martes, 15 de febrero de 2011

El Negro Blanco, su muerte y el homenaje de los mendocinos que no se acaba

Gonzalo Bravo / MDZ
 David Blanco.
 En la madrugada del sábado murió el actor y dirigente social David Blanco. Su desaparición fue un gran golpe y decenas de personas lo acompañaron en la despedida. Aquí su propio homenaje a la verdad: el testimonio en los juicios por delitos de lesa humanidad. Y el recuerdo de muchos mendocinos.
  
Primero, el homenaje de David Blanco a la verdad. Poco antes de morir dio su testimonio sobre las torturas en el centro de detenciones del D2 de la Policía de Mendoza, durante la dictadura. "Fue como un acto de liberación", contaron muchos de sus amigos que este fin de semana fueron a darle el último adiós.

Pero, además, fue un aporte central a la causa que investiga delitos de lesa humanidad cometidos por uniformados y civiles.

Por gentileza del abogado Pablo Salinas, reproducimos abajo su testimonio ante los Tribunales Federales del "Negro" Blanco.

Trabajaba en el Banco de Mendoza, me había casado y mi señora estaba embarazada. Antes de la detención en mi domicilio habían personas que estacionaban su auto y veían los movimientos, en mayo o junio de 1976. Esto me llevo a hacer una denuncia en la Comisaría Cuarta junto a mi padre. Era ostentoso como miraban mi domicilio. Nos recibió la denuncia un policía de apellido Mancuso. El 2 de junio de 1976 se presentaron dos personas de civil en mi domicilio buscando a otra persona, que es Rosa Gómez que en ese momento vivía allí. Ella no estaba me dijeron si los podía acompañar que me tenían que hacer unas preguntas. Fui hasta el edificio de calle Belgrano donde funcionaba el D2. Allí me dejaron sentado esperando hasta que me hicieron pasar a un pasillo, me llamo una persona, me puso contra la pared hasta que me vendaron los ojos y me llevaron a un calabozo, allí espere un par de días y el día lunes empezaron los interrogatorios sobre distintas personas, algunas que conocía y otras no. Estos interrogatorios fueron con apremios ilegales y lo denuncie en la causa Roque Argentino Luna. Esa causa que la sustancio el Dr. Gabriel Guzzo figura mi denuncia sobre los apremios en dos o tres oportunidades. Los apremios duraron 10 o 15 días, fueron importantes tormentos, muy fuera de lo que uno desde la vida común puede esperar de una indagatoria. Los tormentos fueron de variado tipo. Yo todavía tengo marcas en mi cuerpo.

En la causa de Roque Luna que fue fotocopiada por mi parte, figuran en la fojas 520 cuando el juez Guzzo dicta el sobreseimiento provisorio y en la fs. 821 cuando dicta la absolución. El medico de la U9 donde fui en septiembre corroboro las torturas. Los tormentos fueron de variado tipo, uno el submarino que era sumergir la cabeza en un recipiente con agua y no se podía respirar, fui azotado con una especie de lonja, estimo que era algo como un cinturón grueso, eso fue muchas veces, y atormentado con electricidad. Esto fue cuando nos sacaban de la celda y nos llevaban a un lugar donde había escaleras, no recuerdo si era para arriba o para abajo. Esos tormentos, la electricidad, nos mojaban el cuerpo y nos daban electricidad, a mí en las encías, debajo de los labios, en los genitales. En mi caso la electricidad en el pene hizo un absceso que era del tamaño de un durazno. También me introdujeron cosas en el ano, eran elementos conductores de electricidad, por lo que fuimos vejados, no soportaba el tormento y cuando nos regresaban a la celda nos decían que no podíamos tomar agua.

