavera con unas amigas. Iban a elegir a la reina de la primavera. Y las llevaron a Lourdes y a Alicia. Estaba todo arreglado para que saliera princesa la hija de la señora de la casa. Pero salió Lourdes, la eligieron a ella. ¡Nunca más las miró esa señora! Porque el premio tenía que ser para su hija. Cuando llegaron a la mañana…¡Yo me quería morir!¡Lourdes con la banda puesta, y un cheque de 500 pesos! Y nunca más las invitaron a ninguna de las dos. La eligieron porque Lourdes era rubia de ojos azules. Ya de chiquita, desde que nació, tenía una piel muy especial. Me acuerdo que todos decían “¡pero mirá la piel que tiene esta nena!”, y la llevaban por ahí para mostrarla. Cuando eran más grandes, la casa donde vivíamos tenía un patio grande, largo, y hacían bailes ahí, como se usaba en aquellos tiempos. Venían los chicos, los amigos, y bailaban. Y después también recolectaban plata para los chicos pobres. Siempre andaban así.

¿A qué colegio iba en la secundaria? ¿Le gustaba estudiar?

Ella iba al liceo de señoritas de la calle Santa Fe. Un día iban a echar al rector y ella organizó salir a la calle y pelear para que no lo echen. Yo cuando supe que estaban en la calle fui volando a ver qué pasaba. ¡Me quería morir! Y no lo echaron al rector… Pero todo el colegio salió a la calle. Además, ella tuvo escarlatina cuando estaba a mitad de año y le quedaban pocos días para quedarse libre. Pero al final, como era buena alumna la dejaron continuar. El primer año lo terminó bien. Después dio libre segundo año. Pasó a tercer año y lo dio bien. Cuarto año lo hizo libre, y el quinto año lo hizo normal. Y estudió el ingreso a la facultad. Había que pagarle a una profesora, yo la llevaba a Devoto. Y así fue que a los 16 años entró a la facultad. A ella le gustaba estudiar. Después, también trabajó en una librería. Cuando se casó, terminó la carrera de Psicología. Estando casada, iba y venía. Por la noche iba a estudiar.

Fue así como siendo muy joven, Lourdes mostraba ser una adolescente que defendía sus ideas con una capacidad e inteligencia poco habitual para los chicos de su edad. En tres años cursó el secundario y con tan sólo 16 años ya era una estudiante universitaria. Para comienzos de los ‘70 Lourdes ya se había recibido de Psicóloga y además de abrir su consultorio compartido con otros dos compañeros, comenzó a trabajar en el ‘73 en DINEA (Dirección Nacional de Educación para Adultos). También daba clases en la Universidad de Morón en la Carrera de Turismo. En 1974, nació Pablo, su hijo. María Lourdes tenía tiempo para todo: el trabajo, la familia y la militancia.

LA LUCHA CON LAS MADRES

María Lourdes es secuestrada junto a su marido el 13 de octubre de 1976. Tenía casi 30 años y un bebé de 18 meses. Al día siguiente de ocurrida la desaparición de María Lourdes, Pepa recibe la noticia e inmediatamente inicia su búsqueda.

“Me vinieron a avisar a la mañana. Vino la mamá del marido de Margarita, mi hija menor. Se para en la cocina, me mira y me dice: “Pepa, yo te lo tengo que decir”. Yo la agarro y la miro. Me dice: “anoche se llevaron a María Lourdes”. Durante mucho tiempo yo sentí como si la señora esa tuviera la culpa de que se llevaran a Lourdes. Yo la veía así. Luego, me cambié, me fui y no paré más. Fui a la comisaría porque era algo muy serio. Estaba en la puerta el que cuidaba y preguntaba: “¿Qué busca, qué quiere?” y me daba una rabia... “Busco al oficial”, le decía, pero ellos querían saber. Me tocó un oficial bueno dentro de todas sus cosas. Me contó que tenía que hacer un habeas corpus y le pregunto qué es eso. Me dice: “Yo se lo voy a hacer”. “Usted esto lo hace y pone lo que sabe que pasó con su hija, pero por favor no le diga nada a nadie".Y así fue".