Yo tomaba agua del inodoro porque era insoportable aguantar esa tortura. Hubo pequeñas quemaduras que fueron las denunciadas ante el juez Guzzo y en la U9 de la Plata donde fui trasladado. Esto duro un tiempo, creo que 10 o 15 días, diariamente esto se hacia en horas de la tarde o noche. Volvíamos a la celda y nos volvían a interrogar. Nos preguntaban a quien conocíamos y donde. Yo tenía actividad gremial en el banco de Mendoza y en la universidad. Conocía mucha gente de esa militancia. Yo tenia una formación fuertemente católica. Mis padres militaban en la caridad y la solidaridad. De ahí viene la fuerte militancia que yo tenia y el sentido de justicia. Había una corriente juvenil y creíamos que se podía cambiar la sociedad para mejor. Estuve en el D2 desde el 2 de junio hasta los primeros días de septiembre de 1976 en que fui trasladado a la U9. Nos trasladaron en un avión. El vuelo fue tormentoso, íbamos muchas personas, yo era el numero 101.

El avión estaba cargado de personas que venían de dependencias del ejército. Todo el viaje fue con golpes, íbamos en cuclillas, con la cabeza entre las piernas, nos caminaban por la espalda con los borceguíes, íbamos atados. Había gente muy mal. En el D2 nos conectábamos con el oído. En el D2 hay celdas con mirillas, abríamos y nos mirábamos. Se que allí estuvo Alicia Morales, Rosa Gómez, María Luisa Sánchez Sarmiento, Daniel Ubertone, Alberto Córdoba, Ricardo Sánchez, Carlos González.. Nosotros nos decíamos los nombres. Yo estaba muy compungido, mi señora estaba en el 9 mes de embarazo, mi hijo nace el 7 de junio. Entre las cosas me decían en la tortura era que estaban torturando a mi mujer y que había perdido el hijo, que ella había cantado todo y que mi hijo había muerto. Después por averiguaciones que hizo mi padre pudo saber donde estaba yo detenido.

Mi padre hablo con el capellán del ejercito y esa persona le dijo que hacer. Este capellán le dice que prepare un paquete de ropa y comida, que vaya después de las seis de la tarde y que diga que la guardia anterior ha recibido ropa y comida, así es que entra una persona me dice que yo le mande mi ropa y me entregan la ropa que llevo mi papa. A mi me revientan un oído en la tortura. La camisa tenía sangre y los longazos estaban marcados en la camisa. Así se enteran que estoy allí y vivo. Esto se empieza a producir diariamente, me llevaban ropa y yo les daba la ropa y algo de comida. Hasta que un día me sacan a la noche y me dicen vas a conocer a tu hijo, en un pasillo oscuro veo una mujer y un niño, yo no veía nada, me acerco y era mi mujer, luego me dice mi mujer que atrás de ella había gente apuntándola. Me presenta el bebe, habremos estado 3 o 4 minutos, y me llevaron. Yo estaba en una celda frente a la puerta de entrada, hacia mi derecha estaba Juan Carlos González y más allá estaba María Luisa Sánchez y Alicia Morales y enfrente de ellas estaba Rosa Gómez. Hacia la izquierda enfrente estaba Ricardo Sánchez cuando lo trajeron. Eugenio Paris estaba en algún momento en la celda de enfrente y creo que allí también estuvo Alberto Córdoba. El baño estaba hacia la izquierda.

Vi a la persona que me detuvo y  que me acompaño a todos los interrogatorios, era un hombre de unos 50 años que tenia un mechón canoso, por sobre nombres había uno que le decían el puntano. A muchos de nosotros nos sacaron la venda pasado un tiempo y recuerdo algunos sobrenombres caballo loco, Facundo o Chacho. El mechón blanco se presento un día en el banco de Mendoza, en la fila de cobro, yo lo había ubicado en la fila, faltando unas 5 o 6 personas para llegar al mostrador se retiro, entiendo que allí me reconoce a mi. En otra oportunidad hay otra persona que cuando yo me tomaba un micro y uno de ellos tomaba el mismo micro y se bajaba en Montecaseros y Santa Fe. En otra oportunidad, estando con mis hijas en parque O´Higgins vi a otro. A otros que estuvieron como custodios en los bancos oficiales.

En una oportunidad llego una persona que estaba muy mal y que le hablo a la señora María Luisa, supongo que era su esposo, estaba muy mal, hablaba mal. No creo que haya estado más de un día. No recuerdo el apellido, le hablaba como si fuera su esposo.

Yo no recuerdo personas de fuerzas de seguridad detenidas.

Una persona que fue con nosotros es Garcetti y le vi la espalda color morada o negra como una berenjena. También estaba el hijo mayor del ex gobernador Martínez Baca.

En la U9 de la Plata me visita el juez Guzzo y me indaga y allí yo le digo lo de los apremios ilegales. Le digo lo que me paso. A fines de marzo abril me trasladan a Mendoza y nos hacen un consejo de guerra entre los cuales están algunos integrantes de la causa Luna. En el consejo de guerra estábamos todos los que estuvimos juntos en el D2, Córdoba, Ubertone, Juan Carlos González, Luna, Rosa Gómez, Alicia Morales y la señora Sánchez Sarmiento. El coronel Segura era el presidente, el secretario era Dib y el fiscal era Monjo. Se nos presento una mesa muy extensa con armas de todo calibre y granadas y dijo que se nos acusaba de tenencia de armas, explosivos y afines. Yo dije “ustedes han allanado dos veces mi casa y no había nada” y allí me dijo que nosotros funcionábamos por células y ellos tenían las armas y usted no los tenia pero podría haber accedido a esas armas por lo tanto tener no es solo poseer sino también poder acceder a esas armas.

En el mes de septiembre voy a la cárcel de Sierra chica. Me toca en un pabellón de los más peligrosos, el pabellón 11. Me vuelven a trasladar a La Plata. En La Plata fue muy duro, había oficiales muy jóvenes preparados en esta forma de trato duro. Entonces era bastante difícil la convivencia allí. Teníamos que caminar en los patios, solo había media hora fuera de la celda por día, se les ocurría cada día una cosa distinta, se entraba en las celdas y se castigaba en las celdas. Yo salgo el 2 de diciembre de 1983 de la cárcel de Rawson y llego el 10 de diciembre a Mendoza.

En el banco de Mendoza conocí a todos, Sánchez trabajaba en mayordomía. Enrique García también estaba y era ordenanza.

Cuando se iban teníamos la venda a la mitad de los ojos. Habían distintas guardias unos se hacían los buenos, nos decían en mi podes confiar, otros no. Me hicieron firmar declaraciones vendado, con personas alrededor y me obligaban a firmar, no podía leer lo que firmaba. La amenaza era permanente, me estaban torturando. Me decían firma acá o te volvemos a dar. Me secuestraron como a las 3 de la tarde. Yo vivía en calle Tucumán. Fui trasladado al D2 no recuerdo en que vehiculo. Iban dos personas vestidas de civil. Las audiencias del consejo de guerra se hacían en el comando en calle 9 de julio. Quienes nos interrogaban conocían perfectamente nuestras actividades, tenían incluso grabaciones de las asambleas del banco. Yo advierto la presencia de autos en mi domicilio hay gente que esta en autos, yo voy y hago la denuncia. Muchos de nosotros, sobre todos los varones, nos cuestan reconocer a las vejaciones a las que fuimos sometidos. Nadie puede saber lo que es esto exactamente si no lo ha vivido. En el caso mío quede con los genitales destrozados. La vejación a que fuimos sometidos no se toma dimensión de ella si no se ha vivido una cosa parecida. Es mas creo que las personas por un mecanismo de defensa no quieren escuchar. A nosotros, particularmente a mi me ha costado mucho hablar de esto, creo que mis hijas que están allí sentadas se están enterando en este momento, quizás algunas no lo puedan contar. Yo no me sentía escuchado, después veo que se ha reflejado esto en varias partes de la causa. Cuando se habla de esto es muy difícil. Para muchos de nosotros ha sido muy difícil. Quiero dejar bien aclarado que no quiero que esto pase nunca más, por ninguna circunstancia, esto me paso a mi y por eso he peleado por mas de 30 años por los derechos humanos. El derecho a la integridad física no hay ningún derecho a violar este derecho. Quiero dejar en claro lo qué nos hicieron.