Pepa, como todas las madres, comenzó la búsqueda en soledad y poco a poco se fue encontrando con otras madres que, como ella, intentaban averiguar el paradero de sus hijos. Ella fue una de las primeras catorce mujeres que recorrió la Plaza de Mayo aquel 30 de abril de 1977.

“Estando en la Iglesia Stella Maris, una señora se para en medio del pasillo largo que había y –pese a que estaban los guardias pidiendo los documentos- dice: “Señoras, señores, nosotros lo que tenemos que hacer es ir a Plaza de Mayo a reclamar por nuestros hijos como hicieron nuestros mayores”. Ella siguió hablando pero yo no escuché más. Un señor buscó una fecha y eligió el 30 de abril, no nos dimos cuenta de que era sábado… ¡no había un alma! Nadie, pero se eligió así”.
La primera "ronda" en la Plaza de Mayo. "Yo llegué muy tempranito, dos horas antes de la hora que acordamos. No había podido dormir en toda la noche. Fui a la plaza, no había un alma. Eran las palomas y yo. Al ratito llegaron las otras mamás. Había una chica que no quiso dar el nombre. Después dijimos: “Vamos el viernes” y así empezamos a ir los viernes. Ya vino un poquito más de gente y así fue aumentando. Había una mamá que se llamaba Nora que dijo: “¿Por qué no venimos los jueves? El viernes es día de brujas". Y quedó los días jueves. Empezamos a dar las vueltas porque no podíamos quedarnos quietas, los policías nos hacía caminar".

La traición de Astiz. “En el mes de octubre del ‘77 apareció Astiz. Decía que tenía un hermano y que la madre estaba muy enferma, por eso venía a la plaza. Azucena Villaflor lo cuidaba como si fuera el hijo, le decía: “No vengas, es peligroso. Vos decime dónde te llamo, cuando hay que firmar algo te aviso". Pero venía igual. Y así se quedó. No se me borra su imagen: con una chomba blanca, de media manguita, parecía un pibe jovencito, haciéndose el don Juan. Él siempre iba atrás de Azucena. El 8 de diciembre secuestran a las madres de la Iglesia Santa Cruz y el 10 van a Sarandí a buscar a Azucena. Mucho después aparecieron los cuerpos de las Madres en General Lavalle. ¡Qué cosa rara! Las tiraron del avión y aparecieron juntas las tres mamás, entre ellas Azucena. Al tirarlo en el mar un cuerpo puede ir para acá, el otro para allá, pero estaban juntas, todos los cuerpos juntos en la playa"

El pañuelo blanco. "En el ´78 íbamos a ir a Luján, nunca habíamos salido tan lejos y dijimos: “¿Cómo nos vamos a reconocer?”. Una de las Madres propuso que nos pusiéramos un pañal en la cabeza para encontrarnos. Después ya nos quedamos con los pañuelos".

Las marchas en tiempos de Dictadura. "En la época de la dictadura íbamos a la Plaza y nos corría la Policía. Después empezamos a juntarnos y éramos tantas que ya los vigilantes hablaban con nosotras. Uno nos dijo un día: “Cada vez que vienen los jueves me da una bronca, porque yo no entré a la policía para correr mujeres”. Las madres nos reíamos por el fastidio que les daba todo eso. A la semana siguiente, vuelta otra vez a empezar. Así era la cosa, no era tan fácil. La primera vez que llevaron presas a las Madres, creo que llenaron cinco colectivos de la línea 60. ¡En cuántas cosas hemos andado las madres, escapando, corriendo!...".


Sobre la importancia histórica que adquirieron las Madres en la Plaza de Mayo, Pepa afirma: “A mi modo de ver, la Plaza es de las Madres. Y es de los desaparecidos. Hasta qué punto será de las Madres que los restos de Azucena (Villaflor) fueron cremados y sus cenizas fueron esparcidas allí, por voluntad de su hija”.