Tengo una vaga idea que había una camioneta que vigilaba mi casa, creo que era una Peugeot de la vieja o un rastrojero. Eran personas de civil las que estaban en ese auto. Eran personas comunes, eran dos hombres.

En el D2 estuve con Vargas, me entere después porque creo que María Luisa Sánchez lo dijo. Yo en el momento no sabia que se llamaba Vargas.

El capellán del ejercito no recuerdo el nombre, ese hombre le dijo que tenia la obligación de recordar la parábola del hijo prodigo y que era su obligación traerme al rebaño si yo había perdido el rumbo.

Respecto de la otra persona que concurre a mi domicilio era rubio, de cara cuadrada, un poco mas bajo que el mechón blanco y mas joven.

Creo que mi familia tramito un habeas corpus.

El consejo de guerra fue en abril del 77, me traen de La Plata. No recuerdo haber visto a alguien en condiciones óptimas en el consejo de guerra. Recuerdo haber visto a Luna muy delgado, a González también.

La sentencia de sobreseimiento estoy casi seguro que si, a mi me sentenciaron a 6 años de prisión en una instancia superior. Las declaraciones siempre dicen lo mismo. Dicen cosas que yo no dije. Cuando el juez Guzzo me visita y allí digo que no ratifico porque fueron obtenidas bajo tortura y allí declaro las torturas. Estoy seguro que en el momento de la tortura había algún medico. Entre cada sesión de tormento se sentía el estetoscopio. Era habitual, por lo menos en el caso mío, que me torturaban y yo sentía que me tomaban con el estetoscopio. Estoy casi seguro que había algún médico. En una sola oportunidad escuche una cuestión algo así como seguí.

En el interrogatorio hablaba una sola persona que reconocíamos como el porteño y en otra oportunidad escuche la voz del mechón blanco que tenia la funcion de tapar la boca con una toalla o por lo menos en mi caso que yo gritaba bastante, estoy seguro que lo hacia él. La realidad se percibe por los sentidos, si pudiéramos tener el testimonio de las voces. En las sesiones de tortura se hacían entre 3 o 4 personas, uno ataba, el otro interrogaba. Estoy seguro que me sacaron una foto en el D2.

Yo era delegado en el banco, yo estaba en la JUP en la universidad en la escuela de teatro, allí buscaban gente siempre. Yo estuve en el colegio Martín Zapata y allí había representantes de todos los colegios, era la dictadura de Lanusse. Mi padre estuvo preso con el plan CONINTES.

La dictadura no pudo ser sin una complicidad civil. Nosotros estando en la cárcel de La Plata nos enteramos que hubo unos 4000 detenidos.

En mi caso en el D2 no podía escuchar el momento de la tortura, pero si luego las quejas de dolor con que regresaban a las celdas. Yo no escuche directamente alguien que lo estuvieran torturando. Solo puedo hablar de mi propia violación. Con el tiempo se que han ocurrido sistemáticamente, pero no escuche que se hicieran en el lugar donde yo estaba. Se que Ricardo Sánchez esta desaparecido. Los otros que estuvieron no. Desde el D2 me llevan en un auto particular, no recuerdo bien y creo que en la parada de calle Boulogne Sur Mer nos suben a un camión, íbamos vendados. En la parada de Boulogne Sur Mer había un vehiculo con gente al cual me subieron a mi, era un camión militar. Respecto de mi mujer que ingreso al D2, ella es recibida por personas de civil y la acompañan al pasillo oscuro y tomo contacto dos minutos con el bebe y ella me cuenta que ella estaba rodeada en lugares donde yo no podía ver. Ella se llama María Inés Platero.

A fs. 1 A es la persona que relate que cuando me reincorporaron al banco de Mendoza, en el colectivo me encontraba con esta persona, yo no recuerdo si es Facundo o Chacho, es Marcelo Rolando Moroy. En la declaración del 2006 ante el juzgado federal dijo que era Facundo.
A fs. 24 es la persona que yo digo que al tiempo estuvo como custodio en el banco de previsión, se llama Miguel Ángel Salinas. En el D2 lo vi, era de las personas que nos acercaban la comida o la ropa, cuando ya no nos torturaban.
A fs. 27 esta persona tenia un actitud de mando en el D2 era como actitud de custodia del lugar. Es Pablo Gutiérrez.
A fs. 28 recuerdo que es la persona que le decíamos el puntano. Estaba en llevar y traer la ropa y la comida. Nos hacían llegar muy poca comida. Se quedaban con una parte. Esta persona hacia eso. Timoteo Rosales Amaya.
A fs. 30 Ricardo Vázquez en las mismas circunstancias que Rosales. Llevaba cosas, abría la puerta.
A fs. 33 esta persona estaba en una actitud de mando, entraba de otra forma. Se llama Alfredo Milagro Castro.
A fs. 59 esta la persona que acompañaba al mechón blanco al momento de mi detención. Es Emilio José Blanco Luna.
A fs. 72 esta la persona que me detuvo, estaba presente en la tortura. Es Manuel Bustos Medina, mechón blanco.
A fs. 76 es una persona que trataba con los presos. Pablo José Gutiérrez Araya.
A fs. 78 es de los de las guardias duras. Antonio Marcos Ochoa Albornoz.

Nos habían puesto micrófonos en las tortuguitas de luz, había varias personas estimo que por seguridad y nos sacaron a todos los que estábamos allí.

El N° 4 del álbum policial Juan Jesús Romero puede haber estado en el D2, estoy casi seguro que lo vi en el D2. No es de las personas que tenía trato diario con nosotros.

Cuando nos sacaron fotos nos llevaron a un lugar mas publico y nos sacaron la venda y recuerdo haber pasado por oficinas donde había mujeres, estimo que seria la parte de identificación y allí vimos varias personas en cuestiones de oficina. Era en el mismo D2 en otra parte. Nos llevaron como que estábamos haciendo un trámite.

El N° 5 del álbum de Fuerza Aérea es Pedro Esteban Jofre y creo que formaba el consejo de guerra.

Mi defensor en el consejo de guerra argumento en una página mi defensa.

A fs. 113 en el libro de desaparecidos esta Ricardo Sánchez.

Cuando estuve en el D2 no podría asegurar que no había un niño o un bebe. En el estado en que estábamos no sabíamos discriminar. No escuche nada sobre Alicia Cora Raboy.

En la declaración que hace ante el Juez Guzzo le muestra las ampollas que tenia en el cuerpo. Me hicieron una revisada medica, el medico de la U9 dice que las marcas que yo tengo en el cuerpo tienen una antigüedad de 8 o 12 meses que es el momento en que a mi me interrogan. A fs. 520 y 821. En la 520 esta el sobreseimiento provisorio y en la 821 es la absolución. Fs. 889 a 896 la condena esta firmada por Roberto Urrutigoity, Julio Soler Miralles y Luis Francisco Miret. A fs. 882 esta el sostenimiento de la apelación de Romano.

En el consejo de guerra yo dije que había sido torturado y lo dije cada vez que me pusieron un micrófono.

Mientras estaba en el pasillo del D2 y a veces como forma de intimidación antes de cruzar la puerta habían gritos y decían ahora te toca a vos, este va a ser boleta y eso paso con Sánchez.

Yo tenía 23 años cuando me detienen. Militaba en la JUP. La causa de mi detención es mi militancia, era la intolerancia a las ideas distintas. Yo participaba en un grupo de teatro. Si el arte no fuera un vehiculo de expansión de conciencia quizás los gobiernos lo apoyarían más. El arte es un vehiculo de toma de conciencia de la realidad. Por eso este gobierno le da al arte el 0,5 del presupuesto provincial. El arte es revolucionario per se, desde siempre. Si no Da Vinci no tendría que haberse escondido para pintar y esculpir músculos. Cuando viene alguien que no quiere que la sociedad sea conciente, persigue al arte.

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