El último recuerdo...
"El último recuerdo que tengo de Lourdes es cuando un día ella se iba a la universidad. Le dije: “Cuídate, nena” y ella me respondió: “Sí, mami, sí. Estate tranquila". No se me olvida nunca su última frase: “Estate tranquila”. ¿Quién iba a decir? Nunca soñé que iba a pasar eso. Nunca pensé que me iba a pasar una cosa así, a mí y a todas las Madres".

jueves, 9 de julio de 2015

“Pirucha”, la Madre que cantaba ópera y que no dejó de buscar a su hijo

Amneris Perusin Favero murió esta semana. Fue una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo La Plata. Su hijo Daniel Omar Favero, poeta y responsable de la JUP de esa ciudad, está desaparecido desde 1977. Los policías que participaron del secuestro fueron condenados, pero el caso de Daniel aún no llegó al juicio oral. Historia de una luchadora.

Las primeras reuniones de las Madres eran discretas, y se hacían en bares marginales o algún departamento vacío. En esas reuniones, Amneris Perusín de Favero cantaba. “Eso cuentan sus compañeras. Era su verdadera pasión”, dice en una conversación telefónica con Infojus Noticias Claudia Favero, la mayor de sus tres hijos. “Pirucha”, como todos conocían a Amneris, era una talentosa cantante de ópera y Madre de Plaza de Mayo de la primera hora en La Plata, Amneris Perusin Favero. Daniel Omar Favero, poeta y responsable de la Juventud Universitaria Peronista, está desaparecido desde el 24 de junio de 1977, cuando lo secuestró una patota de la policía bonaerense de Ramón Camps. El domingo pasado murió: uno de sus sobrinos hizo el anuncio público en un posteo de Facebook del centro cultural que lleva el nombre de su hijo, Daniel Omar Favero. Amneris tenía 89 años y estaba enferma de Alzheimer.

“Esta mañana tiene los bolsillos vacíos, manos blancas y heladas, suspiros y veredas, bocacalles-soldados y una lluvia llorando la ceguera del cielo”. (Poema de Daniel Favero).

Amneris nació en 1925 en la ciudad de Tres Arroyos en el seno de una familia politizada: sus tíos habían participado de luchas obreras, su abuelo Justo Nicolás era militante radical en tiempos de los conservadores y había estado preso. Pero aunque ella y sus dos hermanas vivían en una casa de ideas progresistas, sentía que no era valorada como mujer. “Ella era muy de vanguardia como mujer, con una polenta especial para defender a su géner2o”, recuerda Claudia Favero, su hija. Por eso, con sólo veinte años, convenció a sus hermanas y se mudaron a La Plata, donde estaba viviendo su padre. En la actualidad, la casa familiar de Tres Arroyos aloja un centro cultural llamado La Casona.

Las tres mujeres consiguieron trabajo en el prestigioso Teatro Argentino de la capital provincial. Amneris y Emilse entraron en coro. Aída en la administración. Ella estudio canto lírico –llegaría a ser una cantante exitosa en la ciudad- y se las arregló para seducir a su futuro esposo, Omar, que también integraba el coro. “A ella le gustaba, le parecía lindo, inteligente, muy informado. En los descansos del ensayo llevaba crucigramas, se acercaba y le decía ‘Favero, mire cuál es ésta, la vertical’”, recuerda Claudia, uno de los tres hijos que nacieron de aquél amor. Como luna de miel, mucho antes que los atravesara la violencia política, los recién casados viajaron a Bariloche en moto. En el Facebook del Centro Cultural Daniel Favero-fundado por familiares y amigos del militante el 29 de marzo de 2001-, y en el personal de Claudia, hay fotos en blanco y negro que documentan ese pasado. “A veces peleaban, también, porque los dos tenían personalidades fuertes. Mi papá no era machista, pero sí un poco autoritario. Y ella siempre defendió su autonomía”, agrega la hija mayor de la pareja.

Cuando sobrevino la dictadura, Omar discutió muchas veces con Daniel –que tenía 19 años y era responsable en la facultad de Humanidades de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), sobre la peligrosidad de los militares. Pero Daniel, que tocaba la guitarra, el piano y escribía poemas, le respondía “que estaba preparado”.

 

“Peleo porque tengo madre, padre, hermanos, y multitud de labios familiares al grito que reproduzco y amo y soy, como la música del aire entre las hojas del mundo, entre las almas”.(Poema de Daniel Favero).

En febrero de 1977, fueron secuestrados Claudia y Luis –el menor de los hermanos, militante del Partido Comunista-. Estuvieron cautivos diez días en los chupaderos del circuito Camps: Brigada de Investigaciones, Destacamento de Arana, Comisaría 5ta, y otra vez Arana, antes de ser liberados. “Pero a quién estaban buscando era a Daniel, nosotros éramos el señuelo. Mi mamá estuvo muy mal, con tratamiento psiquiátrico, no pudo soportar eso”.

El 24 de junio, pasada la medianoche, una patota de la Brigada de Investigaciones de La Plata que integraban los ya condenados Raúl Machuca, Julio Argüello y Mario Zita, irrumpieron en el departamento que ocupaban Daniel Favero y su pareja María Paula Álvarez en la calle 57 y se los llevaron. Nunca más se supo de ellos. “Yosospecho que hizo algo para no sobrevivir”, estima Claudia. Daniel escribió un poema premonitorio.

“El enemigo vino a buscarme a esta casa por orden del Señor, amo de este castillo que se cae en pedazos. Mandó su policía; fieras domesticadas que no saben por qué. Los que no saben nada, con mordazas y esposas; no me dejaron ver las paredes, los muebles ni tu fotografía… y era la última vez... y de un golpe me echaron hacia no sé dónde”. (Poema de Daniel Favero).

Aunque los policías que participaron del secuestro fueron condenados, el caso de Daniel aún no llegó al juicio oral. En 2002, cuando aún regían las leyes de impunidad, el fiscal Félix Crous lo llevó a Comodoro Py porque tenía mucha información para intentar probar la inconstitucionalidad de las normas. El año pasado –luego de un letargo en capital federal- volvió al TOF 1 de La Plata que preside Carlos Rozanski.

En el 1978, la fundadora de Madres de Plaza de Mayo en La Plata, Adelina Alaye, tocó el timbre de la familia Favero. “La invitó a participar de Madres. Ella tenía miedo de lo que nos pudiera pasar a nosotros, que nos volvieran a buscar. Pero finalmente en familia decidimos que tenía que ir”, dice Claudia. Muy amiga de Chicha Mariani y de Adelina, Amneris no era sin embargo una de las voces públicas de la organización.

En 1984, Claudia, Luis y la familia Favero denunciaron en la Conadep y en todos los estrados judiciales que pudieron la desaparición de su hijo. “Habíamos estado en silencio mucho tiempo”, recuerda Claudia.

Aún después de la desaparición de su hijo, Amneris siguió presentándose en el Teatro Argentino. Protagonizó las óperas más conocidas: Otello, Madame Bauttefly, Aída. En los últimos años, Amneris enfermó de Alzheimer. Comenzó a perder la conciencia, y en chispazos alucinatorios comenzó a viajar al pasado. “Siempre había que adivinar a quién había encarnado”, recuerda Claudia. En sus lagunas, la mujer volvía siempre a pasados placenteros, donde aún Daniel no había sido el blanco de la policía: a su infancia en Tres Arroyos, por ejemplo.

“Su familia sufrió mucho su enfermedad, pero pasó algo extraordinario con ella: le devolvió a Daniel vivo. Lo que luchó lo luchó antes, y lo hizo a su manera”, concluyó Claudia.Y agregó su madre se fue muy en paz..

LB/RA